Tal Día como Hoy

Serbia

País de Europa del Sur

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Serbia​ (en serbio: ), oficialmente República de Serbia (), es un país soberano, constituido en Estado social y democrático de derecho y cuya forma de gobierno es la república parlamentaria. Situado en la península balcánica, en el sureste de Europa, sin litoral, según su Constitución, limita con Hungría al norte; con Rumania y Bulgaria al este; con Macedonia del Norte y Albania al sur; y con Bosnia y Herzegovina, Croacia y Montenegro al oeste.​​ Su capital y ciudad más poblada es Belgrado.

Serbia formó un reino medieval que evolucionó hasta convertirse en un imperio que alcanzó su máxima extensión en el siglo XIV. En el siglo XV, el territorio serbio fue conquistado por el Imperio otomano, al que perteneció hasta el siglo XIX, cuando Serbia recuperó su independencia y expandió su territorio. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, Serbia formó junto con otros territorios balcánicos el Reino de Yugoslavia. Después de la Segunda Guerra Mundial, pasó a ser parte de la República Federal Socialista de Yugoslavia, que terminó desintegrándose tras una serie de guerras en la década de 1990. Finalmente, Serbia se convirtió de nuevo en un Estado independiente en 2006, tras la disolución de la unión de Serbia con Montenegro.

El 17 de febrero de 2008, el Parlamento provisional de Kosovo, provincia sureña serbia de mayoría étnica albanesa, declaró su independencia de Serbia de forma unilateral. Dicha independencia no es reconocida por el Gobierno serbio, que considera a Kosovo una provincia autónoma propia —denominada oficialmente Provincia Autónoma de Kosovo y Metojia— bajo la administración de Naciones Unidas.

Serbia es miembro de Naciones Unidas, de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y del Consejo de Europa, cuya presidencia ostentó en 2007. Es uno de los potenciales candidatos para la futura membresía de la Unión Europea y un país militarmente neutral.​

El nombre de Serbia (Srbija, o «tierra de los serbios») le viene dado por sus más antiguos pobladores eslavos, los serbios (srbi), cuyo origen es incierto. De acuerdo con la Crónica de Néstor, historia del primer Estado eslavo oriental, los serbios se encuentran entre los cinco primeros pueblos eslavos que fueron conocidos por su nombre moderno.​

Se cree que los serbios son mencionados por primera vez por Claudio Ptolomeo en el siglo II, en su Geographia (libro 5, 9.21), para designar a los Serboi, una tribu que habitaba en Sarmacia, probablemente al norte del Cáucaso, junto al bajo Volga,​ o junto al mar Negro.​ Contemporáneos de Ptolomeo, como Tácito y Plinio el Viejo (Naturalis Historia, VI) se refieren también a los Serboi en las inmediaciones del Cáucaso.​

Una de las hipótesis más aceptadas es la de que los sorbios o sorabos (Serbja en alto sorabo) que habitan Lusacia comparten ascendencia con los serbios (en idioma serbio, sorbio se dice Lužički Srbi, o serbio de Lusacia).​ Según esta hipótesis, los eslavos serboi que en el siglo V partieron del Cáucaso hacia Europa son los ancestros comunes de serbios y sorbios, que se dividieron en dos grupos.​ Uno de los grupos (los antepasados de los serbios), conocido como los serbios blancos (beli srbi), emigró a los Balcanes hacia 610-626 encabezado por el Arconte Desconocido.​ Por su ayuda al emperador Heraclio en sus luchas contra los ávaros, este les permitió establecerse en un área de la provincia de Macedonia, próxima a la actual ciudad griega de Servia. Posteriormente, se produjo su expansión hacia el norte.​

Las culturas de Vinča y Starčevo fueron las primeras civilizaciones neolíticas en la zona que hoy ocupa Serbia, entre el vii y el iii milenio a. C.​ El yacimiento arqueológico más importante de esta época es Lepenski Vir. Las más antiguas civilizaciones paleobalcánicas que habitaron la zona antes de la conquista romana, llevada a cabo en el siglo I a. C., fueron los ilirios, tracios, dacios y celtas. Los celtas construyeron muchas fortificaciones, y se les atribuye la fundación de muchas ciudades modernas en Serbia, como Kalemegdan (Singidunum, Belgrado).​ Los griegos llegaron en su expansión al sur de la Serbia moderna en el siglo IV a. C., alcanzando el punto más septentrional del imperio de Alejandro Magno. La Serbia contemporánea comprende (en total o en parte) las provincias clásicas de Mesia, Panonia, Praevalitana, Dalmacia, Dacia y Macedonia. La ciudad norteña de Sirmium fue una de las capitales del Imperio romano, durante la tetrarquía.​ También se han encontrado importantes vestigios en Viminacium. Al menos diecisiete emperadores romanos nacieron en la región que ahora ocupa Serbia.​

