Tenerife es una isla española situada en el océano Atlántico, perteneciente a la comunidad autónoma de Canarias. Junto con La Palma, La Gomera y El Hierro, constituye la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Con una superficie de 2034,38 km², una altitud máxima de 3715 metros y una población de 972 018 habitantes (2026), es la isla más extensa, elevada y poblada del archipiélago canario y de toda la región de la Macaronesia. Asimismo, es la segunda isla más grande y poblada de España, después de Mallorca, y la segunda isla más extensa del continente africano, solo por detrás de Madagascar.
La ciudad de Santa Cruz de Tenerife es la capital de la isla y de la provincia homónima, así como su municipio más poblado, con 211 436 habitantes (INE 2024). Además la ciudad es, capital de la comunidad autónoma de Canarias, compartiendo ese estatus con Las Palmas de Gran Canaria. A pesar de esto, entre 1833 y 1927 Santa Cruz de Tenerife fue oficialmente la única capital del archipiélago canario, hasta que en 1927 un decreto ordenó que la capitalidad de Canarias fuera compartida, que es como permanece actualmente. El segundo municipio por número de habitantes de la isla, y tercero de Canarias, con 160 258 habitantes (INE 2024), es San Cristóbal de La Laguna, cuyo casco histórico es Patrimonio de la Humanidad. El área metropolitana de Santa Cruz de Tenerife tiene una población de más de 400 000 habitantes.
La isla posee otro lugar catalogado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, el parque nacional del Teide, el cual es el más visitado de España y uno de los más visitados del mundo. En él se encuentra la máxima elevación de España y tercer volcán más grande del mundo desde su base en el lecho oceánico, el Teide. Por su parte, el macizo de Anaga, por su riqueza natural y etnográfica, fue catalogado como reserva de la biosfera, también por la Unesco, el 9 de junio de 2015.
De gran importancia es el carnaval de Santa Cruz de Tenerife, declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional y considerado como uno de los de mayor relevancia a nivel mundial. Además, la isla posee una variada arquitectura, destacando entre ella la colonial y la contemporánea, cuyo máximo exponente es el moderno edificio del auditorio de Tenerife, situado en Santa Cruz de Tenerife. La isla también es conocida por ser un gran destino turístico, ya que recibe a más de seis millones de turistas cada año, siendo, por lo tanto, el principal destino turístico del archipiélago canario, así como uno de los más importantes de España y del mundo.
Son diversos los nombres que las distintas culturas han atribuido a Tenerife a lo largo de la historia. Así, por ejemplo, para los nativos guanches la isla recibía el nombre de Achinech, aunque en función de la bibliografía que se consulte la nómina puede adquirir diferentes variaciones ortográficas como Achineche, Chinechi o Chinet. Según el filólogo Ignacio Reyes la forma primitiva sería (w)a-zenzen con el valor de 'resonancia, zumbido, retumbo', mientras que para el profesor Juan Álvarez Delgado Achinech −at-ti-ney− sería «una expresión cariñosa o afectiva» que traduce como 'he aquí la mía' o 'la mía', 'mi tierra'.
Las descripciones romanas de las islas Afortunadas como la de Plinio el Viejo en su obra Naturalis Historia, incluían una isla llamada Nivaria o Ninguaria (del latín nix, nivis, 'nieve'), que se cree hace referencia a las nieves que suelen cubrir el volcán Teide.
Los mapas portulanos de los siglos XIV y XV suelen designar a la isla como Insula del'inferno, 'isla del Infierno', probablemente debido a los procesos eruptivos de los que el volcán era protagonista.
Según los primeros historiadores de la isla como fray Alonso de Espinosa o Leonardo Torriani, el vocablo «Tenerife» fue adoptado por los castellanos desde el nombre que utilizaban los aborígenes de La Palma para referirse a la misma. Esta provendría de los términos tener, 'nieve', y fe, 'monte', siendo traducido como 'monte de nieve' o 'monte nevado' haciendo referencia al pico del Teide. La mención escrita más antigua conocida del término «Tenerife» es en la forma Tenerefiz y data de alrededor de 1350, en una obra literaria titulada Libro del Conoscimiento. Sin embargo, a lo largo de la historia se han dado otras explicaciones para desvelar el origen del nombre de la isla. Así por ejemplo, los historiadores del siglo XVII Juan Núñez de la Peña y Tomás Arias Marín de Cubas, entre otros, supusieron que podría provenir del legendario rey guanche Tinerfe apodado el Grande, quien gobernó toda la isla en tiempos anteriores a la conquista por parte de Castilla.
