El sitio o batalla de Cartagena de Indias, del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, fue el episodio decisivo que marcó el desenlace de la guerra del Asiento (1739-1748), uno de los conflictos armados entre España y Gran Bretaña ocurridos durante el siglo XVIII.
Como resultado de tensiones comerciales desde hacía tiempo, la guerra se libró principalmente en el mar Caribe; los británicos intentaron capturar puertos españoles clave en la región, incluidos Portobelo y Chagres en la actual Panamá, La Habana (actual Cuba) y Cartagena de Indias (actual Colombia).
Dos ataques navales anteriores fracasaron en 1740, mientras que el tercer intento en marzo de 1741 fue un asalto naval y terrestre combinado. Los británicos se vieron obligados a retirarse, tras haber perdido, según estimaciones, entre nueve mil quinientos y once mil quinientos hombres, influido por la fiebre amarilla; algunas unidades sufrieron tasas de mortalidad del 80 al 90 %. Fue una de las mayores derrotas en la historia de la Royal Navy. La victoria demostró la capacidad de España para defender su posición y puso fin, en gran medida, a las operaciones militares en esta área. Ambos países pusieron su atención en la guerra de sucesión austriaca y las hostilidades terminaron con el Tratado de Aix-la-Chapelle de 1748.
En la época constituía para los ingleses una prioridad el disponer de plazas fuertes en tierra firme en el golfo de México y el mar Caribe, que querían convertir en británico y en el que ya disponían de algunas islas, siendo Jamaica la principal de ellas. El poder español a escala europea llevaba setenta años en claro declive, por lo que Gran Bretaña no estaba dispuesta a seguir aceptando unas condiciones enormemente desventajosas para ellos en lo que al comercio americano se refería. A pesar de aquella legalidad establecida como resultado de guerras pasadas, el contrabando por parte de mercantes ingleses era constante, y no era la primera vez que militares británicos intentaban poner pie en la costa, atacando ciudades o puertos poco protegidos, algunas veces con éxito momentáneo, pero al final los territorios siempre eran recuperados por los españoles.[cita requerida]
Dentro de este panorama, los problemas del contrabando y el corsario en el Caribe afectaban por igual a ambas potencias, aunque con ventaja española. Los británicos reconocen haber capturado doscientos treinta y un buques españoles frente a trescientos treinta y uno británicos capturados por los españoles, hasta septiembre de 1741, mientras que los recuentos españoles hablan de veinticinco frente a ciento ochenta y seis, aunque, a pesar de la gran discordancia de cifras, ambos recuentos reconocen ventaja para los españoles.[cita requerida]
Y precisamente uno de los muchos problemas de contrabando, ocurrido en 1738 frente a las costas de Florida, fue el utilizado por Gran Bretaña como pretexto para tratar una vez más de arrebatar a España sus posesiones americanas. El incidente, que traería tan terribles consecuencias, se produjo cuando un guardacostas español, La Isabela, al mando del capitán Juan de León Fandiño, apresó a un capitán contrabandista británico, Robert Jenkins, y supuestamente en castigo le cortó una oreja al tiempo que le decía: «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».[cita requerida]
Tradicionalmente a esta guerra se le conoció en Gran Bretaña como "The Spanish War". Se popularizó el término "War of Jenkins' Ear", ideado por el escocés Thomas Carlyle, tras la publicación en 1858 de su obra History of Friedrich II (en cuyo libro XI, cap. VI se emplea por primera vez la expresión).[cita requerida]
No hay ninguna evidencia de que Jenkins compareciera en el Parlamento británico.
Iniciando las hostilidades en noviembre de 1739, el vicealmirante Edward Vernon atacó con seis buques la plaza de Portobelo en el istmo de Panamá. La plaza estaba defendida por tan solo setecientos hombres, por lo que el éxito de Vernon fue absoluto (este suceso da nombre a la calle Portobello Road, en Londres y además se compuso el famoso himno Rule, Britannia! conmemorando esa victoria). Mientras, las fuerzas del comodoro Anson, con el navío Septentrión y dos buques menores acosaban las colonias del Pacífico Sur, como maniobra de distracción, pero sin producir daños apreciables. Como fin último, Anson tenía la misión de apoyar desde la costa del Pacífico una futura operación militar en el istmo de Panamá que tendría como objetivo cortar las comunicaciones terrestres entre el Virreinato de Nueva Granada y el de Nueva España, para iniciar acto seguido la conquista británica de Nueva Granada.
