Túnez (en árabe: تونس, en bereber: Tunest) es la capital de la República Tunecina ininterrumpidamente desde que los almohades le dieran ese título en 1159 y la dinastía de los hafsidas confirmase su estatus en 1228. También es la capital de la gobernación homónima desde su creación, en 1956. Es el centro de las actividades industriales, comerciales, culturales y políticas del país. Está situada al norte, al final del golfo de Túnez, separada del mar por el lago de Túnez o laguna del Behira, entre la llanura costera y las colinas que la rodean. Al otro lado del lago se abre al mar un canal en La Goleta (La Goulette, en francés). Según el censo de 2004, en ella viven 728.453 habitantes (alrededor de 10% de la población estatal), llamados tunecinos, lo que la convierte en la ciudad más poblada del país; esta cifra aumenta hasta 2.380.500 personas en su área metropolitana.
Al norte de la ciudad se encuentra la masa verde del Belvedere, y al suroeste, el cerro del cementerio de Jellaz. Al este está la medina de Túnez, el centro de la ciudad, compuesto de callejuelas y pasadizos cubiertos, con multitud de olores y variedad de colores provenientes de los comercios. La ciudad moderna (Nouvelle ville) se alcanza al cruzar la puerta de Francia, antiguamente llamada «puerta del mar». Está atravesada por la gran avenida Bourguiba (considerada por muchos como los Campos Elíseos tunecinos), cuyos edificios de estilo colonial de principios de siglo XX contrastan con la arquitectura de estilo árabe de la ciudad antigua, que vino a llamarse la «ciudad de los indígenas».
El santo patrón de la ciudad es Sidi Mahrez, que dio su nombre a una mezquita de la ciudad.
Túnez es la transcripción en español de la palabra árabe que se pronuncia como «tunus», «tunas», o «tunis». Las tres palabras son citadas por el geógrafo árabe al-Rumi Yaqout en su Mu'jam al-Bûldan (Diccionario de los países). La palabra, aunque es una transcripción que en francés deriva de un dialecto bereber, y quiere decir «para descansar o para acampar», puede ser transcrita en el sentido de «establecerse», «acostarse» o «pasar la noche». Teniendo en cuenta las variaciones del significado preciso en el tiempo y el espacio, el nombre de Túnez posiblemente significa «campamento nocturno», «campamento» o «parada». En Túnez también hay referencias de la Antigua Roma de nombres de ciudades cercanas, como Tuniza (en la actualidad, El Kala), Thunusuda (actualmente Meskine Sidi), Thinissut (actualmente Bouregba Bir), Thunisa (Ras Jebel actualmente). La ciudad aparece en la Tabula Peutingeriana como Thuni.
La existencia de la ciudad está atestiguada por las fuentes desde el siglo IV a. C. Los bereberes fundaron el pueblo, cuyo nombre original era Tunes, en el II milenio a. C. Fue ocupada por los númidas, quienes cedieron a fenicios procedentes de Tiro terrenos cercanos a la localidad, en los que fundaron la ciudad de Cartago. Con el rápido desarrollo de esta y la anexión de los territorios adyacentes a la ciudad entre los años 480 y 450 a. C., Túnez fue una de las primeras ciudades en pasar a la dominación púnica. Desde ese momento su historia pasó a depender directamente de la de Cartago, sufriendo con ella todas las consecuencias de las guerras púnicas.
Las colinas cercanas hacían de su localización un excelente punto de vigilancia, permitiendo observar desde ellas las entradas y salidas marítimas y las caravanas que se dirigían y partían de Cartago. Esta característica la convirtió en un importante objetivo militar, lo que hizo que cambiase de manos varias veces a lo largo del tiempo. Fue conquistada por el griego Agatocles en el 310 a. C., quien la usó durante tres años como base africana para las campañas de Siracusa; en el 256 a. C. fue ocupada por Atilio Régulo; más tarde, al finalizar la Guerra de los Mercenarios en el 238 a. C., cayó en manos de mercenarios rebeldes y permaneció bajo su control hasta que Escipión el Africano la conquistó en el año 202 a. C.; y, por último, fue destruida al final de la tercera guerra púnica, en 146 a. C.. Según el historiador griego Estrabón, tanto Túnez como Cartago fueron destruidas; sin embargo, ambas fueron reconstruidas posteriormente bajo el gobierno de Augusto, convirtiéndose Túnez en una ciudad importante bajo el control romano y el centro de una pujante industria agrícola. En el sistema romano de caminos de la provincia romana de África, la ciudad tenía el título de mutatio, que significa «lugar de descanso» o «estación de paso». Túnez, cada vez más romanizada, también fue cristianizada y finalmente se convirtió en la sede episcopal de la Iglesia católica en África.
