El Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA) es una asociación sindical, profesional y mutual de la Argentina que reúne a los trabajadores cinematográficos de todo el país. Fue fundado el 7 de septiembre de 1948.
Con la llegada del sonido en 1931, nuestro cine terminó de erigirse en una auténtica industria nacional de consumo masivo y popular, y en la década siguiente, con el nacimiento de los estudios de cine, la producción de películas aumenta en forma considerable. Esta situación se ve favorecida por la merma en la producción de cine extranjero durante la Segunda Guerra Mundial, que lleva a una mayor difusión del cine nacional en el continente americano, especialmente en los países de habla hispana.
En esos años, una quincena de estudios, de entre los que cabe destacar a Sono Film, San Miguel, Mapol y Lumiton, concentra la producción nacional llegando a generar 4.000 puestos de trabajo estables. Al igual que en otras ramas de la producción, en el industria cinematográfica los trabajadores a menudo eran sobreexigidos por productores y directores, alcanzando a cumplir jornadas laborales de 20 hs. No existían descansos ni horas extras ni comidas. Por esos años llega a ser común la escena de trabajadores durmiendo en los estudios durante la noche para retomar el rodaje al día siguiente y los conflictos entre trabajadores y productores se vuelven cotidianos.
Con la llegada de Juan Domingo Perón al escenario político esta situación conflictiva cobra otro color. El apoyo a los trabajadores desde el Estado se suma al particular interés del peronismo por el cine. El 5 de enero de 1944 el gobierno publica el decreto 21344 (luego se convertiría en ley 12.999) por el cual se fijaban cuotas de pantalla y porcentuales para la exhibición en las salas de cine nacional. En ese clima surge la Asociación Gremial de la Industria Cinematográfica Argentina (AGICA). El 2 de septiembre de 1944 se constituye la primera Comisión Directiva con Francisco Hipólito Uzal, un empleado de Lumiton, al frente. La lucha por las condiciones laborales se inicia de inmediato; pronto vendrá otra lucha, por la supervivencia del cine argentino. Pero los primeros dos reclamos de AGICA hacia los productores son una tabla que determine sueldos mínimos y un reglamento que ordene las relaciones y condiciones de trabajo. Una de las mayores conquistas de aquel primer momento la constituye la elección de los delegados por estudio y por película, arrebatándole a los jefes de producción la resolución de los problemas entre trabajadores y patrones.
El contexto internacional de ese período, dominado por la Segunda Guerra Mundial, significó una reducción de los stocks de película virgen, que se fabricaba en los Estados Unidos. Durante la guerra, la necesidad de película para realizar reconocimientos aéreos y cartográficos hizo que la producción se destinara hacia las guarniciones militares reduciendo la disponibilidad de dicho material en los estudios cinematográficos. Una vez terminado el conflicto bélico, los Estados Unidos pasaron a dominar la situación internacional y convirtieron al comercio en una herramienta de su política exterior. Los estadounidenses, entonces, decidieron castigar la neutralidad argentina en la Segunda Guerra con la restricción de película virgen al país, al tiempo que incrementaban sus envíos hacia países aliados como México, Cuba y Venezuela.
Como en tantas ocasiones, la industria argentina debió afrontar la escasez apelando al ingenio y la improvisación. “Por abajo”, se hicieron varias maniobras de contrabando para ingresar película sobrante desde México y Venezuela vía Chile. En paralelo, Laboratorios Alex y Lumiton, con distintos procedimientos cada uno, sometieron el material usado a procesos de lavado y reemulsionado para obtener, agregando nitrocelulosa líquida aportada por Fabricaciones Militares, celuloide positivo. AGICA toma parte activa en el conflicto a través de la publicación de solicitadas en los diarios y a partir de acciones directas concretas. El 4 de julio del '45, el día de la independencia estadounidense, unos 1500 afiliados de AGICA marchan hasta la embajada de los Estados Unidos y piden que los reciba el embajador. Junto a su esposa, el embajador Spruille Braden hace pasar a los representantes gremiales y escucha su reclamo de mayores cantidades de celuloide para el país. Su única respuesta es que no vendrá un solo metro de película mientras no sea derogado el decreto 21344 de protección del cine argentino.