Tras ese triunfo inicial, Vernon, envuelto en un clima de euforia, y azuzado por la opinión pública británica y por las incendiarias proclamas del joven parlamentario William Pitt, decidió dar un golpe decisivo, para lo que reunió una formidable flota de ciento ochenta y seis buques, con veintisiete mil seiscientos hombres, armada con dos mil cañones, que salió desde Port Royal (Jamaica) y fondeó a principios de marzo de 1741 junto a la costa de Cartagena de Indias, la ciudad más importante del Caribe, a la que llegaban todas las mercancías del comercio entre España y las Indias, incluyendo los tesoros extraídos de las minas de Potosí (actual Bolivia) y el Perú.
Cuando el virrey de la Nueva Granada, mariscal de campo Sebastián de Eslava, tuvo conocimiento de la venida en fuerza de Vernon para tratar de conquistar Cartagena, como la plaza se hallaba sin gobernador militar, decidió tomar personalmente el mando de la defensa por lo que el teniente general de la Armada, Blas de Lezo, jefe del apostadero y escuadra (seis navíos de línea) quedó como su inmediato subordinado.
En una carta fechada en Portobelo el 27 de noviembre de 1739, Vernon comenta a Lezo que ha dado un excelente trato a los prisioneros a pesar de que no lo merecían. Lezo le responde en carta fechada el 24 de diciembre del mismo año a bordo del Conquistador en un tono seco, arrogante y desafiante, y se despide de él no sin antes espetarle:
El militar español Francisco Javier Membrillo Becerra estima las fuerzas defensoras en 2250 soldados e infantes de marina y 900 milicianos, totalizando 3150 combatientes. En cambio, Cesáreo Fernández Duro calculaba que eran 1100 hombres de tropa regular de los batallones España y Aragón, 300 milicianos, dos compañías de negros y mulatos libres y 600 indios flecheros que servían como trabajadores. A estos se sumaban 600 marineros y 400 infantes de marina en los seis navíos de línea en el puerto, totalizando 4000 hombres según los reportes españoles de la época. Por su parte, el marino español Enrique Zafra Caramé estima a las fuerzas defensoras en 3200 soldados, marineros e indios flecheros.
Los navíos presentes eran el Galicia (70 cañones y buque insignia), el África (60), el San Felipe (60), San Carlos (66), Conquistador (66) y Dragón (60).
En su Diario, el propio Blas de Lezo mencionaba que los británicos tenían 12 000 a 14 000 «hombres de desembarco», es decir, tropas terrestres. Según este documento y una lista firmada por el mayor inglés Henry Balhunsy, la infantería de marina se organizaba en nueve regimientos y el ejército británico en otros dos. A estos se sumarían 800 hombres de la guarnición de Jamaica y 160 artilleros mencionados en otra lista y 3200 milicianos de Virginia y las Carolinas según cartas de las colonias francesas. De este modo, el profesor Jorge Cerdá Crespo estima que el número de tropas para el desembarco no era inferior a 14 000 y no superior a 16 000.
Por su parte, el escritor escocés Robert Beatson reduce las cifras: los regimientos del ejército sólo eran dos, el 15.º y el 24.º, unos 2000 soldados, y los de la infantería de marina seis, unos 6000 marines. Se les sumaban 1000 artilleros y destacamentos de otros regimientos, 2500 milicianos del regimiento Americano y 500 negros para alcanzar los 12 000 hombres dirigidos por el mayor general Charles Cathcart y los brigadieres Thomas Wentworth, John Guise y William Blakeney. Si se les suman las tripulaciones de los 29 navíos de línea (8 de 80 cañones, 5 de 70, 14 de 60 y 2 de 50), 22 fragatas, 7 brulotes, 2 bombardas y 2 barcos hospitales alcanzarían los 27 398 expedicionarios. Respecto de la tripulación de la flota, eran 15 398, sin incluir dos navíos que llegaron hasta Jamaica y no participaron del asedio.