Se denomina taladradora o taladro a la herramienta o máquina herramienta con la que se mecanizan la mayoría de los agujeros que se hacen a las piezas en los talleres mecánicos. Destacan estas máquinas por la sencillez de su manejo. Tienen dos movimientos: El de rotación de la broca que le imprime el motor eléctrico de la máquina a través de una transmisión por poleas y engranajes, y el de avance de penetración de la broca, que puede realizarse de forma manua o de forma automática, si incorpora transmisión para hacerlo. Se llama taladrar a la operación de mecanizado que tiene por objeto producir agujeros cilíndricos en una pieza cualquiera, utilizando como herramienta una broca. La operación de taladrar se puede hacer con un taladro portátil, con una máquina taladradora, en un torno, en una fresadora, en un centro de mecanizado CNC o en una mandriladora.
De todos los procesos de mecanizado, el taladrado es considerado como uno de los procesos más importantes debido a su amplio uso y facilidad de realización, puesto que es una de las operaciones de mecanizado más sencillas de realizar y que se hace necesaria en la mayoría de los componentes que se fabrican.
Los taladros descritos en este artículo se refieren básicamente a los usados en las industrias metalúrgicas para el mecanizado de metales. Otros tipos de taladros empleados en la cimentación de edificios y obras públicas, así como en sondeos mineros, tienen otras características muy diferentes y serán objeto de otros artículos específicos.
El taladro sólo tiene dos movimientos: el de giro de la broca que le imprime el motor (frecuentemente eléctrico) y el de avance o penetración de la broca.
En el antiguo berbiqui, actualmente en desuso, el movimiento de giro de la broca lo daba la persona que hacía el agujero.
El movimiento de penetración, en muchas de las máquinas actuales, se realiza de forma manual, sensitiva: la persona que agujerea es quien controla manualmente la velocidad de penetración de la broca. También hay taladros que permiten el avance de la broca de forma automática, es el caso de las máquinas automatizadas, o con control numérico.
Fundamentalmente los taladros pueden ser de dos tipos: el taladro de mano, que es portátil, y el taladro de columna, sea de mesa o de pie en el suelo.
El taladro de columna está colocado en una mesa o en el suelo o en cualquier superficie plana y dispone de un mecanismo pone límite a la profundidad del agujero que hace la persona que lo utiliza. Como también sucede en el resto de las máquinas de agujerear, el taladro de columna permite acoplar diferentes tipos de brocas. Estos taladros disponen de un eje al que hay un brazo con palancas, normalmente tres, que permiten bajar y subir la broca a la superficie que se quiere agujerear, de manera manual. En todos los tipos de taladro de columna hay una tabla, encima de la cual se ensambla una mordaza, herramienta que permite sujetar el elemento que se quiere perforar.
En el Paleolítico Superior los humanos taladraban conchas de moluscos con fines ornamentales. Se han hallado conchas perforadas de entre 70.000 y 120.000 años de antigüedad en África y Oriente Próximo, atribuidas al Homo sapiens. En Europa unos restos similares datados de hace 50.000 años muestran que también el Hombre de Neandertal conocía la técnica del taladrado.
Taladrar requiere imprimir un movimiento de rotación a la herramienta. El procedimiento más antiguo que se conoce para ello es el denominado "arco de violín", que proporciona una rotación alternativa. Un bajorrelieve egipcio del año 2700 a. C. muestra una herramienta para taladrar piedra accionada de otra manera, mediante un mango.
A finales de la Edad Media está documentado el uso de taladros manuales llamadas berbiquís.
1838: primer taladro de sobremesa hecho enteramente de metal fue creado por James Nasmyth. En España es posible encontrar un taladro original de James Nasmyth en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León en Sabero, provincia de León. Este taladro se ubicó en la Ferrería de San Blas de Sabero, fábrica de hierro perteneciente a la Sociedad Palentina-Leonesa de Minas.
1850: taladro de columna con transmisión a correa y engranajes cónicos (Joseph Whitworth).
1851: primer taladro radial (Sharp, Roberts & Co).
1860: invención de la broca helicoidal por Martignon, que reemplaza rápidamente a las brocas en punta de lanza utilizadas hasta entonces.
1898: invención del acero rápido, que permite aumentar significativamente la velocidad de taladrado.
Las tecnologías desarrolladas durante la Revolución Industrial se fueron aplicando a los taladros, que de esta manera fueron pasando a ser accionadas eléctricamente y a ser cada vez más precisas gracias a la metrología y más productivas gracias a nuevos materiales como el carburo de silicio o el carburo de tungsteno. Sin embargo, en su arquitectura las máquinas se conservaron casi sin cambios las formas que habían sido puestas a punto a lo largo del siglo XIX.
La aparición del control numérico a partir de los años 1950 y sobre todo del control numérico por computadora a partir de los 1970 revolucionó las máquinas-herramienta en general y los taladros en particular. La microelectrónica permitió integrar los taladros con otras máquinas-herramienta como tornos o mandrinadoras para formar "centros de mecanizado" polivalentes gestionados por ordenador.