Teodora (en griego: Θεοδώρα, c. 501-28 de junio de 548) fue una emperatriz bizantina y esposa de Justiniano I. Gozó de gran popularidad y poder. Es venerada como santa, junto con su marido, por varias Iglesias ortodoxas, siendo su onomástico el 14 de noviembre. Teodora fue la mujer más influyente y poderosa en la historia del Imperio romano de oriente, al grado que algunas fuentes la mencionan como emperatriz reinante junto con Justiniano I, es decir, como corregente.
Las principales fuentes históricas sobre su vida son las obras de Procopio, contemporáneo suyo, escriba del general Belisario. Sin embargo, el historiador ofreció tres representaciones contradictorias de la emperatriz. En la Historia de las Guerras, la caracteriza como una emperatriz influyente y llena de coraje. Después, escribió la Historia secreta, que no fue publicada en el momento de acabarla. La obra revela a un autor que devino profundamente desilusionado con el emperador Justiniano, la emperatriz e incluso con su patrón Belisario. Justiniano es caracterizado como cruel, corrupto, despilfarrador e incompetente; de Teodora hace un retrato detallado y excitante de vulgaridad y lujuria insaciable, combinado con mal genio, calculada maldad e incluso recalca su pasado como actriz, ocupación relacionada con la prostitución, en varias ocasiones; Procopio incluso clama que ambos eran demonios cuyas cabezas se vieron abandonar sus cuerpos y deambular por el palacio de noche. Sobre los edificios, escrito al mismo tiempo que la Historia secreta, es un panegírico que representa a Justiniano y a Teodora como una pareja pía con tono adulatorio. Además de su piedad, su belleza es excesivamente alabada. Aunque Teodora ya había muerto a la hora de publicar esta obra, Justiniano seguía vivo, y probablemente la encargó.
Su contemporáneo Juan de Éfeso escribe acerca de Teodora en su obra Vidas de los santos orientales. Menciona una hija ilegítima que no nombró Procopio.
Otros historiadores presentan información adicional de su vida. Teófanes el Confesor menciona algunas otras relaciones familiares de Teodora no mencionadas por Procopio.
Miguel el Sirio, en la Crónica de 1234 y Bar-Hebreo sitúan su nacimiento en la ciudad de Daman, en Siria. Contradicen a Procopio haciendo a Teodora la hija de un sacerdote, entrenada en las pías prácticas del monofisismo desde su nacimiento. Estas son fuentes miafisitas tardías que recogen su descripción entre miembros de su credo. Los miafisitas han tendido a considerar a Teodora como uno de los suyos, y puede haber sido inventado como una forma de mejorar su reputación. También entran en conflicto con lo dicho por Juan de Éfeso, contemporáneo miafisita. Estas fuentes suelen ser desestimadas en favor de la versión de Procopio.
Teodora, de acuerdo con Michael Grant, era descendiente de chipriotas. Sin embargo, hay varios indicios acerca de su posible lugar de nacimiento. De acuerdo con Miguel el Sirio, su origen tuvo lugar en Siria; Nicéforo Calixto lo sitúa en Chipre, mientras que Jorge Codinos en Patria defiende que nació en Paflagonia. El origen chipriota de Teodora puede ponerse en duda debido a que, como explica Gibbon (Decadencia de Roma), en aquella época muchas prostitutas procedían de Chipre y por ello la palabra chipriota era equivalente a meretriz.
En cuanto a la fecha, se considera que nació en el 500 d. C. Su padre, Acacio, era un entrenador de osos de la facción Verde en el hipódromo de Constantinopla. Su madre, cuyo nombre no quedó registrado, era bailarina y actriz. Sus padres tuvieron dos hijas más, llamadas Komito y Anastasia. Después de la muerte de su padre, su madre mandó a las hijas llevar guirnaldas al hipódromo y las presentó como suplicantes, siendo acogidas con benevolencia por la facción Azul. Desde entonces Teodora sería seguidora de esta última facción.
La infancia de Teodora fue dura en tanto que vivía junto a su familia en los sótanos del hipódromo de Constantinopla. Tras el fallecimiento de su padre, la madre de Teodora contrajo matrimonio con el hombre que ocuparía el trabajo que desempeñaba su anterior marido, lo que le permitió a ella y a sus hijas seguir viviendo en aquel lugar.
Procopio en su Historia secreta —considerada tendenciosa por la crítica moderna, a diferencia del testimonio de Juan de Éfeso, quien se concentra en enfatizar su redención— relata que Teodora siguió desde muy temprana edad el ejemplo de su hermana Komito y trabajó en un burdel de Constantinopla ofreciéndose a hombres de baja ralea; después se convirtió en actriz.
