El término sinhogarismo, es un neologismo y anglicismo del inglés homelessness, sin embargo vale hacer la desmabiguación sobre el término de poblaciones callejeras , personas en situación de calle y abandono social, el cual es integrado por un grupo social diverso compuesto por niñas, niños, jóvenes, mujeres, hombres, familias, personas mayores, personas con discapacidad y otras con diferentes problemas de salud y adicciones. Todo el mundo puede acabar en una situación de sinhogarismo.
Es una problemática de múltiples causas pero también de factores estructurales, que tiene su origen en causas políticas, sociales y económicas que obstaculizan o impiden el acceso a la vivienda y a un empleo.
Las poblaciones callejeras se constituyen como un sujeto histórico que construye una identidad cultural resultado de la exclusión social. No tener garantía de acceso a servicios básicos como ducha, inodoro, comida caliente o Internet; o no poder guardar documentación y pertenencias en un lugar seguro siempre que lo necesiten también repercute en todos los ámbitos de la vida. Lo que hace más difícil mantener unos hábitos saludables, una alimentación adecuada, o contactos socioafectivos con otras personas, no sólo es el estatus de la vivienda, sino a la condición general que conlleva un fenómeno asociado al de la pobreza extrema.
Se refiere al fenómeno social de las personas que carecen de un lugar permanente para residir y que se ven obligadas a vivir a la intemperie, ya sea en la calle, en los portales de viviendas o temporalmente en albergues, normalmente a causa de una ruptura encadenada, brusca y traumática de sus lazos económicos, familiares y sociales.Generalmente, esta condición va acompañada además de la carencia de un medio de vida.
Debemos desterrar palabras como indigentes, vagabundos o mendigos que estereotipan y culpabilizan a las personas sin hogar. Sin embargo a lo largo de la historia las personas que se hallan en estas condiciones han recibido distintos nombres, entre otros los siguientes:
habitantes de calle o habitabilidad de calle
Se suele insistir en que las razones por las que estas personas se encuentran en esta situación son rupturas de lazos de cuatro tipos:
Ruptura de lazos familiares y personales. No tienen una relación habitual o no mantienen ya ningún contacto con su familia directa e indirecta. Puede deberse a la muerte de uno o varios miembros, a una pelea familiar, a la distancia que les separa, a una adicción, a una enfermedad o trastorno físico o mental, etcétera.
Ruptura de lazos laborales. Las personas sin hogar no tienen empleo o no tienen un empleo fijo que les proporcione ingresos estables. Aunque, probablemente, lo tuvieron. Se calcula que un 10 % de estas personas tiene incluso estudios universitarios.
Ruptura de lazos sociales. La persona sin hogar (antes o después de serlo) puede perder sus amigos o puede tener dificultades institucionales (problemas judiciales o con la policía). Puede ser un proceso gradual o una ruptura brusca porque sus amigos le den la espalda al no aceptar su situación.
En psicología suele denominarse a estos acontecimientos sucesos vitales estresantes. Se trata de rupturas que pueden y suelen caracterizarse por tres rasgos:
Son encadenadas, es decir, una ruptura puede conducir a otra. Por ejemplo, la pérdida del trabajo puede provocar que la persona pierda los lazos familiares o, a la inversa, una fuerte ruptura familiar (por una muerte, una pelea, un maltrato, una adicción) le lleva a la persona a perder también el trabajo por no poder realizarlo correctamente debido a sufrir una profunda depresión.
Son traumáticas. Provocan un alto sufrimiento psicológico en la persona, de manera que su voluntad puede verse de tal manera debilitada que no encuentra motivación para volver a rehacer sus lazos y llevar una vida digna. Además, la vida en la calle suele agravar aún más esta apatía.
Son bruscas. Puede que la persona haya vivido varios grandes traumas encadenados y alejados en el tiempo durante su vida, pero probablemente uno de ellos le lleva directamente a la calle. Es decir, vivir en la calle no es algo meditado, sino una solución precipitada para alejarse del dolor o la única opción tras ser expulsada de su lugar de residencia habitual.
Situación de las personas sin hogar por país
Según cifras del Ministerio de Planificación y Cooperación, en Chile existían 12 423 personas viviendo en «situación de calle» en 2011, incluidos 785 menores de edad. El 84 % de los catastrados correspondía a hombres. La mayoría (46,5 %) se concentraba en la Región Metropolitana de Santiago, seguida de la Región de Valparaíso (8,0 %) y la Región del Biobío (7,1 %). En 2003 la cifra llegaba a 7254 personas, mientras que en 2010 la cifra fue de unas 15 mil personas.
El gobierno de Chile ha trabajado constantemente con las organizaciones de la sociedad civil para visualizar una pobreza no contemplada por las políticas sociales. Asimismo, ha trabajado para adecuar las políticas de protección social existentes —vía Chile Solidario— a las particularidades de la población.
Cabe mencionar que el último censo nacional del año 2024 de la población de Chile arrojo la cifra de 21.750 personas en situación de calle.