Tarento (en italiano: Taranto) es una ciudad del sur de Italia, en la región de Apulia. Ubicada a orillas del mar Jónico, en el istmo de la península salentina, da nombre al golfo de Tarento. El casco antiguo de la ciudad se sitúa en una pequeña isla entre el Mediterráneo y el mare Piccolo, una bahía casi cerrada. Fue fundada en el año 706 a. C. con el nombre de Taras.
Es capital de la provincia de Tarento. Actualmente, según cifras oficiales, cuenta con una población aproximada de 184.653 habitantes (31-05-2026), y tiene un área de 217 km². Sede de un gran puerto industrial y comercial, y de un arsenal de la Marina Militar Italiana, alberga un importante centro industrial con bases siderúrgicas (el mayor centro siderúrgico de Europa), petroquímicas y astilleros navales.
El español recibe el nombre de Tarento. En italiano el topónimo es Taranto (léase "Táranto"). En griego antiguo Τάρας / Táras y en latín Tarentum.
Colonia griega con el nombre de Taras o Tarantos, dio su nombre al golfo donde se situó (golfo de Tarento). Fue fundada hacia el 706 a. C. por colonos dorios, como la única colonia espartana, con poca diferencia de tiempo con la fundación de las colonias de Sibaris y Crotona.
Los colonos eran jóvenes que habían nacido durante la primera guerra mesenia y sobre cuyos orígenes existían dudas; intentaron una revolución en Esparta que fracasó y decidieron emigrar dirigidos por Falanto. Se les conocía con el nombre de partenias (latín parthenii), hijos de mujeres espartanas solteras y perioikoi (hombres libres, pero sin ciudadanía espartana).
Tarento era probablemente entonces una población nativa, cuyo nombre fue adoptado por los colonos, y probablemente era el mismo nombre que el actual río Taras, si bien los griegos atribuyeron el nombre al héroe legendario Taras, supuesto hijo de Poseidón y de una ninfa de la región. Con el tiempo, Taras fue objeto de culto y también Falanto, y las dos figuras llegaron a confundirse.
Como su puerto era el único del golfo de un tamaño aceptable y la ciudad estaba muy bien situada geográfica y estratégicamente, se convirtió en un gran emporio comercial, en una de las principales polis de la Magna Grecia, y muy próspera, a pesar de que sus tierras no eran muy fértiles, pero con muchos olivos y viñas.
Los tarentinos extendieron sus dominios sobre las tierras vecinas y se enfrentaron con los pobladores yapigios autóctonos, con nativos del interior, los mesapios y los peucetios, a los que derrotaron en repetidas ocasiones y se apoderaron de sus ciudades.
Hasta que un día del 473 a. C., los tarentinos, que combatían junto con tropas de Regio, fueron derrotadas severamente por los mesapios, y cayó el gobierno aristocrático (un rey a la manera de Esparta) y se impuso una democracia.
Más tarde se opuso a que la colonia panhelénica de Turios dominase el territorio de Siritis, cosa extraña ya que este estaba separado del territorio de Tarento por el de Metaponto. Como los habitantes de Turios no cejaron en su empeño, estalló la guerra y Turios contó con la ayuda del exiliado espartano Cleándridas. Al final se llegó a un acuerdo por el cual en el territorio disputado se creó una nueva colonia conjunta llamada Heraclea (432 a. C.), que a pesar de ser común a ambas ciudades, sería considerada únicamente colonia de Tarento.
Durante la expedición a Sicilia de los atenienses, los tarentinos se negaron a proporcionar avituallamiento y asistencia a la flota expedicionaria, si bien sí que proveyeron a los barcos corintios y lacedemonios.
Durante el siglo IV a. C., la paz y la prosperidad fue general. El gobierno fue influido o ejercido por Arquitas, filósofo pitagórico, que fue estratego al menos siete veces y salió triunfante en sus batallas, seguramente contra los mesapios (hacia 380-360 a. C.)
Los tiempos de paz terminaron cuando se inició la guerra contra los lucanos. Arquidamo III, rey de Esparta, dirigió una expedición a Italia hacia el 346 a. C. Lo único que se sabe de esta expedición, que duró unos años, es que acabó con una derrota hacia el 338 a. C. en Manduria, a unos 40 km de Tarento, en la que murió. Fue una victoria conjunta de los lucanos y de los mesapios, lo que propició la alianza posterior entre ambos pueblos.
En el 332 a. C., Alejandro rey de los molosos del reino de Epiro, fue invitado por los tarentinos a sumarse en la lucha contra los mesapios, y estuvo batallando en la zona hasta el 326 a. C.; primero derrotó a los mesapios y les obligó a firmar la paz, y después combatió a los lucanos y a los brutios. Los lucanos y los samnitas fueron derrotados en una gran batalla cerca de Paestum, y Alejandro penetró en el corazón del territorio de Bruttium. Pero enemistado con los tarentinos se volvió contra ellos y ocupó Heraclea y planeó transferir la sede del congreso de las ciudades griegas de la Magna Grecia (que estaba en Heraclea) a una ciudad en territorio de Turios, junto al río Acalandros, pero murió en el 326 a. C. antes de llevarlo a término.
En el 326 a. C., Tarento prometió ayudar a Nápoles contra Roma, pero nunca lo cumplió y se limitó a incitar a los lucanos contra Roma. En el 321 a. C., los tarentinos hicieron de mediadores entre romanos y samnitas y amenazaron con la guerra al bando que no detuviera las hostilitades, amenaza que no se materializó.
En el 303 a. C., hicieron un tratado por el cual se estableció que los romanos no podrían traspasar el Cabo Lacinio, pero los romanos violaron el acuerdo en el 302 a. C., cuando una flota dirigida por L. Cornelius irrumpió en el golfo de Tarento para aportar ayuda a Turios, y estuvo a la vista de la ciudad tarentina.
En el 303 a. C., los tarentinos tuvieron que solicitar ayuda a los espartanos. Un ejército mercenarios dirigido por Cleónimo, tío del rey de Esparta llegó a Tarento. Los lucanos y mesapios pidieron la paz; pero Cleónimo se enemistó con los tarentinos por su arrogancia y su lujuria, por lo que estos solicitaron asistencia a Agatocles, que según parece no se la prestó, dado que era aliado de los yapigios y los peucetios.
Los romanos ayudaron a Turios contra los lucanos en el 283 a. C., durante la cuarta guerra samnita. Los tarentinos atacaron a la flota romana y hundieron cuatro naves y capturaron una. A continuación atacaron a Turios, con la excusa de que habían llamado a los romanos, y ocuparon la ciudad y expulsaron a la guarnición romana. Roma envió embajadores para exigir explicaciones, pero las peticiones romanas fueron rechazadas y la embajada romana fue maltratada. Roma les declaró la guerra en el 281 a. C., guerra que se condujo con poca energía.