Tal Día como Hoy

Stendhal

Escritor francés (1783-1842)

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Henri Beyle (nacido Marie-Henri Beyle; Grenoble, 23 de enero de 1783-París, 23 de marzo de 1842), conocido por su nombre de pluma Stendhal, fue un escritor francés. Valorado por su agudo análisis de la psicología de sus personajes y por la concisión de su estilo, está considerado como uno de los primeros y más importantes representantes literarios del realismo. Sus novelas más conocidas son Rojo y negro (1830) y La cartuja de Parma (1839).

Durante la vida de Stendhal, su reputación se basó principalmente en sus libros sobre arte y turismo (término que contribuyó a introducir en Francia), así como en sus escritos políticos y su ingenio en las conversaciones. Sus opiniones poco convencionales, sus inclinaciones hedonistas atenuadas por una capacidad de indignación moral y política, su carácter travieso y su odio al aburrimiento, constituyeron para sus contemporáneos una mezcla de contradicciones provocadoras, que les hizo difícil apreciar su sensibilidad ágil e irónica,​ siendo Honoré de Balzac el único en reconocer entonces su genio como novelista. Como escritor, destacan en la obra de Stendhal un conjunto de ideas como la hostilidad al concepto de «belleza ideal», la noción de modernidad y la exaltación de la energía, la pasión y la espontaneidad. Egoísta declarado, su filosofía personal, a la que él mismo denominó «beylismo» (por su verdadero apellido, Beyle),​ enfatizaba la importancia de la «búsqueda de la felicidad» combinando el entusiasmo con el escepticismo racional, la lucidez con la entrega voluntaria a las emociones líricas. El «beylismo», tal como él lo entendía, significaba cultivar una sensibilidad privada y, al mismo tiempo, desarrollar el arte de ocultarla y protegerla.​

La fama literaria de Stendhal llegó solo a finales del siglo XIX, y tal fama póstuma ha crecido de forma constante desde entonces, en gran parte gracias a la devoción de los «beylistas» o «stendhalianos», quienes lo han convertido en un verdadero objeto de culto. Stendhal ha llegado a ser reconocido como uno de los grandes maestros franceses de la novela del siglo XIX.​

Utilizó diferentes pseudónimos para firmar sus escritos, de los cuales Stendhal es el más conocido. Existen dos hipótesis verosímiles sobre el origen del pseudónimo:​​ la más aceptada es que tomara el pseudónimo de la ciudad alemana de Stendal, lugar de nacimiento de Johann Joachim Winckelmann, famoso historiador del arte y fundador de la arqueología moderna y al que admiraba. Una segunda hipótesis es que el pseudónimo sea un anagrama de Shetland, unas islas que Stendhal conoció y que le dejaron una profunda impresión.

Antes de adoptar el seudónimo Stendhal, publicó bajo diversos seudónimos, entre ellos «Louis Alexandre Bombet» y «Anastasius Serpière». El único libro que Stendhal publicó bajo su propio nombre fue Historia de la Pintura (1817). A partir de la publicación de Roma, Nápoles y Florencia (septiembre de 1817), publicó sus obras bajo el seudónimo «M. de Stendhal, officier de cavalerie».

Stendhal usó numerosos alias en sus escritos y correspondencia autobiográfica, y a menudo asignaba pseudónimos a sus amigos, algunos de los cuales adoptaron tales nombres. Stendhal utilizó más de cien pseudónimos, sorprendentemente diversos. Algunos los usó solo una vez, mientras que otros los repitió a lo largo de su vida. «Dominique» y «Salviati» le sirvieron como apodos cariñosos. Acuña nombres cómicos «que lo hacen aún más burgués de lo que realmente es: Cotonnet, Bombet, Chamier».​ Empleó asimismo muchos nombres ridículos: «Don Flema», «Giorgio Vasari», «William Cocodrilo», «Poverino», «Barón de Cutendre». Uno de sus corresponsales, Prosper Mérimée, afirmó: «Nunca escribió una carta sin firmar con un nombre falso».​

El Diario y los escritos autobiográficos de Stendhal incluyen numerosos comentarios sobre máscaras y el placer de «sentirse vivo en múltiples versiones». «Contempla la vida como un baile de máscaras», es el consejo que Stendhal se da a sí mismo en su diario de 1814.​ En Memorias de un egoísta escribe: «¿Me creerán si digo que usaría una máscara con placer y estaría encantado de cambiar mi nombre?... para mí la felicidad suprema sería transformarme en un alemán rubio y desgarbado y caminar así por París».​