El gentilicio formal es tinerfeño, -a, aunque también de manera coloquial se utiliza la denominación chicharrero, -a. Sin embargo, este último es propio de los habitantes de la capital, Santa Cruz de Tenerife.
El gentilicio chicharrero, -a procede de un término despectivo empleado por los habitantes de la cercana ciudad de La Laguna, entonces capital de la isla, para los habitantes del entonces pobre y pequeño puerto de pescadores. Justamente por dicha pobreza, los habitantes de Santa Cruz debían conformarse con comer chicharros, un pescado pequeño y barato de relativa baja calidad; de donde procede el término. Con el tiempo y el crecimiento de Santa Cruz, hasta conseguir el traslado de la capitalidad desde La Laguna, bajo el reinado de Fernando VII (siglo XIX), sus ciudadanos tomaron el insulto a honra y asumieron como propio el gentilicio.
Existen diferentes lugares en el mundo que comparten con esta isla el topónimo de Tenerife, en su mayoría por la presencia de isleños en esos lugares. También la isla ha dado nombre a lugares situados incluso fuera de la Tierra:
Tenerife es una isla en gran parte muy abrupta, de relieve formado por sucesivas erupciones volcánicas a lo largo de la historia, la más reciente de las cuales fue la del Chinyero en 1909.
La isla está situada entre los paralelos 28° y 29° N y los meridianos 16.º y 17.º O, ligeramente al norte del trópico de Cáncer, ocupando una posición central entre Gran Canaria, La Gomera y La Palma. Se encuentra a algo más de 300 km del continente africano, y a unos 1000 km de la península ibérica.
De forma triangular, Tenerife es la segunda isla más grande de España (por detrás de Mallorca) y la mayor de la provincia de Santa Cruz de Tenerife y del archipiélago canario en su conjunto, con una superficie de 2034,38 km². Asimismo es la que más longitud de costa tiene con 342 kilómetros. Tenerife es la isla más alta de España y la décima isla más alta de todo el mundo: en su centro se alza el pico del Teide, que con sus 3718 m sobre el nivel del mar representa a su vez el punto más elevado de toda España, de las islas del océano Atlántico y el tercer volcán más grande del mundo desde su base en el lecho oceánico, solo superado en este sentido por el Mauna Kea y el Mauna Loa (ambos en el archipiélago de Hawái). Tiene hasta doscientos pequeños islotes o roques a su alrededor, entre los que destacan los de Anaga, Garachico, Fasnia que suman un total de 213 835 m² más. Tenerife es también la isla más grande de la región macaronésica y la tercera del continente africano (por detrás de Madagascar y Socotora).
Tenerife es una isla de origen volcánico, cuya formación comenzó a gestarse en el fondo oceánico hace unos 20-50 millones de años.
Según una de las teorías más aceptadas actualmente por la comunidad científica (Teoría de los bloques levantados), el ascenso de magma procedente del manto terrestre se produce en periodos de actividad tectónica a partir de fallas o fracturas que existen en el fondo oceánico. Estas siguen los ejes estructurales de la isla, y se conformaron durante la orogenia Alpina de la Era Terciaria por el movimiento de la placa Africana. Estas erupciones de tipo fisural submarino originan las denominadas lavas almohadilladas o pillow-lavas, que se producen por el rápido enfriamiento que experimenta el magma al establecer contacto con el agua, obteniendo así una forma muy característica. Estos materiales se fueron acumulando y construyendo el edificio insular bajo el mar. A medida que este se aproximaba a la superficie, los gases, debido a la disminución de la presión circundante, se iban liberando del magma y los episodios vulcanológicos pasaban de ser tranquilos a tener un carácter marcadamente explosivo, formando materiales fragmentarios.