Temuco es una ciudad de la zona sur de Chile, capital de la provincia de Cautín y de la Región de La Araucanía. Fue fundada como fuerte en 1881 por Manuel Recabarren Rencoret debido principalmente a su ubicación estratégica en el valle central de la región. La ciudad se encuentra ubicada entre 619 y 675 kilómetros en línea recta y en ruta respectivamente al sur de Santiago de Chile, La comuna de Temuco cuenta, según el censo de 2017, con una población de 282.415 habitantes, la cual forma junto a Padre Las Casas la conurbación llamada Gran Temuco, conformada en total por 358.541 habitantes aproximadamente, siendo el área metropolitana más poblada del sur del país. Sin embargo, la proyección para 2024 es de 309.696 habitantes. Además, el área metropolitana de Temuco, que incluye a Padre Las Casas, alcanza los 410.599 habitantes.
En su radio urbano, cuenta con uno de los espacios naturales protegidos más emblemáticos de la región, el Monumento Natural Cerro Ñielol, ubicado a diez cuadras de la Plaza de Armas, donde se pueden apreciar vestigios de los bosques originales del valle central de La Araucanía chilena.
El nombre de la ciudad procede de Temuko, que es un término en mapudungun que significa "agua de Temu". "Temu", es el nombre común mapuche de dos especies arbóreas de la familia de las mirtáceas, nativos de Chile, Luma apiculata (Arrayán) y Blepharocalyx cruckshanksii. Ambas especies se caracterizan por su corteza rojiza anaranjada en su estado adulto y por presentar frutos y hojas aromáticas comúnmente utilizadas en la medicina tradicional mapuche. Mientras para Blepharocalyx cruckshanksii aún no se determina su estado de conservación, Luma apiculata es relativamente común y, en Temuco, se puede observar tanto en el Monumento Natural Cerro Ñielol en su estado natural así como también de forma ornamental en parques, jardines y veredas de la ciudad.
La división del Ejército Chileno a cargo del ministro Recabarren, había llegado al paso del Cautín al atardecer del 23 de febrero de 1881. Era una bonita y pintoresca situación, al frente de una extensa y exuberante montaña. Se presentaba al norte una hermosa y fértil llanura, donde remataba la cordillera de Ñielol y frente a los cerros sagrados del Conun-Huenu. Al este corría, majestuosamente, el río Cautín y al suroeste el estero Pichicautin. Era un bosque de robles seculares, y la vega del río estaba cubierta de la más hermosa selva virgen. La división acampó, pues, en este lugar, que los mapuches denominaban Temuco (Agua de Temo), que ocupa el sitio preciso en que ahora se encuentra el Museo Nacional Ferroviario.
Mientras el convoy preparaba el alojamiento, el ministro Manuel Recabarren, acompañado de algunos jefe y parte de la tropa, avanzó hasta el estero Temuco, en donde lo esperaba el cacique general, el lonko Venancio Coñuepan, con los lonko de su witralmapu y los conas que obedecían a aquellos jefes mapuche. Recabarren había anunciado su visita a aquellos lonko amigos e iba hacia ellos a saludarlos. Montado en un brioso caballo castaño de sobrepaso, el ministro preguntó en voz alta por el cacique general. Avanzó Venancio Coñuepan y el jefe expedicionario y el lonco mapuche se estrecharon las manos. Recabarren expresó a Coñuepan que tenía el propósito de fundar un fuerte en la unión del río Cautín con el estero Temuco, pero fue informado de que el río y el estero no se juntaban. En la entrevista, quedó acordada para el día siguiente la celebración de un amplio parlamento, durante el cual los mapuches deseaban hacer sus observaciones por el avance de las fronteras.
A la mañana siguiente, entre espesa neblina, se procedió a reconocer los sitios vecinos y a elegir el punto más adecuado para la fundación del fuerte que sería el término de la campaña. El ingeniero Teodoro Schmidt con un piquete de 20 soldados avanzó hasta encontrar una roblería rala, que fue considerada como el punto más conveniente para la fortificación. A ese claro de bosque los mapuches denominaban "Huapi", es decir, la isla. En la tarde de ese día se procedió a delinear el terreno.