Apoyados por los intereses estadounidenses, los exhibidores se niegan a cumplir con la cuota de pantalla para el cine nacional establecida por el decreto, aduciendo que las películas argentinas no convocan al público. Las denuncias de AGICA provocan la clausura de varias salas y la aplicación de multas. Este tira y afloje entre el Estado y los exhibidores durará algunos años pero 1945 constituye el de mayor tensión debido al traslado del conflicto político al terreno de la industria cinematográfica. Con Perón electo presidente en 1946 con el 56% de los votos y tras la salida del país de su mayor opositor, Braden, la estrategia norteamericana es la de descomprimir y la entrada de película virgen tiende a recomponerse. En los años que siguen la producción nacional de films va aumentando: de 24 producidas en 1944 se llega a un pico de 56 en 1950. Durante sus casi cuatro años de vigencia AGICA consigue firmar los primeros convenios globales para los trabajadores cinematográficos. La lucha colectiva y las conquistas contribuyen a conformar la unidad de los trabajadores por encima de la diversidad ideológica: en el gremio convivían peronistas, radicales, socialistas y comunistas.
En el año 1948, Raúl Apold asume como Director de Espectáculos y suscribe un convenio entre productores y exhibidores por el cual se recargan en 10 centavos las entradas de cine con el fin de destinar ese aumento al fomento de la actividad cinematográfica. En ese mismo año, a raíz de una medida de fuerza, AGICA pierde su personería gremial. De inmediato se crea SICA. En 1950 la cuota de fomento al cine aumenta a 40 centavos por entrada, de los cuales se destinan fondos para sostener el Sindicato y la Obra Social. Más adelante, en septiembre de 1953, se inaugura la actual sede de Juncal 2029 en reemplazo de la vieja casa de Bernardo de Irigoyen.
El fin de los estudios de cine
Caído Perón en 1955, la dictadura de Aramburu le abre las puertas al cine extranjero de forma indiscriminada. También se liberaliza el mercado de película virgen, se suspenden los créditos y se deja caer el sistema de fomento a la industria cinematográfica local. Estas políticas terminan por precipitar un cambio estructural profundo: la desaparición de los grandes estudios de cine. Lumiton se convierte en un galpón de la marca Levi's, Film Andes (de Mendoza) pasa a albergar a la firma Mendoza Refrescos, el edificio de Mapol es adquirido por Molinos Río de la Plata. Con la caída de los estudios se generalizan prácticas laborales que antes representaban casos aislados como el empleo transitorio y el retraso sistemático en el pago de salarios. En la práctica, desaparece la figura del delegado y la actividad sindical se retrae dejándole el terreno libre al avance de los productores que comienzan a nuclearse en asociaciones empresariales.
En 1957 se promulga la ley 62, que crea el Instituto Nacional de Cinematografía (INC) y establece nuevas cuotas de pantalla para el cine argentino y un impuesto del 10% sobre la entrada de cine para el Fondo de Fomento Cinematográfico. Una vez más, los exhibidores se resisten a cumplir con la ley. Argumentan que es inconstitucional porque vulnera el derecho a disponer del propio patrimonio y suspenden todos los estrenos de films nacionales.
A raíz de esto surge la Unión del Cine Argentino, donde confluyen técnicos, actores, directores, autores, compositores y productores en defensa de la producción nacional. En una solicitada en el diario La Nación de julio del '57 esta agrupación denuncia que “en lo que va del año se han estrenado más de 500 películas extranjeras y ni una sola argentina”. El 10 de ese mismo mes los miembros de la Unión marchan hasta la sede del INC, en Junín al 1200, y toman el edificio en reclamo de que se cumpla la ley. Tras algunas gestiones del titular del INC, Antonio Aíta, todo parece estar a punto de solucionarse. Los estrenos nacionales suspendidos se concretan y se recobra cierta calma. Pero un mes después, en agosto, los exhibidores vuelven a rechazar la ley y publican un compendio de los números de entradas vendidas de todos los estrenos bajo el título “El público argentino dijo no”. En respuesta a este nuevo atropello de los exhibidores la Unión del Cine Argentino convoca a una asamblea en el teatro Presidente Alvear a la que asisten miles de técnicos, actores, productores y directores. Finalmente, una nueva mediación entre las partes permite arribar a un acuerdo por los términos de exhibición hasta junio del año siguiente.