Nacido Henri-Marie Beyle en una familia burguesa, su padre Chérubin Beyle era terrateniente y abogado en la Audiencia Provincial. Quedó huérfano de madre cuando contaba solo siete años, pérdida que sintió profundamente y que aumentó su sensación de soledad y su resentimiento hacia su padre. Pasó su infancia en la casa de campo de los Beyle en Claix, cerca de Grenoble. Su mejor amiga fue su hermana menor, Pauline, con quien mantuvo una correspondencia constante durante la primera década del siglo XIX. Su familia pertenecía a la clase burguesa del Antiguo Régimen, lo que explica la posterior actitud ambigua de Stendhal hacia Napoleón, la Restauración borbónica y la monarquía.​ Su padre, que se encargó junto a su tía de su educación, fue de hecho encarcelado en 1794 durante el Terror, debido a su defensa de la monarquía. También mantuvo un fuerte trato con su abuelo materno, Henry Gagnon, médico de profesión, al que admiraba profundamente, y al que en alguna de sus obras llamará «padre».

Estudió desde 1796 en la Escuela Central de Grenoble y logró unas altas calificaciones en matemáticas. En 1799 fue a París, con la idea de estudiar en la École polytechnique, pero enfermó y no pudo ingresar. En realidad quería escapar de Grenoble y del dominio paterno. Su ambición secreta al llegar a París era convertirse en un dramaturgo de éxito.​ Obtuvo un trabajo en el Ministerio de Defensa, en el que ya trabajaba su primo Pierre Daru.

Al año siguiente viajó a París como subteniente de dragones, acompañando a la retaguardia del ejército comandado por Napoleón. El mundo militar y teatral del Primer Imperio francés fue una revelación para Beyle. Como comisionado de guerra adjunto, sirvió en la administración del Reino de Westfalia, uno de los estados clientes de Napoleón en Alemania. Su estancia en Italia le permitió conocer la música de Domenico Cimarosa y Gioacchino Rossini (del que escribió una célebre biografía, Vida de Rossini), además de las obras de Vittorio Alfieri. La cultura y el paisaje de Italia fueron la revelación que desempeñaría un papel psicológica y temáticamente determinante en su vida y en su obra.​ En 1801 participó en la campaña de Italia con las tropas napoleónicas, sirviendo en el Estado Mayor del general Claude Ignace François Michaud como ayudante de campo.

En esos años, Stendhal entró en contacto con los intelectuales de la revista Il Conciliatore, y se acercó a las experiencias románticas.

Abandono y regreso al ejército

En 1802 dejó el ejército, pasando a trabajar como funcionario de la administración imperial en Alemania, Austria y Rusia, pero sin participar en las batallas del ejército napoleónico. Con 19 años de edad, regresó a París y se dedicó a diversos proyectos literarios, ninguno de los cuales concluyó. Soñaba con convertirse en un Molière moderno, se matriculó en clases de teatro, se esforzó por eliminar su acento provinciano y se enamoró de una actriz de segunda (Mélanie Louason), a quien siguió hasta Marsella. Para entonces, ya llevaba un diario (publicado póstumamente) y escribía otros textos que reflejaban sus pensamientos más íntimos. Ese mismo año pasó a ser amante de Madame Rebuffel, primera de la decena de amantes que tuvo (de las que se conocen nombre y apellidos).

El año 1806 marcó un punto de inflexión. El conde Pierre Daru, nombrado intendente general del ejército de Napoleón, envió a su joven protegido como comisario militar adjunto a la ciudad alemana de Braunschweig (Brunswick). Este fue el inicio de una carrera administrativa en el ejército francés que le permitió a Henri Beyle descubrir partes de Alemania y Austria. Su nombramiento en el ejército le proporcionó una experiencia directa del régimen napoleónico y de la Europa en guerra. De 1807 a 1808, Beyle vivió en Brunswick, donde se enamoró de Wilhelmine von Griesheim, a quien llamaba Minette, y por cuya causa permaneció en la ciudad. «Ahora no siento ninguna atracción, salvo por Minette, por esta rubia y encantadora Minette, esta alma del norte, como nunca he visto en Francia ni en Italia».​

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