Silvina Berenguer Gómez (Valencia, 29 de junio de 1965) es una pintora española. Hija del también pintor Juan de Ribera Berenguer, es actualmente el último eslabón de una larga saga de artistas valencianos.
Licenciada por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, de la Universidad Politécnica de Valencia (1983-1988). Premio Senyera de Pintura, Ayuntamiento de Valencia, 1994.
Olga Real, definía sus cuadros, como: colección de retratos imaginarios de personal concepción. Obra expresiva, casi tremendista; galería de tipos solitarios, con paisajes de fondo, densos de materia, particular visión del mundo que la rodea.
Antonio Martínez, por su parte, opinaba que su obra es: como una especie de homenaje a la alucinación. Todos sus personajes participan de esa especie de fiebre alucinatoria. Y también sus objetos, tantas veces fantasmales o fantasmagóricos. Hay algo de irrealidad, trascendida, no buscada, hallada, sublimada. Convierte en aventura alucinante o alucinatoria cuanto pinta. Sus criaturas parecen asustadas de sí mismas; muertos vivos o durmientes despiertos.
A finales del siglo XX, Francisco Agramunt, escribía: recrea en sus pinturas un mundo muy personal a base de ambientes cotidianos y familiares repletos de misterio, lirismo y ensoñación, en el que seres y objetos extraños configuran un orden teatral, de profundo contenido surreal, que provoca la perplejidad del espectador.
Carmen Pallarés comentaba en ABC, "Silvina Berenguer con su indudable éxito expresivo, compone, en apariencia, según los dictados de órdenes internas presididas por la veleidad y eso, también, realza la personalidad del resultado de su visión; posee un instinto particularísimo para el uso del color, consiguiendo una belleza que provoca el estremecimiento, incluso refuerza a veces la sensación de una acertada aleatoriedad; y finalmente, puede decirse que sus obras aman más y dependen más de la literatura que de la pintura, lo que ahonda su capacidad puramente plástica"
Javier Rubio Nomblot escribía, "Silvina Berenguer se ha distinguido siempre por lo personal de su mundo y la rotundidad de su lenguaje: un mundo de interiores mágicos y personajes absolutamente románticos y soñadores y un lenguaje sumamente eficaz, que ella domina a la perfección, hecho de homenajes a la pintura flamenca, a la metafísica. Su obra seduce por la pureza de esa luz, por la belleza de los colores y por la paz que reina en sus irreales escenarios; inquieta por la quietud de las azules estancias, por sus símbolos y signos, por la expresión de los grandes ojos de sus personajes y por esas extrañas perspectivas falseadas que, de nuevo, nos remiten al gótico."
María Ángeles Arazo decía en Las Provincias de Valencia, "a lo largo de la pintura descubre su imaginación tan poética como surrealista. Desde aquellos lienzos de las primeras exposiciones, cuando las niñas pensativas y un poco tristes se subían a una silla para contemplar el horizonte con tanta ansiedad como temor, a las jóvenes de hoy, sentadas al borde de una fortaleza, llenas de dudas, preguntándose si el ala (no disponen de dos) les bastará para navegar por el espacio soñado, existe una autobiografía pictórica y creativa. A la niña sucedió la adolescente que descubrió jardines de flores imposibles, bebió en las fuentes prerrafaelistas y, con el pudor de todo lo que se idealiza, aparecieron también muchachos que ofrecían su mano para caminar juntos. Nos mostraba en los grandes lienzos su particular visión de un mundo que jamás sabíamos si tenía los colores del amanecer, en malvas y azules, o del ocaso que declinaba en tonos rosados y grises. La pintora, con riguroso dominio de la composición y estudio del cuerpo humano, ha ido desnudando brazos, hombros y espaldas de sus criaturas, de sus ángeles, que aparecen con el viento de otoño y son capaces -aunque no sean arcángeles- de anunciar serenidad para la espera, confianza en el futuro, la lucha sin heridas, la fuerza para remontar una decepción. Obra pictórica inusual, inconfundible, para los iniciados en su lenguaje de símbolos, para quienes ahondan en la riqueza de sus metáforas que siempre tienden -como ella misma afirma- a enriquecer el alma."
El historiador y escritor Miguel Ángel Catalá Gorgues escribió en su libro "Ángeles y demonios en Valencia", "Los ángeles de Silvina Berenguer (Valencia, 1965) son ángeles actuantes que descienden del cielo, deambulan por la tierra transmitiendo mensajes de paz, sienten la nostalgia de su procedencia edénica o retornan al paraíso luego de haber derramado por doquier gracias abundantes. Herederos de los ángeles del simbolismo y del surrealismo, su muchacha-ángel que esgrime una espada, lejos de herir a nadie anuncia buenas nuevas como el fin de la violencia, el hambre o las guerras, en tanto los arcángeles de sus Anunciaciones expresan, con solo el gesto y la mirada sin palabras, el misterioso binomio espíritu-cuerpo inherente a la naturaleza humana. Custodios del alma y centinelas de luz, su inefable presencia catártica, enigmática, pero nunca inquietante, tranquilizadora más bien, inunda de mística serenidad paisajes oníricos de profundos horizontes impregnados de una iluminación crepuscular en los que predominan aterciopelados verdes, azules y malvas, una experimentación de colores planos especialmente idóneo para indagar en la atmósfera supraterrenal en donde se hacen presentes dichas angelofanías."
Fondos del Museo de la Ciudad. Ayuntamiento de Valencia 1994
Fundación Bancaja. Valencia 2002
Liceo Francés, Valencia, 1988.
Galería El Ensanche, Valencia, 1990.
Galería El Ensanche, Valencia, 1993.
Galería Ra del Rey, Madrid, 1995.
Galería Del Palau, Valencia, 1997.
Galería La Aurora, Murcia, 1998.
Galería Del Palau, Valencia, 1999.