Telmo Zarraonandia Montoya (Erandio, 20 de enero de 1921-Bilbao, 23 de febrero de 2006), conocido como Zarra, fue un futbolista español que desarrolló toda su carrera profesional en el Athletic Club, de la Primera División de España, donde formó parte de la «segunda delantera histórica» del club, que encabezó junto a Iriondo, Venancio, Panizo y Gainza.
Prolífico goleador, fue el máximo anotador de la historia de la Primera División de España durante más de 60 años, con 251 goles. En 2026, sigue siendo el máximo goleador del Campeonato de España de Fútbol (Copa) con 81 tantos y del Athletic Club con 335 goles. También ha ganado el trofeo Pichichi al máximo goleador de la Primera División en seis ocasiones, siendo el segundo jugador con más galardones, sólo por detrás de Lionel Messi. Su especialidad eran los remates de cabeza, que le hicieron famoso en toda Europa. Tal era así, que antes de jugar un partido en Estocolmo (Suecia) con la selección española, la ciudad estaba plagada de carteles en los que se podía leer: «Zarra: ¡La mejor cabeza de Europa después de Churchill!». Su gol más recordado fue el que marcó a la selección de Inglaterra en la Copa Mundial de Fútbol de 1950, que clasificó a España entre las cuatro mejores selecciones del mundo por primera vez en su historia. Jugó veinte partidos con la selección, anotando otros tantos goles.
Debido a su especial repercusión, goles, logros y trayectoria, en el año 2016 fue declarado decano del salón de la fama del fútbol, de manera póstuma.
Telmo Zarraonandia Montoya nació el 20 de enero de 1921 en la estación de ferrocarril de Asúa, en Erandio (Vizcaya). Su apellido en euskera se divide en tres partes: zarra (de zaharra, viejo), on (de ona, bueno) y andia (de handia, grande). Era hijo de Pedro Telmo Zarraonandia Barturen Oñarte-Sagasti Zabala, jefe de dicha estación, y de Tomasa Águeda Montoya Salazar Barron Ruiz de Austri, de origen alavés. De familia numerosa, era el séptimo de diez hermanos, cinco de ellos varones. En su niñez solía jugar al fútbol como cualquier otro niño del barrio. Por aquel entonces se hacía muy complicado conseguir un balón y los niños se las arreglaban jugando con pelotas improvisadas o caseras, pero Zarra pudo disfrutar de un balón en condiciones gracias a que dos de sus hermanos jugaban a fútbol: Tomás, el mayor, que jugaba en Primera División con el Arenas de Guecho (y posteriormente con el Real Oviedo y Osasuna) y Domingo, quien falleció poco después en la Guerra Civil. Al igual que sus hermanos, él también se interesó por el fútbol y comenzó a practicarlo en varios clubes de la zona como el Asúa o el Pitaberetxe. También solía ir a entrenar todos los días con su hermano Tomás al campo del Apurtuarte, en Erandio. Sin embargo, a su padre no le hacía ninguna gracia que otro hijo suyo se dedicase a «ese juego», por lo que solía esconderle las zapatillas para evitar que fuese a entrenar, pero él siempre las encontraba y se salía con la suya. En aquellos tiempos se consideraba aficionado del Arenas porque era el equipo en el que militaba su hermano, al que iba a ver jugar todos los partidos. Aparte de Tomás, su mayor ídolo era Isidro Lángara, profílico goleador del Oviedo que además compartió vestuario con su hermano.
El ariete firmó su primer contrato con el Erandio Club, equipo al que se incorporó en la temporada 1938-39. Sus comienzos en el club blanquiazul fueron algo controvertidos, pues acostumbrado a jugar con alpargatas, no sabía chutar con botas de fútbol y le llevó algún tiempo acostumbrarse a ellas. Una vez solventado este problema, empezó a destacar en el equipo y le quitó el puesto a Aldazabal, el delantero centro titular. Al año siguiente se retomaron las ligas nacionales, suspendidas años atrás por la guerra, y Zarra debutó en la Segunda División de España con el Erandio; marcó diez goles en trece partidos. Más tarde, fue convocado por la selección de Vizcaya para jugar un partido amistoso frente a su homónima de Guipúzcoa, en el que se exhibió marcando siete de los nueve goles de su equipo. Esto llamó la atención del Athletic Club, que en ese momento se encontraba buscando jugadores para rehacer el equipo tras la Guerra Civil, y en la temporada 1940-41 lo incorporó a su plantilla. Anecdóticamente, Zarra había aceptado también la oferta del Barakaldo C. F. que llegó antes que la del Athletic, y fue su hermano mayor, Tomás, quien se encargó de resolver el conflicto a favor de los bilbaínos.
