Sergio III (Roma, 860-Roma, 14 de abril de 911) fue el papa 119.º de la Iglesia católica desde el 29 de enero 904 hasta su muerte en 911. Fue papa durante un período de violencia feudal y desorden en el centro de la península itálica, cuando las facciones aristocráticas enfrentadas trataron de utilizar los recursos militares del papado.
Debido a que Sergio III había ordenado el asesinato de sus dos predecesores inmediatos, León V y Cristóbal, y por ser el único papa en tener un hijo ilegítimo que más tarde se convertiría en papa (Juan XI), su pontificado ha sido descrito como «triste y lamentable», y «deficiente y despiadado».
Era el hijo de Benedicto, y tradicionalmente considerado descendiente de una noble familia romana, aunque se ha especulado que de hecho estaba relacionado con la familia de Teofilacto, conde de Tusculum.
Fue ordenado como subdiácono por Marino I y posteriormente fue elevado a diácono por el papa Esteban V.
Durante el pontificado de Formoso (891-896), fue miembro del partido de los nobles que apoyaron al emperador Lamberto, quien se oponía a Formoso y a su candidato imperial, Arnulfo de Carintia.
Formoso consagró a Sergio como obispo de Caere (actual Cerveteri) en 893, al parecer, con el fin de sacarlo de Roma.
A la muerte de Formoso en 896 dejó de ser obispo de Caere, ya que todas las ordenaciones conferidas por Formoso fueron declaradas nulas y sin efecto por su sucesor Esteban VI.
Participó activamente en el llamado Concilio Cadavérico, que Esteban VI convocó para condenar el pontificado de Formoso, pero acabaría provocando la ruina de este pontífice.
Algo más tarde, Teodoro II restableció todo lo deshecho por Esteban, y reconfirmó como válida la ordenación episcopal de Sergio.
Con la muerte de Teodoro en 898, Sergio junto con un pequeño grupo de seguidores de la nobleza romana dirigida por su padre Benedicto, intentó ser elegido papa en contra de los deseos del emperador Lamberto.
A pesar de que Sergio sí fue elegido, también se eligió un candidato rival, Juan IX (898-900). Con el apoyo de Lamberto, Juan fue proclamado papa y uno de sus primeros actos fue convocar un concilio que excomulgó a Sergio y sus seguidores. Sergio fue entonces exiliado por la fuerza por Lamberto, huyendo a su sede en Caere, en la que se puso bajo la protección de Adalberto II, margrave de Toscana.
En el momento en que el antipapa Cristóbal (903-904) tomó la silla de San Pedro por la fuerza, las circunstancias habían cambiado en Roma con el ascenso del magister militum Teofilacto, conde de Tusculum, que había sido destinado a Roma por el emperador Luis «el Ciego» en 902. Colocándose a la cabeza de una facción de la nobleza, Teofilacto se rebeló contra Cristóbal y le pidió a Sergio volver a Roma para convertirse en papa. Sergio aceptó y, con el respaldo de la armada de Adalberto II, entró en Roma cuando Cristóbal ya había sido apresado por Teofilacto. A continuación, Sergio fue consagrado papa el 29 de enero de 904.
El ahora papa Sergio III debía su ascenso al poder político a Teofilacto, y lo recompensó con la posición de sacri palatii vestararius, funcionario principal del mecenazgo papal en el control de los desembolsos y por lo tanto del patrocinio. Todo el poder real recaía en Teofilacto y Sergio esencialmente se convirtió en su marioneta. Tal vez el primer signo claro de este cambio en el poder fue el destino de los dos predecesores de Sergio, el papa León V y el antipapa Cristóbal. De acuerdo con el sacerdote y poeta Eugenio Vulgarius, el cual apoyó a Formoso, Sergio ordenó la estrangulación de León y Cristóbal mientras estaban en prisión en algún momento a principios de 904. El hecho que ambos hombres fueron asesinados durante el pontificado de Sergio parece probable, aunque otros relatos cuentan que al menos a Cristóbal se le permitió retirarse a un monasterio. Teniendo en cuenta la verdadera situación del poder, parece más probable que sea Teofilacto quien dio las órdenes directamente o que él guiara a Sergio para que las diera. Durante el resto de su pontificado, Sergio promovió a su familia y miembros de su partido aristocrático a posiciones de autoridad y prominencia dentro de la iglesia.
Durante su pontificado Guillermo I de Aquitania, El piadoso, duque de Aquitania y conde de Auvernia, fundó la abadía de Cluny, residencia matriz de la nueva orden de Cluny en 909. Guillermo concedió todos los derechos sobre la abadía a la iglesia de Roma.
Convocó un concilio que anuló todas las ordenaciones de Formoso y exigió a todos los obispos ordenados por Formoso que sean reordenados. Se ha alegado que Sergio logró obtener el consentimiento del clero romano en el concilio mediante amenazas de exilio, violencia o mediante el uso de soborno. La decisión de exigir una reordenación fue muy impopular, y los afectados al estar distantes de Roma no sólo ignoraron las instrucciones del concilio sino que también escribieron cartas donde condenaban la revocación de las ordenaciones y justificaban la validez de las ordenaciones originales. El fallo fue nuevamente revertido posteriormente después de su muerte.
Confirmando su continuo apoyo a la facción anti-Formoso, Sergio honró al asesinado Esteban VI (896-897), responsable del «Concilio Cadavérico» que condenó y mutiló el cadáver de Formoso, y mandó a escribir un epitafio laudatorio en su lápida. Durante siglos se creía que Sergio exhumó una vez más el cadáver de Formoso para ser juzgado, declarado culpable, y decapitado, por lo tanto, habría realizado un segundo «Concilio Cadavérico». Sin embargo, la fuente de esta información era Liutprando de Cremona, quien colocó erróneamente el «Concilio Cadavérico» en el pontificado de Sergio III, en lugar del de Esteban VI.
A pesar de que tanto Sergio como Teofilacto no apoyaban al emperador Luis, tampoco estaban dispuestos a concederle el título imperial al único otro contendiente, Berengario de Friuli. En la única ocasión que Sergio accedió coronar a Berengario fue alrededor de 906, aunque Berengario fue impedido de llegar a Roma por las fuerzas de Alberico I de Spoleto y Adalberto II de Toscana, partidarios de Sergio pero disconformes con su decisión de apoyar a Berengario, aunque la falta de voluntad de este para controlar a sus vasallos también contribuyó a la renuencia del Papa. Cuando Albuino, margrave de Istria comenzó a tomar territorio papal bajo el control de Juan, arzobispo de Rávena en 907, Sergio escribió a Albuinus pidiéndole que desistiera. Cuando Sergio fue ignorado, el papa escribió al obispo de Pola en 910 lo siguiente:
Reconstruyó el palacio de Letrán, que había sido destruido por un terremoto en 896 y luego despojado de sus tesoros por el antipapa Cristóbal. Lo reformó con objetos, imágenes y crucifijos, y decoró sus paredes recién construidas con frescos.