Lynda Garland en Byzantine empresses: women and power in Byzantium (1999) resalta que parecía haber pocas razones para creer que trabajó en un burdel "dirigido por un proxeneta". Trabajar como actriz en su época en ocasiones incluía "indecentes exhibiciones en el escenario" y otorgar servicios sexuales fuera de él. En lo que Garland llama "sórdido negocio de entretenimiento en la capital", Teodora se ganó la vida mediante una combinación de sus habilidades teatrales y sexuales. Según Procopio, Teodora saltó a la fama con su representación de Leda y el Cisne, donde se desnudaba más allá de lo que la ley permitía, yaciendo en el suelo mientras algunos asistentes le esparcían grano sobre el cuerpo y después una oca lo picoteaba, mientras que ella fingía que la violaba, hasta enseñar más de lo que era legal en la época. Su fama llegaría a propagarse por Constantinopla con gran celeridad.
Durante este tiempo como actriz conoció a la esposa del general Belisario, Antonina, que sería su amiga durante toda la vida. Con 16 años, viajó hasta el Norte de África, como compañera sentimental de un oficial sirio llamado Hecebolo mientras que él se dirigía hacia la Cirenaica para ser el gobernador de Pentápolis. Teodora permaneció con él al menos cuatro años antes de regresar a Constantinopla. Abandonada y maltratada por Hecebolo en el camino de vuelta, permaneció por un tiempo en Alejandría, Egipto. Teodora afirmó que en esa ciudad conoció al patriarca Timoteo III de Alejandría, quien era monofisita, y fue en ese tiempo cuando ella se convirtió al monofisismo. Desde Alejandría se dirigió a Antioquía, donde conoció a una bailarina de la
facción Azul, Macedonia, quien era, quizá, informante de Justiniano I.
Teodora regresó a Constantinopla junto a su hija (no se sabe si esta era hija de Justiniano o de Hecebolo) en el 522 y abandonó su antiguo modo de vida, estableciéndose como hilandera en una casa cerca del palacio. Su belleza, ingenio y su carácter espontáneo y divertido atrajeron la atención de Justiniano, el cual era un joven militar en ese momento de unos 39 años que quiso casarse con ella. Sin embargo, no podía ser: él era el heredero del trono de su tío, Justino I, y la Ley Romana de la época de Constantino I evitaba el matrimonio de actrices con oficiales gubernamentales. Eufemia, esposa de Justino I, a quien le caía bien Justiniano y nunca le negaba nada, estuvo en contra de este matrimonio con una simple actriz. Sin embargo, Justino le tenía mucho cariño a Teodora. En el 525, cuando Eufemia murió, Justino eliminó esa ley, y Justiniano pudo casarse con Teodora, teniendo esta unos veintisiete años, siendo el patriarca de la ciudad Epifanio. En este momento, ella ya tenía una hija cuyo nombre se ha perdido. A pesar de la maternidad, sus muchos excesos y penosos viajes continuaba conservando una gran belleza. Aparentemente, Justiniano trató a esta hija y al hijo de la misma Atanasio como plenamente legítimos, aunque algunas fuentes no se ponen de acuerdo acerca de si Justiniano era realmente el padre de la chica.
Teodora sería coronada como emperatriz a los cuatro años de haber contraído nupcias con Justiniano.
Teodora se probó a sí misma como una valiosa y apta gobernante durante los Disturbios de Niká. Había dos facciones políticas en el Imperio, los Azules y los Verdes, quienes comenzaron un disturbio en enero de 532 durante una carrera de carros en el hipódromo. El disturbio provenía de muchas quejas, algunas acerca de las propias acciones de Justiniano y Teodora. De los distintos partidos o grupos que competían en el estadio bajo distintos colores, Teodora siempre recordó que ella y sus hermanas fueron rechazadas por el partido de los "verdes" (los cuales tampoco quisieron dar a su padrasto el puesto de adiestrador de osos), mientras que los "azules" las aceptaron en sus filas1. Los agitadores, con toda probabilidad "verdes", prendieron fuego a muchos edificios públicos, incluyendo la iglesia de Hagia Sofia, y proclamaron un nuevo emperador, Hipatio, el sobrino del anterior emperador Anastasio I. Incapaz de controlar a las masas, Justiniano y sus oficiales se prepararon para huir. En un encuentro del consejo gubernamental, Teodora criticó la huida del palacio y subrayó el significado de alguien que muere como regente a pesar de vivir como exiliado o escondido, diciendo que "la púrpura es una excelente mortaja", significando esta frase que es mejor morir como un emperador que lucha para defender y conservar su trono en lugar de huir asustado y vivir en el exilio.