Sayf al-Dawla o Saif al-Daulá fue el señor y fundador del más importante principado hamdánida del norte de Siria. Gobernó en el periodo 945–967 desde Alepo. Su reinado se caracterizó por las yihads constantes contra el Imperio bizantino,que duraron veinte años, y por su mecenazgo de filósofos y poetas. Se le considera la encarnaciónl ideal del caballero árabe.
Era el segundo hijo de Abdalá Abú al-Haya, poderoso gobernador abasida que había desempeñado un importante papel en la efímera insurrección de al-Qahir contra Al-Muqtadir en 927, y que resultó muerto cuando esta fracasó. Comenzó su carrera como señor de la ciudad de Wasit y pronto se vio envuelto en las luchas del califa abasida, que gobernaba desde la cercana Bagdad. En seguida se dio cuenta de que el mayor potencial estaba en el oeste, en Siria, entonces bajo el dominio de la dinastía ijsidí, que también gobernaba Egipto.
En el año 946, se adueñó de Alepo con la ayuda de los Banu Kilab de la comarca y al año siguiente, después de dos intentos fallidos, tomó Damasco. Entonces dirigió su ejército contra Egipto y conquistó Ramla, pero fue incapaz de ir más allá. A continuación, negoció un tratado de paz con los ijsidíes, y se concentró en combatir al Imperio bizantino. Cada año, desde 950 hasta su muerte, tuvo algún conflicto armado con los bizantinos; normalmente encabezó las campañas en Asia Menor. Obtuvo una gran victoria en 953, cerca de Kahramanmaras, en la que pereció el patricio León Maleno, Bardas Focas fue herido y su hijo Constantino, capturado. Durante los tres años siguientes, consiguió más victorias, en las que perdieron la vida varios jefes bizantinos. Pero en septiembre de 958, a la vuelta de una incursión victoriosa, sus tropas, cargadas con el botín, fueron emboscadas y debeladas en Raban por León Focas, hermano de Nicéforo Focas, y Constantino Maleno, pariente del noble caído en 953. Saif al-Daulá escapó, pero los bizantinos habían conseguido invertir la dinámica de la guerra. En 962, un ejército al mando de Nicéforo Focas avanzó hacia Cilicia y Siria. A mediados de diciembre, los bizantinos aparecieron ante Alepo. Saif al-Daulá huyó de su palacio, que estaba a las afueras de la ciudad. La magnífica construcción fue saqueada, así como la ciudad y los alrededores, pero los bizantinos se retiraron una semana después.
Saif al-Daulá se rodeó de prominentes intelectuales, como los poetas Al-Mutanabbi y Abú Firas y el filósofo Al-Farabi.
Saif al-Daulá se llamaba Alí ibn Abdalá y era el segundo hijo de Abdalá Abú'l-Haycha ibn Hamdan (fallecido en el 929), quien era a su vez hijo de Hamdán ibn Hamdun ibn al-Jariz, el epónimo de la dinastía hamdaní. Los hamdaníes eran un grupo de los Banu Taglib, una tribu árabe que moraba en la Mesopotamia superior desde antes de la expansión musulmana. Los taglibíes habían dominado Mosul y su comarca hasta finales del siglo IX, cuando el Califato abasí trató de hacerse con el control directo de la zona. Hamdán ibn Hamdun fue uno de los notables taglibíes más decidido a impedirlo. Para ello se coligó con los kurdos que habitaban las montañas al norte de Mosul, acto que tuvo considerable trascendencia en el futuro de la familia. Miembros de esta se casaron con kurdos, que ocupaban también importantes puestos en el ejército hamdaní.
Ibn Hamdun fue vencido y encarcelado junto con sus parientes en el 895, pero su hijo Huseín ibn Hamdán salvó a la familia. Reunió tropas entre los taglibíes para servir al califa a cambio del perdón de ciertos tributos e impuso su influencia en la Mesopotamia superior en calidad de mediador entre las autoridades abasíes y la población árabe y kurda de la región. Su poder en la zona le permitió a la familia sobrellevar las frecuentes crisis en la relación con el Gobierno abasí de Bagdad durante el siglo X. Ibn Hamdán fue un general victorioso que se distinguió en las luchas con los jariyíes y los tuluníes, pero cayó en desgracia por apoyar al fallido usurpador Abdalá ibn al-Mutaz en el 908. Su hermano menor Ibrahim era gobernador de Diyar Rabi'a (la provincia con capital en Nísibis) en el 919 y tras su muerte al año siguiente heredó el puesto otro de los hermanos Daud. Abdalá, el padre de Saif al-Daulá fue emir (gobernador) de Mosul del 905/6 al 913/4, luego cayó en desgracia varias veces pero volvió a recobrar el favor del califa; volvió a dominar Mosul en el 925/6. Estaba estrechamente ligado al poderoso Munis al-Muzafar, y luego tuvo un destacado papel en la efímera usurpación de al-Qahir, que arrebató el poder a al-Muqtadir en el 929; falleció durante los combates que permitieron la restauración.
