Tal Día como Hoy

Solimán el Magnífico

Sultán del Imperio otomano (1520–1566)

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Solimán I, llamado el Magnífico (entre los occidentales), o Kanuni (entre los turcos), es decir, el Legislador​ (en turco moderno: I. Süleyman; en turco otomano: سليمان, Sulaymān) (Trebisonda, 6 de noviembre de 1494 — Szigetvár, 6 de septiembre de 1566), fue sultán y padishá del Imperio otomano desde 1520 hasta su muerte, y uno de los monarcas más importantes de la Asia del siglo XVI. Llevó al Imperio a sus mayores cotas. Bajo su administración el estado otomano gobernaba al menos a 25 millones de personas.​

Sucedió a su padre, el sultán Selim I, en septiembre de 1520 y comenzó su reinado emprendiendo una campaña militar contra las potencias cristianas en Europa Central y el Mediterráneo. Belgrado cayó en 1521; en 1522-1523 fue el turno de Rodas, terminando así el dominio de los Caballeros de San Juan. En la batalla de Mohács, librada en agosto de 1526, Solimán destruyó la fuerza militar de Hungría y el propio rey húngaro Luis II perdió la vida. Durante su conflicto con los safávidas, también consiguió anexionar gran parte de Oriente Próximo, que incluía Bagdad, y amplias zonas del norte de África, hasta el oeste de Argelia. Bajo su mandato, la flota otomana dominaba los mares desde el Mediterráneo hasta el mar Rojo, que atravesaba el golfo Pérsico.

A la cabeza de un imperio en expansión, Solimán promovió importantes cambios legislativos en los ámbitos de la sociedad, la educación, la fiscalidad y el derecho penal. Sus reformas, llevadas a cabo en colaboración con el principal funcionario judicial del imperio, Ebussuud Efendi, armonizaron la relación entre las dos formas de derecho otomano: el derecho estatal (Kanun) y el derecho religioso (Shari'ah). Solimán también fue un excelente poeta y orfebre, además de un gran mecenas de la cultura. Supervisó la llamada «Edad de Oro» del Imperio otomano, y en consecuencia, fomentó su desarrollo artístico, literario y arquitectónico.

Rompiendo con la tradición otomana, Solimán se casó con Hürrem Sultan, una esclava de su harén, una cristiana ortodoxa de ascendencia rutena que se convirtió al islam y fue conocida en Occidente como Roxelana, presumiblemente por su pelo rojo.​ Su hijo, Selim II, sucedió a su padre en 1566 a su muerte tras un reinado de cuarenta y seis años. Los otros herederos potenciales (Şehzade Mehmed y Şehzade Mustafá) ya habían muerto, el primero de viruela y el segundo de estrangulamiento por traición. Otro hijo, Şehzade Bayezid, fue ejecutado, junto con sus cuatro hijos, en 1561, por orden del propio sultán, tras una rebelión que organizó. Durante mucho tiempo se creyó que a la muerte de Solimán le seguía un periodo de decadencia del imperio. Este punto de vista se ha abandonado desde entonces, pero el final del reinado de Solimán se sigue considerando con frecuencia un punto de inflexión en la historia otomana. De hecho, en las décadas que siguieron a su muerte, el imperio comenzó a experimentar importantes cambios políticos, institucionales y económicos, un fenómeno que a menudo se denomina «transformación del Imperio otomano».

Poco o nada se sabe de los primeros años de vida de Solimán; como en aquella época no había razones concretas para suponer que se convertiría en sultán en el futuro, los cronistas no se molestaron en registrar ningún hecho concreto de su infancia. Se supone que pudo haber nacido el 6 de noviembre de 1494 en Trebisonda, en la actual Turquía, durante la época en que su padre Selim gobernaba esa provincia.​ Su madre, la joven de 17 años Ayşe Hafsa Sultan, era probablemente de sangre real, posiblemente una hija del kan de Crimea Meñli I Giray. Es probable que su educación comenzara a los siete años; estudió el Corán, aritmética, música, escritura, tiro con arco y, casi con toda seguridad, aprendió la lengua persa y la árabe. Como era costumbre para los hijos de los altos dignatarios, hacia los once años fue circuncidado, dejó a su madre y se fue a vivir a su propia residencia.​ A la edad de quince años, su abuelo, el sultán Bayezid II, lo nombró gobernador de Karahisar y dos años más tarde gobernador de Caffa (actual Feodosia), antigua colonia genovesa y encrucijada del comercio entre Irán, India y Europa. El 6 de agosto de 1509, Solimán partió para llegar a la ciudad y tomar posesión.​​