Reinos medievales e Imperio serbio

En el año 395, el Imperio romano de Oriente, en el que estaba incluida la península balcánica, se transformó en el Imperio bizantino. Entre el año 500 y el 700 comenzaron a llegar los primeros eslavos, procedentes del norte de los Cárpatos, hacia la región comprendida entre el Danubio y el mar Adriático.​ Tras ayudar a los bizantinos contra intentos de invasión de los ávaros, y liderados por el Arconte Desconocido,​ los primeros protoserbios, procedentes de Sorabia,​ recibieron autorización por parte del emperador Heraclio para establecerse en la provincia de Macedonia, para migrar después hacia el norte.​

Las distintas tribus que fueron poblando la zona desde principios del siglo VII, se unieron en 845 para formar Rascia, un Estado medieval dentro del Imperio bizantino, y formado por los actuales sudeste de Serbia, Kosovo y parte de Montenegro.​ Su definitiva cristianización tuvo lugar entre 867 y 869, cuando el emperador bizantino Basilio I envió sacerdotes, después de que el Knez Mutimir reconociese la soberanía bizantina. A lo largo del siglo XI, el gran župan de Rascia, Stefan Nemanja, se anexionó Zeta, Doclea y territorios adyacentes para formar el primer gran reino serbio.​ Sus sucesores, especialmente Stefan II Nemanjić, Stefan Dragutin, Stefan Uroš II Milutin y Stefan Uroš III Dečanski ampliaron aún más su territorio.

En 1346, el zar Stefan Uroš IV Dušan, hijo de Stefan Uroš III, proclamó el Imperio serbio. Durante su gobierno, Serbia alcanzó su punto álgido territorial, convirtiéndose en uno de los Estados más grandes de Europa.​ Dušan fue sucedido como emperador por su hijo Stefan Uroš V quien, debido a su juventud e incompetencia para mantener un dominio sobre el imperio creado por su padre, provocó su fragmentación en un conglomerado de principados. Stefan murió sin hijos, en diciembre de 1371, después de que gran parte de la nobleza serbia fuera destruida por el emergente Imperio otomano en la batalla de Maritza a principios de ese año.​ El noble Lazar Hrebeljanović asumió el liderazgo del reino serbio, y en 1389 formó un gran ejército con toda la nobleza serbia para detener el avance de los otomanos, pero estos les derrotaron en la batalla de Kosovo.​ Con la caída de Belgrado en 1521, todo el imperio quedó bajo la soberanía otomana, siendo el Despotado de Serbia, que cayó en 1459, el último bastión de resistencia.

El período de dominio otomano significó una gran represión para los serbios, que además fueron obligados a convertirse al islam, por lo que se produjo un gran éxodo de población hacia el norte. Gran parte de la misma huyó hacia el Sacro Imperio Romano Germánico, donde el emperador Leopoldo I acogió a buena parte de ellos en la actual Voivodina. Tras la guerra austro-otomana de 1716-1718,​ esta zona logró independizarse de los otomanos, como reino bajo la soberanía de los Habsburgo, pero lo reconquistaron en 1739, tras la guerra de 1736-1739.​

El descontento serbio con la administración otomana dio lugar a la Primera Insurrección Serbia de 1804, cuando Đorđe Petrović, Karađorđe, encabezó una revuelta que fue aplacada en 1813, y que trajo consigo una gran represión.​

En 1815 estalló la Segunda Insurrección Serbia, liderada por el príncipe Miloš Obrenović. Aunque los turcos sofocaron la rebelión en 1817, Serbia ganó una cierta autonomía bajo la soberanía otomana, con Obrenović en el poder como príncipe y gobernante absoluto. Nació así el Principado de Serbia. Los decretos del sultán de 1830 y 1833 ampliaron sus derechos sobre un territorio más amplio, y permitieron establecer en Belgrado un patriarcado de la Iglesia ortodoxa serbia, independiente del Patriarcado de Constantinopla. La condición de Rusia como garante de la autonomía de Serbia fue también importante.​

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