Ana Luciano Divis, conocida como Tania (Toledo, España, 13 de octubre de 1908- Buenos Aires, Argentina, 17 de febrero de 1999), fue una actriz y cantante de tango española que realizó la mayor parte de su carrera en Argentina.
Inició su carrera a temprana edad realizando pequeñas giras a lo largo de Valencia. A los 18 años, recorrió diversas zonas de España con su propia compañía de varietés bajo el seudónimo de «La Lucianito». En 1924, integró la Troupe Ibérica de Raquel Meller, con la cual actuó en Francia, Brasil, Uruguay y finalmente en Buenos Aires, donde se radicó definitivamente. Mientras se desempeñaba como cancionista en cabarés, conoció al compositor Enrique Santos Discépolo, con quien mantuvo una larga relación sentimental. Bajo su dirección, fue protagonista de obras de teatro como Wunder Bar (1932) y Winter Garden (1935); paralelamente desarrolló una breve carrera cinematográfica en películas como El pobre Pérez (1937), Cuatro corazones (1939) y Caprichosa y millonaria (1940).
Realizó giras a lo largo de Europa y América Latina, y su participación en Blum entre 1949 y 1951 tuvo un notable éxito. Tras la muerte de Discépolo en 1951, el resto de sus actuaciones permaneció ligada a su nombre e incluso llegó a inaugurar un local a modo de homenaje, «Cambalache», donde efectuó presentaciones como cantante desde los años de 1960. A partir de la década de 1970, comenzó a incursionar activamente en teatro y televisión, especialmente en el ciclo Botica de Tango. Hacia el final de su vida fue objeto de múltiples reconocimientos. En 1989 fue declarada Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y en 1993, recibió la Orden de Isabel la Católica por parte del rey Juan Carlos I. Poco antes de su muerte, había sido designada Personalidad Emérita de la Cultura Argentina.
Ana Luciano Divis nació en la ciudad española de Toledo el 13 de octubre de 1908, aunque otras fuentes señalan como su año de nacimiento 1893 o 1900. Fue la menor de los cuatro hijos de Amalio Luciano y Carmen Divis; sus otros hermanos fueron Isabel, Carmen y Amalio. Su padre, de origen andaluz, era un militar devenido en teniente general que ejercía además como director de la Banda Musical de Toledo. Cuando Ana tenía dos años, la familia se trasladó a Valencia, donde inició sus estudios en canto y castañuelas. Tras la temprana muerte de su padre, comenzó a actuar en teatro y fue así como formó parte de grupos infantiles que ejecutaban versos y zarzuelas en su escuela. Ahí definió su seudónimo —Tania— luego de observar que una de sus compañeras, de origen ruso, se llamaba así. Si bien inicialmente había pensado en llevar su nombre de pila, su hermana Isabel era una cupletista consolidada y le recomendó no utilizarlo. De acuerdo a su testimonio, «era la época de El conde de Luxemburgo, de La viuda alegre, de las grandes operetas. Como mi hermana cantaba muy bien y ya era bastante conocida, le dijo a mi madre: "Mira mamá, me parece que Anita no debiera ponerse Ana Luciano, porque mi nombre es grande y esta chica recién empieza. No sabemos si podrá seguir en el teatro o no... "».
Hacia comienzos de su adolescencia, comenzó a realizar pequeñas giras teatrales alrededor de Valencia, especialmente por Marruecos, Alcoy y Alicante, donde se volvieron populares sus interpretaciones de «La violetera» y «El relicario». A los 18 años, ya tenía su propia compañía de varietés con la que recorrió Barcelona y Madrid bajo el seudónimo de «La Lucianito» o Tania Visdí. Durante esa gira, coincidió con el Trío Mexican e inició una relación sentimental con uno de sus integrantes, Antonio Fernández Rodríguez, apodado «Mexican», con quien se casó en 1924. Desde ese momento realizó sus presentaciones bajo el nombre de Tania Mexican y, luego de que su marido se desvinculara del trío, ambos realizaron actuaciones independientes de music-hall. En 1925, el matrimonio integró la Troupe Ibérica de Raquel Meller, encabezada por Teresita España y Pablo Palitos, con la cual llegaron a París y posteriormente a Buenos Aires para presentarse en el Teatro Mayo y en el cabaré Maipú Pigall. Tania describió el ámbito en el cual se desempeñaba como «un epicentro social, con el motor de los ricos que malgastaban su dinero. Las artistas mujeres eramos allí las reinas mimadas. Lo que los empresarios tenían de regularmente atentos... para con nosotras, lo tendrían, supongo, de tenebrosos para ellas [las milongueras]». La gira prosiguió por el interior de Argentina, Montevideo, San Pablo, Río Grande y Pelotas. Durante una estadía en Córdoba, Tania fue confundida con una exiliada bolchevique y recibió una ofrenda floral por parte de un grupo de rusos perseguidos. Permanecieron durante quince meses en Brasil y, por sugerencia del guitarrista Mario Pardo, comenzó a cantar tangos y sumó «Fumando espero», «Sentencia» y «A la luz de un candil» a su repertorio. Sergio Pujol, en su libro Discépolo, apuntó a que «no le había llevado mucho tiempo descubrir que cantar tangos no era traicionar los temas españoles con los que se inició en la vida a una edad en la que muchas chicas tejían, aburridas, a la espera del príncipe azul... el tango era para Tania la prolongación americana de sus primeros años y su primer repertorio, si bien para ella la tristeza de muchas de sus letras era incomprensible». Luego de la disolución de la troupe, el matrimonio se separó en Montevideo, Tania optó por permanecer en Buenos Aires y Fernández regresó de nuevo a España.