Etapa profesional y primeros éxitos
Telmo Zarra debutó con el Athletic Club el 29 de septiembre de 1940, en un partido de liga frente al Valencia C. F. en Mestalla en el que marcó dos goles (decisivos para lograr un empate), el primero a los diecisiete minutos de haber debutado. Sin embargo, su primer año no fue sencillo, pues tuvo que disputarse la titularidad con el veterano Unamuno, uno de los últimos supervivientes del equipo anterior a la guerra. Este aún era un equipo de circunstancias hecho para “salir del paso” tras la guerra, pero a partir de la temporada 1941-42 el entrenador, Juan Urquizu, llevó a cabo un relevo generacional en el que Zarra y otros jóvenes jugadores como Gainza, Panizo, Iriondo, Nando o el portero Echevarría comenzaron a hacerse con los mandos del equipo. Al final de esa campaña, el ariete vivió lo que para él fue una de las mayores decepciones de su carrera deportiva: el Athletic disputaba frente al F. C. Barcelona la final de la Copa del Generalísimo y, durante la prórroga, Zarra se quedó solo ante el guardameta Miró y tuvo la oportunidad de marcar el gol de la victoria, pero erró el tiro. Por el contrario, el F. C. Barcelona sí aprovechó su oportunidad para sentenciar el encuentro y se alzó con el título.
Durante la temporada de 1942-43 dejó temporalmente el Athletic para cumplir así con el servicio militar obligatorio. El erandiotarra fue destinado a la plaza de Ceuta, con cuyo equipo jugó algunos partidos. Varias semanas después fue trasladado a la base militar de Zorroza, en Bilbao, y tras realizar el club algunas gestiones, pudo volver a jugar el 2 de mayo de 1943, en un partido de Copa frente al Barakaldo C. F.. Esa campaña fue una de las más importantes, tanto para Zarra como para el Athletic, pues supuso la consecución de un nuevo doblete de Liga y Copa. En la final copera los rojiblancos se enfrentaron al Real Madrid tras haber eliminado a equipos como el Atlético de Madrid o el Valencia C. F. y, en esa ocasión, el ariete pudo resarcirse del fallo cometido un año atrás mancando el único gol del partido que dio el título a su equipo.
La primera lesión seria le llegó en la temporada 1943-44 cuando, durante un partido contra el F. C. Barcelona, se fracturó la clavícula y estuvo un tiempo sin poder jugar. Una vez recuperado, pudo volver a los terrenos de juego y celebrar junto a su equipo un nuevo título de Copa, en esta ocasión frente al Valencia C. F. con el resultado final de 2-0. Zarra abrió el marcador en el minuto 29 para que después Escudero dejara el partido sentenciado antes de concluir el primer tiempo. Al año siguiente, ambos equipos se enfrentaron de nuevo en la final y, en el minuto 86, hubo un barullo entre jugadores de ambos conjuntos en el que Zarra acabó expulsado, lo que le supuso un gran disgusto; esa fue la primera y única vez que el ariete vio una tarjeta roja en toda su carrera. Según el de Erandio, todo se debió a un malentendido. Finalmente el Athletic se llevó el título copero gracias al gol de Iriondo que puso el 3-2 en el marcador.
Zarra vivía los mejores momentos de su carrera deportiva y en esa misma temporada 1944-45 obtuvo su primer Trofeo Pichichi al marcar 20 goles en 26 partidos. En años posteriores volvió a ganar este premio en otras cinco ocasiones (1946, 1947, 1950, 1951 y 1953), logrando así un récord que pudo mantener durante 67 años, hasta que en 2020 fue superado por Lionel Messi. El 28 de mayo de 1950 volvió a disputar una final de Copa, esta vez frente al Real Valladolid. El de Erandio inauguró el marcador en el minuto 14 pero el conjunto pucelano logró empatar justo antes del final. Ya en la prórroga, Zarra se exhibió marcando un hat trick que proclamó al Athletic vencedor del campeonato y, al mismo tiempo, batió el récord de goles en una final de Copa que aún en 2026 conserva. Posteriormente, disputó la final de la Copa Eva Duarte (precedente oficial de la Supercopa) frente al Atlético de Madrid en Chamartín que terminó con el resultado de empate a cinco tras la prórroga. Al no haber penaltis, se jugó un partido de desempate en el que el Athletic se impuso por 2-0, ambos marcados por Zarra.