Aunque el cambio de soberano había fracasado y Abdalá había perecido, antes había conseguido asentar su poder en Mosul y fundar en la práctica un emirato familiar en la zona. Durante sus largas ausencias para acudir a Bagdad, frecuentes en sus últimos años de vida, había delegado su autoridad en su primogénito, Hasán, el futuro Nasir al-Daulá. Tras su muerte, los tíos disputaron el poder a Hasán, disputa que se prolongó hasta que en el 935 este obtuvo de Bagdad la confirmación de su gobierno de la zona y de todo el territorio musulmán hasta la frontera bizantina.
Comienzos bajo Hasán Nasir al-Daulá
El joven Alí ibn Abdalá comenzó su carrera a las órdenes de su hermano; entró a su servicio en el 936, cuando Hasán le prometió darle el gobierno de Diyar Bakr (la región con centro en Amida) a cambio de que lo ayudase a luchar con Alí ibn Chaafar, gobernador rebelde de Mayyafariqin. Alí ibn Abdalá impidió que el rebelde recibiese ayuda de sus aliados armenios y se apoderó de la parte septentrional de la provincia aledaña de Diyar Mudar tras someter a las tribus qaisíes asentadas en torno a Saruj. Desde esta emprendió expediciones para socorrer a los emiratos musulmanes vecinos de los bizantinos (en la marca fronteriza o Thughur) e intervino en Armenia para desbaratar la creciente influencia bizantina en la región.
Mientras, Hasán se mezcló en las intrigas cortesanas abasíes. Desde el asesinato del califa al-Muqtadir en el 932, el Gobierno abasí había quedado desorganizado y en el 936 el poderoso gobernador de Wasit, Muhammad ibn Raíq, se arrogó el título de amir al-umara (jefe del Ejército) y con él el control efectivo sobre el Gobierno califal. El califa al-Radi quedó reducido a figurón y el funcionariado fue intensamente purgado y perdió gran parte de su poder. La posición de Ibn Raíq, no obstante, era precaria y pronto estalló una lucha por el cargo de amir al-umara e indirectamente por el control del califato entre los distintos notables y jefes militares turcos, que concluyó en el 946 con la victoria de los buyíes.
Hasán al principio tomó partido por Ibn Raíq, pero en elb 942 lo hizo asesinar y tomó para sí el cargo de amir al-umara, al tiempo que se daba el laqab honorífico de Nasir al-Daulá («Defensor de la Dinastía»). Los baridíes, una familia de Basora que también deseaba dominar al califa, siguió oponiéndosele, por lo que Nasir al-Daulá despachó contra ellos a su hermano Alí. Tras vencer a Abú'l Huseín al-Baridi en Madaín, se le confirió a Alí el gobierno de Wasit y el laqab de Saif al-Daulá («Espada de la Dinastía») por el que se le conoce. Este doble galardón a los dos hermanos hamdaníes fue el primero en el que se otorgó un laqab con la mención al-Dulá, de gran prestigio, a alguien que no fuese el visir, ministro principal del califa.
El triunfo hamdaní fue, sin embargo, efímero. Los hermanos estaban aislados en la corte y sin grandes apoyos entre los principales vasallos del califa, los samaníes de Transoxiana y Muhammad ibn Tughj al-Ijshid de Egipto. Así, hubieron de abandonar Bagdad en el 943, cuando las tropas, compuestas fundamentalmente por turcos, dailamitas, cármatas y algunos árabes, se amotinaron por falta de paga acaudilladas por el turco Tuzun. El califa al-Muttaqui dio el título de amir al-umara a Tuzun, bpero pronto se enemistó con él y huyó al norte a refugiarse entre los hamdaníes. Sin embargo, Tuzun venció a Nasir al-Daulá y Saif al-Daulá; en el 944 los dos bandos alcanzaron un acuerdo por el que los hamdaníes conservaban la Mesopotamia superior y el gobierno nominal del Levante septentrional (que los hamdaníes no dominaban por entonces), a cambio de un oneroso tributo. A partir de entonces, Nasir al-Daulá devino tributario de Bagdad, sin por ello dejar de tratar de apoderarse de esta; estos intentos lo enemistaron con los buyíes, con los que disputó la batalla de Bagdad en el 946. Finalmente, Nasir al-Daulá tuvo que buscar el amparo de su hermano en el 958/9; Saif al-Daulá hizo un pacto con el emir buyí Muíz al-Daulá que le permitió luego a Nasir volver a Mosul.