Tal Día como Hoy

Soldado

Miembro de las fuerzas armadas

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Un soldado, en su sentido más general, es un individuo que se ha alistado voluntariamente o en cumplimiento de un servicio militar obligatorio, en las fuerzas armadas de un país soberano, o institución militar recibiendo entrenamiento y equipo para defender a dicho país y sus intereses. En su condición de miembro de dichas fuerzas armadas, se convierte en un militar organizado en el ejército. Dentro del ejército se dividen a los grupos de soldados generalmente en cuerpos o armas de distintas denominaciones, tales como infantería, arma blindada, artillería, caballería, policía militar, etc.

El término soldado se refiere también a un rango, generalmente el más bajo en el escalafón (conocido también como soldado raso).

En el ámbito de los países que forman parte de la OTAN, al grado de soldado raso le corresponde el código OR-1 según la norma STANAG 2116 que estandariza los grados del personal militar.​

La palabra castellana soldado es una de las más difundidas por el mundo[cita requerida]: numerosas lenguas la han tomado prestada, en especial en Asia y Oceanía, como el tagalo sundalo o en chamorro sendalo o sindalu.​

Un soldado no es necesariamente un combatiente. Aunque todos los soldados reciben algún tipo de entrenamiento de combate básico, muchos realizan servicios en posiciones distintas a las de combate (como por ejemplo, administrativo, en tareas logísticas, o de investigación y desarrollo).

La palabra soldado está relacionada con el latín medieval soldarius, que significa soldado (literalmente, "alguien que recibe paga").​ Estas palabras derivan en última instancia de la palabra latina tardía solidus, que se refiere a una moneda romana antigua utilizada en el Imperio Bizantino.​​

El servicio militar ha sido tradicionalmente obligatorio para los hombres. En la antigua Grecia, Esparta constituyó un claro ejemplo de sociedad militarizada ya que los varones libres recibían un fuerte entrenamiento desde niños y toda su vida estaba comprometida con la milicia. El ejército romano fue uno de los primeros en encuadrar soldados profesionales de forma permanente.

La mayoría de los países posee un ejército, ya sea profesional (Estados Unidos), con soldados de reemplazo, es decir, procedentes de un reclutamiento obligatorio (Rusia) o combinando ambos sistemas. Algunos ejércitos admiten a mujeres en sus filas. En Israel, el servicio militar es obligatorio para ambos sexos. Hay algunos países sin Fuerzas Armadas, como Costa Rica y Panamá, que basan la defensa de su integridad territorial en un sistema de alianzas y tratados internacionales.

El soldado de Esparta, figura central en la organización social de la Antigua Grecia, se distinguía por un riguroso entrenamiento, una disciplina excepcional y una pericia militar que le granjearon una reputación perdurable en el mundo antiguo. La sociedad espartana, articulada en torno a la ciudad-estado homónima, subordinaba la vida civil a los imperativos militares; sus soldados, denominados hoplitas, constituían la columna vertebral del poder castrense de Esparta.​

Desde el nacimiento, los varones espartanos eran sometidos a un proceso de selección y formación orientado a las exigencias del combate. Al nacer, los recién nacidos eran examinados por los ancianos de la comunidad para determinar su aptitud física; quienes eran juzgados débiles o con malformaciones eran abandonados en el monte Apótetas. Los niños considerados sanos permanecían al cuidado de sus madres hasta los siete años, edad en la que ingresaban al agoge,​ el sistema de educación y adiestramiento financiado por el Estado. El agoge no era únicamente un programa de instrucción física, sino también una institución de socialización que inculcaba los valores fundamentales de la ética espartana: lealtad al Estado, resistencia ante la adversidad, valentía y disciplina colectiva.​

La formación en el agoge abarcaba habilidades de supervivencia —caza, sigilo y manejo de armas—, así como un programa sistemático de acondicionamiento físico mediante carreras, lucha y gimnasia, orientado al desarrollo de la fuerza y la resistencia. Los jóvenes recibían instrucción en el combate cuerpo a cuerpo y en el uso de las armas reglamentarias: la lanza, la espada y el escudo. Se les imponían deliberadamente condiciones de privación —dormir en el suelo, alimentación escasa— con el propósito de forjar la resistencia al dolor y consolidar un sentido de cohesión grupal.​

Un elemento central del adiestramiento espartano era el énfasis en la disciplina colectiva y el combate coordinado. Los soldados eran adiestrados para operar en formaciones de falange, una disposición compacta en la que la efectividad del conjunto dependía de la cohesión de cada individuo. El principio de obediencia incondicional a los superiores era inculcado desde la infancia, y el vínculo de camaradería entre los combatientes se consideraba tan determinante para el éxito militar como el adiestramiento técnico individual​.

La cultura espartana se articulaba en torno al ideal de areté (excelencia), y se exigía a los soldados la práctica del honor, la lealtad y el sacrificio en beneficio del Estado. La ética guerrera era constitutiva de la identidad espartana: el servicio militar era concebido no como una obligación sino como un deber sagrado hacia la comunidad. Al alcanzar la mayoría de edad, los hombres adquirían la condición de ciudadanos plenos, aunque su función primordial continuaba siendo la militar. Las mujeres espartanas, si bien excluidas del entrenamiento castrense, eran educadas con un fuerte sentido del deber cívico, orientado a la gestión del oikos y a la crianza de descendencia apta para el servicio al Estado​.

La denominación técnica del soldado espartano era hoplita (en griego antiguo: ὁπλίτης, hoplítēs). Los hoplitas eran infantes de línea pesada cuyo equipo característico incluía el hoplon, un escudo circular de gran tamaño fabricado en bronce y madera; la lanza larga denominada dory; y, como arma secundaria, una espada corta conocida como xiphos​.

En tiempos de la República romana y con anterioridad a la época de Cayo Mario, las costumbres familiares respecto a los hijos que algún día serían soldados eran las siguientes:

A los 17 años, el padre regalaba al hijo una cota de malla, un casco, una espada, un puñal y unas espuelas.

La madre le regalaba las caligae, la funda para el escudo, el macuto, un penacho de crines y el sagum o capa militar.

Las hermanas, si las había, tejían los calcetines y confeccionaban seis o siete túnicas.

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