Tal Día como Hoy

Sol Invictus

Deidad solar romana

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Sol Invictus («Sol invicto» o «inconquistado») fue el dios solar oficial del Imperio romano tardío y una manifestación posterior —o, según algunas interpretaciones, un sustituto— del antiguo dios latino Sol. El emperador Aureliano reactivó su culto en el año 274 y lo promovió como divinidad suprema del Imperio.​​ A partir de su reinado, Sol Invictus apareció con frecuencia en la numismática imperial, por lo general representado con una corona radiada y conduciendo un carro tirado por caballos a través del firmamento. Su preeminencia se mantuvo hasta que el emperador Constantino I legalizó el cristianismo y restringió las prácticas paganas.​ La última inscripción conocida que menciona a Sol Invictus data del año 387,​ aunque aún existían suficientes devotos en el siglo V como para que el teólogo cristiano San Agustín de Hipona considerara necesario predicar contra ellos​​ y, más tarde, lo mismo hiciese San León Magno en su homilía de la Anunciación.​

En las últimas décadas, la comunidad académica se ha dividido entre una postura tradicional y un creciente enfoque revisionista en torno a la figura de Sol.​ Desde la interpretación clásica, Sol Invictus habría sido el segundo de dos dioses solares distintos venerados en Roma. El primero, Sol Indiges —o simplemente Sol—, se considera una divinidad romana primitiva de escasa relevancia, cuyo culto habría decaído hacia el siglo I d. C. Sol Invictus, en cambio, se ha entendido como un dios solar de origen sirio, cuyo culto se introdujo en Roma durante el reinado de Heliogábalo, aunque sin éxito duradero. Aproximadamente medio siglo después, en el año 274, Aureliano instauró oficialmente el culto a Sol Invictus como religión estatal.​ No existe consenso sobre la identidad concreta de esta divinidad oriental: algunos investigadores la han identificado con Elagabal, el dios celeste de Emesa,​ mientras que otros han propuesto a Malakbel, venerado en Palmira.​ La perspectiva revisionista, por el contrario, sostiene que en Roma existió un único culto solar continuo, vigente desde la monarquía hasta el final de la Antigüedad. Desde este enfoque, Sol Indiges y Sol Invictus no serían dioses distintos, sino expresiones históricas de una misma divinidad. En apoyo de esta tesis, se señala la existencia de al menos tres templos dedicados a Sol en la ciudad de Roma, todos ellos activos durante el periodo imperial y con orígenes que se remontan a la República temprana.​​​

Invictus («invencible», «inconquistado») fue un epíteto aplicado a diversas divinidades romanas, entre ellas Júpiter, Marte, Hércules, Apolo y Silvano.​ Su uso está documentado desde el siglo III a. C.​ El culto romano a Sol, por su parte, se mantuvo de forma continua desde «los orígenes más tempranos» de la ciudad hasta la instauración del cristianismo como religión oficial del Estado. Algunos estudiosos han considerado tradicionalmente a Sol Indiges y a Sol Invictus como deidades distintas; sin embargo, el rechazo de esta interpretación por parte de S. E. Hijmans ha ido ganando respaldo académico.​

Una inscripción del año 102 consigna la restauración de un pórtico dedicado a Sol en la zona de la actual Trastévere, llevada a cabo por un tal Gayo Julio Aniceto.​ Aunque es posible que el dedicante aludiera a su propio cognomen —la forma latinizada del equivalente griego de Invictus, Ἀνίκητος (Anikētos, romanizado como Anicetus)—,​ la inscripción fechada más antigua que emplea Invictus como epíteto explícito de Sol data del año 158 d. C.​ Otra inscripción, atribuida por criterios estilísticos al siglo II, aparece grabada en una phalera romana —un disco ornamental— y reza: INVENTORI LUCIS SOLI INVICTO AUGUSTO («Al Sol invencible, creador de la luz, Augusto»).​ El término Augustus funcionaba como epíteto habitual para vincular a las divinidades con el culto imperial.​ Sol Invictus desempeñó asimismo un papel destacado en los misterios mitraicos, donde fue identificado con Mitra.​​​ No obstante, la relación entre este Sol Invictus de carácter mitraico y el culto público homónimo sigue siendo incierta y, quizá, inexistente.​