La definitiva destrucción de Cartago por parte del emir Hassan ibn al-Numán, marcó el comienzo del renacimiento de Túnez, que pronto se convirtió en la segunda ciudad de Ifriqiya, después de Kairuán; si bien lbrahim prefirió volverse a asentar en Rakada, Túnez siguió desarrollándose. Primero con los aglabíes, fatimíes y los ziríes (800-1048), luego con los jorasaníes (1059-1160), los cuales, crearon allí un pequeño reino independiente. Los almohades la erigieron definitivamente en capital (1160), pero fue con la dinastía hafsí (1230-1574), llegando a contar con 100.000 habitantes. Su desarrollo cultural y religioso superó incluso al de Kairuán, y no se puede hablar de esta época sin mencionar al menos al historiador y filósofo Ibn Jaldún, nacido en la ciudad en 1332. Túnez se fue convirtiendo en el mayor centro comercial del Magreb, siendo visitada por mercaderes procedentes de todo el Mediterráneo. A partir de 1270 un tratado estipulado con Francia determinó que los cristianos establecidos en Túnez viviesen en la ciudad en plena libertad, pudiendo construir sus propias iglesias y desarrollar sus actividades comerciales. A comienzos del siglo XVI León el Africano describió Túnez como una de las singulares y magníficas ciudades de África.
A partir del siglo XV, Túnez y otras ciudades-estado del norte de África comenzaron a recibir la influencia de España, convirtiéndose en una serie de protectorados y estados vasallos de ésta. En 1534 fue atacada por los piratas turco-argelinos de Jair ad Din Barbarroja, que la tomaron por sorpresa. El hasta entonces sultán de Túnez, Mulay Hassán, se refugió en la Corte de Carlos V y le pidió que le devolviese su ciudad. A resultas de ello, las fuerzas imperiales invadieron Túnez con éxito en 1535, que volvió a configurarse como un estado vasallo de España hasta su nueva captura por los otomanos en 1574. No obstante, a partir de 1591 la dominación otomana se convirtió en puramente nominal y sus gobernantes se entregaron a la piratería en el Mediterráneo, lo que ocasionó varias expediciones de castigo europeas en los siglos posteriores.
La Primera Guerra Mundial fue un tiempo de inactividad en la historia de Túnez. Sin embargo, después de la guerra, la ciudad se enfrentó a nuevas transformaciones, ya que la ciudad creció en importancia y amplió su red de calles y avenidas en todas direcciones. Además, surgieron una serie de ciudades satélite en los alrededores de la ciudad. En el plano económico, las actividades se ampliaron y diversificaron, la moderna industria continuó creciendo mientras la industria tradicional disminuyó.
Durante la Segunda Guerra Mundial se convirtió en uno de los principales escenarios de la guerra en África, ya que fue ocupada por las fuerzas del Eje en noviembre de 1942. Después de varios meses bajo control italo-germano, Túnez cayó en manos aliadas el 7 de mayo de 1943 a las 15:30 de la tarde, acabando con la mayoría del 5.º Ejército Panzer alemán que se quedó vigilando la ciudad y siendo la última ciudad africana que controlaban. El 20 de mayo los aliados celebraron un desfile de victoria en la avenida Maréchal Galliéni y en la avenida Jules Ferry. Después de que los aliados hubieran presionado con éxito a las potencias del eje fuera de Túnez, utilizaron la ciudad como base de operaciones para la captura y suministro de la isla de Pantelaria, a continuación, Sicilia y por último Italia.