Tal Día como Hoy

Segunda intervención francesa en México

Invasión a México por Francia en 1861 estableciendo el Segundo Imperio mexicano

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La segunda intervención francesa en México o segunda guerra franco-mexicana fue una invasión militar de la Segunda República Federal de México por parte del Segundo Imperio francés de Napoleón III que aconteció entre el 8 de diciembre de 1861 hasta el 19 de junio de 1867, supuestamente para forzar el cobro de las deudas mexicanas junto con Gran Bretaña y España. Los conservadores mexicanos apoyaron la invasión, ya que habían sido derrotados por el gobierno liberal de Benito Juárez en una guerra civil de tres años.​​

Derrotados en el campo de batalla, los conservadores buscaron la ayuda de Francia para lograr un cambio de régimen y establecer una monarquía en México, un plan que encajaba con los planes de Napoleón III de restablecer la presencia del Imperio francés en América. Aunque la invasión francesa desplazó al gobierno republicano de Juárez de la capital mexicana y se estableció la monarquía del archiduque Maximiliano, el Segundo Imperio Mexicano colapsó en unos pocos años.​ La ayuda material de los Estados Unidos, cuya guerra civil de cuatro años terminó en 1865, vigorizó la lucha republicana contra el régimen de Maximiliano, y la decisión de 1866 de Napoleón III de retirar el apoyo militar al régimen de Maximiliano aceleró la caída de la monarquía.

La intervención se produjo cuando una guerra civil, la guerra de Reforma, acababa de concluir, y la intervención permitió que la oposición conservadora contra las reformas sociales y económicas liberales del presidente Juárez retomara su causa una vez más. La Iglesia católica, los conservadores, gran parte de la clase alta y la nobleza mexicana, y algunas comunidades indígenas invitaron, dieron la bienvenida y colaboraron con el imperio francés para instalar a Maximiliano como emperador de México.​ Sin embargo, el propio emperador demostró ser de inclinación liberal y continuó algunas de las medidas más notables del gobierno de Juárez. Algunos generales liberales desertaron al imperio, incluido el poderoso gobernador norteño Santiago Vidaurri, que había luchado del lado de Juárez durante la guerra de Reforma.

El ejército francés desembarcó en 1861, con el objetivo de tomar rápidamente la capital, Ciudad de México, pero las fuerzas republicanas mexicanas los derrotaron en la Batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862 ("Cinco de Mayo"), retrasando su marcha hacia la capital durante un año. El ejército imperial francés y mexicano capturó gran parte del territorio mexicano, incluidas las principales ciudades, pero la guerra de guerrillas de los republicanos siguió siendo un factor significativo y el propio Juárez nunca abandonó el territorio nacional. La intervención consumía cada vez más tropas y dinero en un momento en que la reciente victoria prusiana sobre Austria inclinaba a Francia a dar mayor prioridad militar a los asuntos europeos. Los liberales tampoco perdieron nunca el reconocimiento oficial de los Estados Unidos de América a pesar de su continua guerra civil, y tras la derrota y rendición de los Estados Confederados de América en abril de 1865, el país reunificado comenzó a proporcionar apoyo material a los republicanos.

Invocando la doctrina Monroe, el gobierno estadounidense afirmó que no toleraría una presencia francesa duradera en el continente. Ante una creciente combinación de descontento político interno, presión diplomática y la creciente amenaza militar de Prusia en las fronteras de la propia Francia metropolitana, las unidades francesas en México comenzaron a desplegarse en Europa en 1866. Sin un apoyo francés sustancial, el Segundo Imperio Mexicano se derrumbó en 1867. Maximiliano y los dos generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento el 19 de junio de 1867, poniendo fin a este período de la historia mexicana.​

Ciertas disputas con el clero, así como con los diplomáticos de España en México, habían iniciado una cadena de intranquilidades entre México y varios países europeos. Además, las complicaciones económicas causadas por la guerra de Reforma y la Revolución de Ayutla, a pesar de las medidas tomadas por el gobierno para reducir los costos de la guerra (por ejemplo la reducción de las fuerzas militares), forzaron al gobierno a suspender la liquidación de las deudas externas por un periodo de dos años.