Mientras tanto, al campamento se presentaban los lonko de los mapuches de esa región, considerados pacíficos y amigos del Gobierno, a conferenciar con el ministro Recabarren. Entre ellos se encontraba Venancio Coñuepan, cacique general; Francisco Paillal, que era su teniente; el lonko Painevilo y otros. Lo acompañaban 1000 mocetones a caballo.
La tropa expedicionaria, mientras duró la conferencia, quedó sobre las armas y haciendo ejercicios. El parlamento duró más de tres horas. Durante ella los mapuches pidieron a Recabarren, que no fundase pueblo y no pasase más adelante. Hicieron presente el recelo que les infundiría el establecimiento del fuerte, que para ellos significaba la pérdida de sus terrenos y la sumisión a las leyes, cuyo significado ignoraban. Los mapuches no pudieron conseguir su objeto, quedando, en consecuencia, pendiente el desacuerdo. El lonko Venancio Coñuepan había hecho presente al ministro Recabarren que todo su witralmapu estaba compuesto por mapuche de paz, que sus antepasados eran amigos del Gobierno desde los tiempos de la Independencia y que en todos los parlamentos Cornelio Saavedra les había prometido no fundar pueblos en sus dominios.
El ministro Recabarren le replicó que ese sería el último fuerte que se fundaría y que su establecimiento era conveniente para cortar el paso a las tribus arribanas, enemigas del Gobierno y de ellos mismos. El desacuerdo quedaba pendiente en virtud de la resistencia de algunos lonko, entre los cuales se encontraban Lienan y Huete Rucan, los dueños precisamente de los terrenos ocupados.
Al terminar el parlamento, las tropas hicieron una serie de evoluciones y ejercicios y se hizo funcionar las ametralladoras en dirección al cerro Ñielol. Los mapuches miraron estupefactos la demostración, mientras se les advertía, intencionalmente, que esas eran las armas que habían vencido al Perú.
El fuerte de Temuco fue fundado el 24 de febrero de 1881 y sus fundadores fueron Manuel Recabarren ministro del Interior, y aquella fuerza expedicionaria a sus órdenes. Junto a él estaban: el general Gregorio Urrutia, veterano soldado de la Araucanía y el mejor conocedor del lugar y junto a ellos el cirujano Pedro Barrios, primer médico de la ciudad el Ingeniero Teodoro Schmidt, junto a los soldados muchas leales mujeres que quisieron compartir junto a sus compañeros los azares de la jornada: eran las queridas cantineras o como les llamaban entonces “las camaradas”.
Asediados por los mapuches, quienes hostigaban a los ocupantes mediante malones, incursiones rápidas de ataque y saqueo, que incluían el rapto de mujeres y el robo de ganado.
En ese ambiente y después de un duro invierno de frío y lluvia, con cielos color gris, lejanía, miedo y resolución, los chilenos sabían que se preparaba el último desquite y al amanecer del 3 de noviembre llegaron las noticias de la gran última rebelión que recorría los campos rodeando los fuertes cercanos y el día 5 Temuco amaneció rodeado de 1800 lanzas amenazantes que al mando de Marinao estaban bloqueando el fuerte para impedir que se enviasen refuerzos a otros sitios.
Al fin llegaba el momento y decididos a todo, los chilenos salieron resueltos a romper el cerco, el día 10 un cuerpo armado al mando de José Manuel Garzo rompía el cerco en temible carga de caballería y salía hacia el norte.
En estas circunstancias, la guarnición recibió la ayuda de algunos indios amigos, Venancio Coñuepán y el cacique Antonio Painemal que se unieron a los sitiados y salieron en persecución de los rebeldes. Eran cien indígenas que junto a cien soldados del Bio Bio hicieron una campeada contra las reducciones de Cholchol, Ranquilco y Cudihue. En esta salida recuperaron 800 vacunos y otras tantas ovejas.
En noviembre de 1883 tuvo lugar el último ataque mapuche al fuerte de Temuco, en el que los mapuches intentaron una emboscada y fueron derrotados. El fortalecimiento urbano significó la instalación definitiva en la zona y la conexión de la Zona Central tradicional con la población existente más al sur, particularmente Valdivia y Osorno.