En 1512, Selim obligó a su padre, quien era sultán, a abdicar y al mismo tiempo exterminó a sus hermanos y a otros posibles sucesores, una práctica habitual en la casa real otomana, poniendo así fin a la guerra civil y convirtiéndose en el nuevo sultán legítimo.​ En esta época Solimán tenía 17 años y, además de gobernar Caffa, realizaba otras tareas administrativas en nombre de su padre; participó en una campaña militar en Irán, gobernó Edirne y combatió a los bandidos en Magnesia, donde posteriormente se quedaría desde 1512 para tomar las riendas.​​​ Fue en Magnesia donde entabló una estrecha amistad con Pargalı İbrahim Paşa, un esclavo que más tarde se convertiría en uno de sus asesores más cercanos. Mientras tanto, el Imperio otomano, bajo el liderazgo de Selim, continuó su expansión, derrotando al sultanato rival egipcio de los mamelucos circasianos de la dinastía buryí. Esto llevó a los turcos a anexionarse Siria, Egipto, Palestina y Arabia, lo que hizo que se hicieran con el control de las tres ciudades sagradas de La Meca, Medina y Jerusalén.​​

Mientras el futuro sultán se ocupaba de la administración del imperio, su padre Selim murió mientras viajaba de Constantinopla a Edirne. Inmediatamente se prefirió mantener esta noticia en secreto, a la espera de la llegada de su hijo, para evitar posibles levantamientos en las filas del ejército. Sin embargo, una vez que Solimán llegó al féretro de su padre, los jenízaros, las tropas de infantería de élite del ejército, acogieron la sucesión y se quitaron las gorras en señal de luto sin ningún tipo de alboroto,​ gracias en parte al regalo de 5000 aspers por cabeza que les dio el nuevo sultán para garantizar su lealtad.​ Al regresar a Constantinopla a la cabeza del cortejo fúnebre, el 1 de noviembre Solimán pudo recibir en la sala del diván el homenaje de los altos dignatarios, los ulema y el gran muftí, y en consecuencia, ascendió oficialmente al trono como décimo sultán otomano. Entre sus primeros actos oficiales, se encuentra la orden de construir la mezquita de Yavuz Selim y realizar la habitual concesión de beneficios a los miembros del ejército. Además, decidió derogar algunas duras disposiciones ordenadas anteriormente por Selim y liberó a seiscientos notables egipcios para poner fin al despiadado régimen emprendido por su padre en los últimos años de su vida.​

Sin embargo, la primera preocupación por el orden público vino de Siria, donde estaba en marcha una revuelta fomentada por Janbirdi al-Ghazali, un alto dignatario que se había apoderado de Damasco, Beirut y Trípoli. Solimán respondió rápidamente, enviando un contingente a las órdenes de Ferhad Pasha, quien dominó a los rebeldes y aplastó el levantamiento.​​ Había demostrado, pues, decisión y capacidad administrativa, características que le hacían, a ojos de sus súbditos, merecedor de reinar sobre un imperio que ya era vasto en aquella época, predominando sobre todo el mundo musulmán, y que seguiría ampliando a lo largo de su vida.​​

Primeras expansiones: Belgrado y Rodas

Una vez establecida su autoridad dentro de las fronteras otomanas, Solimán pudo ocuparse de la política exterior. En aquella época, Europa vivía un periodo de dificultades provocados por continuos conflictos y las violentas divisiones internas entre el catolicismo y el protestantismo. Para defender las fronteras del Sacro Imperio Romano, Fernando de Habsburgo, hermano del Emperador del Sacro Imperio Romano Carlos V, se situó al este.​

La paz de 1503, firmada al final de la guerra turco-veneciana, preveía el pago de un tributo anual a los otomanos. El asesinato del enviado que había acudido a recoger el dinero de los húngaros fue el casus belli para que Solimán atacara a los cristianos del Danubio con el objetivo de conquistar Belgrado, ciudad estratégica desde la que podría avanzar posteriormente hacia Viena y Budapest. Durante todo el invierno de 1520, el imperio estuvo ocupado en la preparación de la expedición, la primera de Solimán.​ El 6 de febrero del año siguiente, el ejército dirigido por el sultán abandonó Constantinopla en medio de fastuosas celebraciones.​

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