Carrera discográfica y actoral
En Buenos Aires, se presentó inicialmente en el Teatro Casino como cantante de la orquesta de Roberto Firpo y, en 1927, en el Folies Bergère, donde fue apodada «La gallega de Toledo» y conoció a Enrique Santos Discépolo. En una ocasión fue escuchada por Carlos Gardel, que le bromeó a su amigo José Razzano: «Conmigo, de Toulousse, y una gallega, el tango se para».
Luego de iniciar su vínculo sentimental con Discépolo, Tania fue disputada por las principales emisoras de Argentina y fue así como logró su primer contrato en 1928 por 500 pesos mensuales en Radio Prieto. Ahí, las tareas de trabajo eran arduas ya que debía permanecer largas horas por la noche para grabar algunas pocas canciones. Durante su estadía en esa emisora, conoció a algunas de las figuras más relevantes del ámbito musical como Rosita Quiroga, Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Tita Merello y Ada Falcón que, junto a Tania, se convirtieron en las primeras cancionistas en introducir la modalidad vocal femenina en el tango, un rubro con prevalencia del género masculino. Paralelamente prosiguió su carrera en Radio París, Belgrano y del Pueblo. En 1930, Tania grabó su primer registro discográfico junto a la orquesta de Osvaldo Fresedo con dos temas musicales, «Sentencia» y «A la luz de un candil», que formaban parte de su repertorio en los cabarés. Durante los dos años siguientes, sus discos fueron publicados bajo el sello Columbia para luego reparar en RCA Víctor e incluso, llegó a grabar para el sello Pathé de París luego de que Discépolo formara una orquesta para Radio Municipal, donde Tania fue vocalista en compañía de Lalo Scalise, Héctor Varela y Alejandro Blaso. La experiencia de comenzar a grabar fue definida por Tania como «apasionante». Según comentó, «la riqueza de lenguaje, la tremenda vitalidad, la sencillez y la verdad con que él [Discépolo] se refería a sus tangos me daban increíbles fuerzas para dar lo mejor de mí al cantarlos». En 1946, acompañó como vocalista a la orquesta de Mariano Mores en Radio El Mundo, donde el día del debut recibió un ramo de orquídeas del presidente Juan Domingo Perón. Al mismo tiempo, efectuó una gira con Discépolo por Cuba, México —donde se presentó en «El Patio», el cabaret más relevante de la Ciudad de México— y otros países de la costa del Pacífico. A su regreso, encabezó el ciclo Cómo nacieron mis canciones por Radio Belgrano junto a Discépolo.
Desarrolló una breve carrera como actriz de teatro y cine en los años de 1930 y 1940. Su primer papel importante como actriz de reparto lo obtuvo en La perichona (1928), una obra histórica de Enrique García Velloso que los hermanos Discépolo habían adaptado para teatro. Ahí, interpretó a la sirvienta negra de Micaela Villegas «La Perricholi», la persona recreada por Nelly Quel. A pesar de la gran inversión económica en escenografía, en la cual Tania contribuyó, la pieza teatral fue un fracaso rotundo en cuanto a recaudación. En 1933, protagonizó con éxito Wunder Bar en el Teatro Ópera, donde estrenó el tango de Discépolo «Tres esperanzas». La presentación se llevó a cabo luego de que su pareja modificara los diálogos y reelaborara la traducción de la obra original, escrita por Ricardo Hicken. En 1935, interpretó «Quién más, quién menos» en Winter Garden y al finalizar la temporada, emprendieron una gira por Chile, Uruguay —donde abrieron un boliche en el Casino Míguez de Punta del Este— y Europa. El periódico Oiga de México, tras observar que cantaba y actuaba a la vez, señaló que «Tania cuida de las letras de los tangos tanto o más que la música. Un tango con música bonita y letra fea o inexpresiva no es cantado por Tania». Intervino en una serie de películas a fines de la década de 1930 y principios de 1940: El pobre Pérez (1937), de Luis César Amadori, Cuatro corazones (1939), de Carlos Schlieper, y Caprichosa y millonaria (1940), con Paulina Singerman. Su labor en este último filme fue calificado por un periodista de Cine Argentino, Julián Centeya, como una «verdadera creación». Por otro lado, la revista Sintonía había publicado tras el estreno de El pobre Pérez que su versión de «Desencanto» había sido la mejor escena de la película. Su éxito actoral continuó en 1949 con Blum, una obra escrita por Julio Porter representada en el Teatro Presidente Alvear junto a Osvaldo Miranda y Diana Maggi. Blum permaneció en escena hasta 1951, cuando fue trasladada al Teatro Splendid y Discépolo presentó el vals «Con una mentira». Sin embargo, su papel preferido ocurrió en Las preciosas ridículas (1967), una adaptación de Moliére llevada a cabo en el Teatro de la Cava y luego en el Teatro Odeón. Desde su papel en esa obra, Tania solamente recibió roles menores en espectáculos de revista.