Según la Historia Augusta, Heliogábalo, el joven heredero de la dinastía Severa, adoptó el nombre de su divinidad tutelar y trasladó su imagen de culto desde Emesa hasta Roma. Una vez proclamado emperador, relegó a las deidades tradicionales del Estado romano y promovió la suya propia como la más poderosa del panteón oficial. Este intento de reforma religiosa concluyó con su asesinato en el año 222. La Historia Augusta identifica explícitamente a la divinidad de Heliogábalo con Júpiter y con Sol, al afirmar: fuit autem Heliogabali vel Iovis vel Solis sacerdos («fue sacerdote de Heliogábalo, o de Júpiter, o de Sol»).​ Aunque esta política religiosa se ha interpretado a menudo como un intento de importar a Roma un dios solar sirio,​ lo cierto es que el culto romano a Sol ya estaba firmemente establecido en la ciudad al menos desde los primeros tiempos de la República.​​​​​

La gens Aurelia mantuvo una estrecha vinculación con el culto a Sol.​ Tras sus victorias en Oriente, el emperador Aureliano emprendió una profunda reforma del culto solar romano y elevó al dios Sol a la categoría de una de las principales divinidades del Imperio. Hasta entonces, los sacerdotes de Sol habían ostentado simplemente el título de sacerdotes y solían proceder de estratos relativamente modestos de la sociedad romana.​ A partir de la reforma, pasaron a ser pontifices e integraron un nuevo colegio sacerdotal instituido por el propio Aureliano. Todos los pontifices de Sol pertenecían a la élite senatorial, lo que indica que el sacerdocio solar adquirió un prestigio considerable. No obstante, la mayoría de estos senadores ejercía también otros sacerdocios, y en varias inscripciones estos cargos aparecen mencionados con prioridad, lo que sugiere que se los consideraba más honoríficos que el sacerdocio de Sol.​ Aureliano ordenó asimismo la construcción de un nuevo templo dedicado a Sol, consagrado el 25 de diciembre del año 274,​ con lo que el número total de santuarios dedicados a esta divinidad en Roma ascendió, al menos, a cuatro.​ Además, instituyó unos juegos en honor del dios solar, que comenzaron a celebrarse de forma cuatrienal a partir de ese mismo año.

La identidad concreta del Sol Invictus promovido por Aureliano ha sido objeto de un prolongado debate historiográfico. A partir de la Historia Augusta, algunos autores han sostenido que se trataba de una adaptación del Sol Elagábalo (o Elagabla) de Emesa. Otros, basándose en el testimonio de Zósimo, han propuesto que el modelo fue Šams, el dios solar de Palmira, argumentando que Aureliano trasladó y consagró en el templo de Sol Invictus una estatua de culto del dios solar expoliada de aquella ciudad.​ Forsythe revisa estas interpretaciones y añade una tercera hipótesis más reciente, desarrollada a partir de los trabajos de Steven Hijmans. Según este autor, la divinidad solar de Aureliano no fue una importación oriental concreta, sino simplemente el Sol Invictus grecorromano tradicional.​

Los emperadores representaron con frecuencia a Sol Invictus en su acuñación oficial, acompañándolo de una amplia variedad de leyendas, aunque solo algunas incorporaban explícitamente el epíteto Invictus. Entre ellas destaca SOLI INVICTO COMITI, que proclamaba al «Sol invencible» como compañero del emperador, una fórmula utilizada con especial asiduidad durante el reinado de Constantino.​ Asimismo, pequeñas estatuillas de Sol Invictus, portadas por los signíferos, aparecen en tres escenas en relieve del Arco de Constantino. La moneda oficial constantiniana mantuvo la iconografía solar hasta los años 325–326. Un solidus y un medallón de oro de su reinado muestran incluso el busto del emperador de perfil emparejado (jugate) con Sol Invictus, acompañado de la leyenda INVICTUS CONSTANTINUS.​

El 7 de marzo de 321,​ Constantino promulgó un edicto que estableció el dies Solis —el día del Sol, origen del actual «domingo»— como jornada oficial de descanso en el Imperio:«En el venerable día del Sol, descansen los magistrados y el pueblo que habita en las ciudades, y cierren todos los talleres. En el campo, sin embargo, quienes se dedican a la agricultura pueden continuar libre y lícitamente sus labores, pues con frecuencia ocurre que otro día no resulta adecuado para la siembra del grano o la plantación de la vid; no sea que, por descuidar el momento oportuno, se pierda el beneficio concedido por el cielo».​​Por último, el arco triunfal de Constantino se emplazó de manera deliberada para alinearse con la estatua colosal de Sol situada junto al Coliseo, de modo que el dios solar dominara visualmente el conjunto cuando se accedía al monumento desde su aproximación principal.​

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