La selva misionera es una formación vegetal neotropical del bosque atlánticoubicada en la provincia de Misiones, y una pequeña porción en el extremo nordeste de la provincia de Corrientes (ambas en el nordeste de la Argentina). Es la prolongación en territorio argentino de la selva paranaense, que hasta mediados del siglo XX abarcaba gran parte de lo que hoy son los estados brasileños de Paraná y Santa Catarina, el extremo norte de Río Grande del Sur, y el este del Paraguay. La selva misionera se encuentra en el corredor verde de Misiones.
Es una de las regiones más biodiversas de la Argentina, con alrededor de 3.000 especies de plantas vasculares y 500 especies de aves. Es el hábitat del yaguareté y el lugar donde se concentra la mayor cantidad de ejemplares de esta especie en la Argentina.
La selva misionera es una selva subtropical con veranos muy calurosos e inviernos relativamente frescos. Es una formación vegetal beneficiada por suelos muy ricos en materia orgánica, mucho sol y clima cálido y perhúmedo (más de 3000 mm de precipitaciones al año). Posee una foresta densa y exuberante. En las latitudes tropicales, la selva misionera mantiene gran parte de las características de una pluvisilva tropical con zonas semejantes a la laurisilva y abundantes latifoliadas.
Se la considera un sumidero de carbono, concentrando 920.995 Gigagramos (Gg) de CO2.
La selva misionera ocupa actualmente un 35% del territorio de la provincia de Misiones. Hasta mediados del siglo XIX la selva cubría la totalidad de la actual provincia. Hacia 1950 la superficie forestal autóctona en Misiones cubría 2.700.000 ha. En la década de los 90 la selva se había reducido en un 44%.
Las causas de la deforestación son la instalación de actividades agrícolas, como las plantaciones de té, tabaco y yerba mate, y las actividades de la industria maderera. La deforestación tuvo varios momentos diferentes, desde las misiones jesuíticas que buscaron instalar prácticas agrícolas y fomentaron el cultivo de la yerba mate, hasta los ideales de civilización y progreso de finales del siglo XIX que veían a la selva como un lugar inhóspito que debía ser conquistado rápidamente para su explotación económica.
Para proteger la superficie forestal existente, se sancionó la ley provincial XVI - N.º 105, Ley de Ordenamiento de los Bosques Nativos, y sus decretos reglamentarios. Estos establecían a 2017 un total de 1.200.000 hectáreas de bosque nativo que no pueden ser deforestadas, encuadrándolas en las categorías I y II de la Ley de Bosque Nativo. El sistema de gestión de recursos protegidos de la selva misionera cuenta con más de 100 unidades diferentes de conservación, entre parques, reservas, monumentos naturales, áreas y refugios de vida silvestre.
El clima de la selva misionera es del tipo subtropical húmedo. Se destaca por altos registros pluviométricos que son resultado de los vientos húmedos provenientes del océano Atlántico. La humedad media relativa varía del 75% al 100%, con importantes rocíos nocturnos. Sin embargo, pese a que la humedad es lo más común, en ciertos años el déficit de lluvias y de humedad en general puede ser tal que la foresta puede muy fácilmente sufrir incendios.
La temperatura promedio anual es de alrededor de 21 °C.
Posee desde valles bajos muy cálidos y húmedos recorridos por los principales ríos hasta un conjunto montañoso de sierras con clima húmedo aunque notoriamente más fresco. Las cumbres de tales Sierras de Misiones, que además de la sierra de Misiones propiamente dicha incluye al ramal de la llamada sierra del Imán, alcanza altitudes en la provincia de hasta 850 m s. n. m. Excepcionalmente, en las cumbres de estas sierras se han producido algunas nevadas nocturnas durante el mes de julio. Debido a este relieve, la formación vegetal tiene pisos altitudinales. En el piso más elevado, el de la meseta misionera (que ocupa el este de la provincia), predominaban genuinos bosques de una conífera de gran porte: el gran cury (Araucaria angustifolia), pero de tales interesantes bosques quedan apenas unos relictos tras la deforestación que en ellos se ha llevado a cabo.
De las zonas altas también es típico el acayú o cedro paranaense (Cedrela odorata) y el ygary (Cedrela fissilis), también llamado cedro misionero; en pisos intermedios prosperan otros árboles gigantes: los perobás o palos rosas (Dalbergia nigra), o el arary, pero todos los árboles citados han sido las primeras presas de los aserraderos precisamente por la gran cantidad y calidad de sus maderas. La selva misionense puede ser llamada propiamente selva en las partes más bajas de los valles al aumentar la variedad de especies, entre las que se cuentan principalmente las especies guatambú amarillo y guatambú blanco, el peteribí, el isipo, el ibope, el jacarandá, el biraró, el ñandubay, el samuhú, el guabiyú, el guayuvirá, el tatané, el pacará o timbó, cecropias como el guapoy y el ambay, yuquerís, pitangas, los helechos arborescentes, el criptogámico "higuerón" o ibapoy (Ficus luschnathiana) y diversas palmeras (como la del palmito).
Principales especies de árboles y arbustos
Principales especies de palmeras
Principales especies de mamíferos
Aguará Guazú (Chrysocyon brachyurus)
Mono guariba o mono aullador marrón (Alouatta guariba)
Oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla)
Nutria gigante (Pteronura brasiliensis)