España, Reino Unido y Francia formaron una alianza tripartita en octubre de 1861, con el propósito de protestar conjuntamente contra las políticas económicas mexicanas; exigieron el pago de la deuda, aunque, aparentemente, sin la intención de intervenir en los conflictos internos de México. Para presionar al gobierno mexicano enviaron una expedición armada que arribó a Veracruz en enero de 1862.

El ministro mexicano de Relaciones Exteriores Manuel Doblado notificó al general español Juan Prim, a cargo del movimiento tripartita, de las complicaciones económicas del país y logró persuadirlo de que la suspensión de las deudas era algo transitorio. Para los gobiernos de España y Gran Bretaña esta explicación fue suficiente y zarparon de Veracruz una vez concluidas las conferencias diplomáticas del Tratado de La Soledad.

Sin embargo, las tropas francesas se negaron a retirarse, pues Napoleón III tenía intenciones de establecer un Imperio colonial en América e instaurar una monarquía en México desde la que planeaba apoyar a los confederados en la guerra civil estadounidense y disminuir drásticamente el poder de Estados Unidos en la región. Estados Unidos protestó oficialmente por el apoyo de Austria el 6 de mayo.

A su vez, la emperatriz francesa, Eugenia de Montijo (mujer muy influyente en Napoleón III), concibió la aventura mexicana como una revancha contra los perjuicios que recibió el Catolicismo político por la Unificación italiana (el fracaso francés en defender la soberanía de los Estados Papales), pues se percibió la idea de fundar el imperio mexicano como un plan para devolverle a la Iglesia católica un bastión importantísimo en la Geopolítica y las Relaciones Internacionales a nivel global.​

Después de la guerra contra los Estados Unidos surgieron por fin dos partidos políticos con proyectos de nación claros, pero antagónicos. Por un lado Lucas Alaman fundó el Partido Conservador, cuyo programa recogía el principio centralista de la preeminencia del poder central sobre las regiones para lograr la estabilidad del país, a la vez que proponía el gobierno de las clases propietarias, la preservación de los privilegios de la Iglesia católica y del ejército por ser, respectivamente, el vínculo de unión más poderoso entre los mexicanos y una garantía de seguridad nacional, y el desarrollo y modernización de la economía apoyada en una política proteccionista.

Por el otro lado estaba el Partido Liberal, que proponía un sistema federalista y democrático, la creación de una sociedad moderna sin clases privilegiadas y una economía basada en los principios del liberalismo económico.

Ambos proyectos al ser mutuamente excluyentes, entraron en conflicto y llevaron a dos guerras civiles en la década de 1850: la Revolución de Ayutla y la guerra de Reforma (1857-1860).

La alianza tripartita y el desembarco en Veracruz

A raíz de la suspensión de pagos España, Francia e Inglaterra encontraron el pretexto idóneo para intervenir en el gobierno mexicano. El 31 de octubre de 1861, en Londres, las tres naciones suscribieron un convenio por el cual adoptaron las medidas necesarias para enviar a las costas de México fuerzas combinadas de mar y tierra. La intervención tenía el objetivo de cobrar deudas acumuladas desde tiempo atrás y, si bien las demandas no resultaban extrañas, su cumplimiento era difícil en las circunstancias de la República. Sin embargo, el gobierno juarista se vio obligado a dar una respuesta. Reconoció la situación ruinosa del erario y, al mismo tiempo, advirtió los esfuerzos que mantendría para enfrentar dignamente las reclamaciones.

A pesar de la buena voluntad mostrada, algunas tropas españolas arribaron, en diciembre, al puerto de Veracruz. La fuerza española, se componía de 6320 hombres bajo el mando de los generales Joaquín Gutiérrez de Rubalcava y Manuel Gasset y llegaron a México a bordo de 19 buques militares, con un total de 308 cañones y 4314 tripulantes, en las fragatas de hélice Lealtad, Princesa de Asturias, Concepción, Berenguela, Petronila, Blanca, los vapores de ruedas Francisco de Asís, Isabel la Católica, Blasco de Garay, Pizarro, Guadalquivir, Velasco, Ferrol, San Quintin, Álava y número 3, las urcas Santa María y Marigalante y la corbeta Colón.​

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