Tal Día como Hoy

Saudade

Emoción

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Saudade es un vocablo intraducible, incorporado al español del portugués saudade,​ que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá.​ El escritor portugués Manuel de Melo la definió en 1660 como «bem que se padece e mal de que se gosta» (bien que se padece y mal que se disfruta).​ Dada la dificultad de su traducción y su extensa y ambigua definición, el término fue incorporado en su forma original al habla española. Es propia también del gallego.

Como ejemplo de la riqueza y profundidad de su significado se puede mencionar el movimiento estético y literario de principios del siglo XX en Portugal conocido como Saudosismo, promovido especialmente por el escritor Teixeira de Pascoaes. En Galicia, el movimiento encontró exponentes en Vicente Risco, Antón Villar Ponte y Manuel Antonio. Saudosistas portugueses y gallegos desarrollaron una estrecha colaboración en la revista gallega Nós.

No existe un consenso amplio entre los diferentes autores sobre el origen de la palabra saudade.​

La hipótesis que explica su origen a partir de la voz latina solitate, soledad, es defendida por numerosos autores desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Esta hipótesis está muy extendida, pero poco fundamentada. A modo de ejemplo, la hipótesis evolutiva expuesta por A. Cortesao en 1900 (Solitate > suïdade > soadade > suadade > saüdade) se considera hoy totalmente inverosímil. Incluso entre los partidarios de su origen latino existen divergencias en lo relativo a las relaciones cronológicas de las diversas formas y a sus respectivos significados.

Carolina Michaëlis de Vasconcellos defendía en 1922 el origen de la palabra saudade en el plural femenino latino solitatem, en un ensayo que sobrepasaba con mucho el simple análisis etimológico, adentrándose en lo literario. C. Bastos trataba en 1914 las relaciones entre las diferentes formas de la palabra saudade en gallego y portugués. José Luis Varela advierte sobre la imposibilidad de un origen en solitatem. Según Joaquim de Carvalho, la palabra deriva del adjetivo y adverbio latino solu, que liga el significado de saudade al de soidade. Karl Vossler menciona alusiones a la voz árabe saudá, que significa hipocondría, melancolía, desánimo, mal de corazón. También habla de la influencia de la palabra suave, del latín suavis, por el empleo que hicieron de ella los provenzales y los humanistas.

En la actualidad se contemplan tres hipótesis que no recurren a procesos de evolución fonética regular para explicar la forma moderna de la palabra saudade:

Adaptación a una mejor adecuación fonética simbólica: proceso de aproximación a formas más armónicas al oído. Actualmente esta es la hipótesis más extendida.

Analogía con otras palabras que comienzan con saud- en portugués y gallego: posible influencia de salutare, salute, salutate, sanitate...

Influencia literaria, con la «falsa latinización» de oi en au, al contrario del cambio habitual de au en oi.

Antes de llegar a la forma actual, se emplearon en diferentes momentos y lugares soëdade, soidade y suidade. La primera se conserva en la poesía antigua como arcaísmo hasta entrado el siglo XV y es recuperada por Rosalía de Castro y Curros Enríquez en su poesía. La segunda fue empleada por Don Dinis. La tercera también fue empleada por Rosalía. En el siglo XIV aparece, junto a esta última, la forma saudade, que se impondrá finalmente.​

La explicación antropológica del término y sus posibles causas fue objeto de numerosas conjeturas. De entre ellas, algunas la buscaban en razones de causa, como las que hablan del paisaje maternal, la situación de aislamiento o el miedo al mar; otras son de tipo histórico, como la suposición del celtismo, las conquistas y descubrimientos de Portugal o la preservación de la identidad frente al castellano; otras son de tipo sociológico, como la emigración o la insolidaridad social; o de tipo psicológico, como el carácter introvertido, los diversos intentos de regreso a la seguridad básica mediante el instinto de la muerte, del que hablaba el doctor Novoa Santos, o el regreso subconsciente al seno materno.​

Otras explicaciones tienen en cuenta las posibles equivalencias con características emocionales de otros lugares, en particular con los que caracterizan a un pueblo. El hiraeth galés (el sentimiento de haber perdido algo que uno tenía, algo que ya no es suyo),​ la Dór rumana, la sehnsucht germánica, la señardá asturiana o la enyorança catalana.​

En palabras de Don Duarte, rey de Portugal, «suidade propriamente he sentido que o coraçom filha por se achar partido da presença d'algùa pessoa ou pessoas que muito per afeiçom ama, ou espera cedo de seer [partido]» (soledad propiamente es el sentimiento que el corazón siente por estar separado de la presencia de alguna persona o personas que ama con gran afección, o espera que suceda pronto [marcharse]). Muchos autores han indagado sobre el motivo de la aparición del sentimiento saudoso, en especial sobre su identificación geográfica con el noroeste de la península ibérica. Es habitual atribuir tal explicación al origen celta del pueblo gallego. S. G. Morley, hablando de Rosalía de Castro, afirma que los antepasados celtas de los actuales gallegos dejaron en estos una pasividad y una melancolía muy diferentes del modo de ser robusto de los castellanos. Para Joaquim de Carvalho, la explicación de esta localización no es ajena al origen céltico. Unamuno supone el origen de la saudade en las formas del paisaje gallego, «un paisaje habitable, que seduce como un nido incubador de morriñas y saudades». En la misma línea, Gerald Brenan ve en la saudade un origen indudablemente climático: los vientos atlánticos le proporcionan a Galicia y a Portugal el mismo espíritu lánguido que a Irlanda y a las islas Hébridas. También se encuentra en los diálogos de Martín Codax con su mar.​

En cualquier caso, la saudade aparece como un fenómeno característico del ámbito cultural luso-galaico, incluyendo en este ámbito las tierras de ultramar.​ La diferencia más significativa entre la saudade y otros estados próximos a la nostalgia radica en cómo la perciben las personas que la sienten. Se tiene detectado una percepción positiva de la saudade entre grupos de emigrantes brasileños, de hecho, es percibida con frecuencia como una parte sustancial de la identidad nacional del Brasil. El objeto de la saudade no es una persona o una cosa concreta, sino una referencia simbólica al lugar de origen.​

Ramón Piñeiro escribió en 1953 un ensayo titulado Para unha filosofía da saudade, que está considerado como la más profunda investigación sobre este tema desde una perspectiva filosófica. Según dice Piñeiro, la saudade es un estado de ánimo derivado de la vivencia originaria de la soledad, "el sentimiento de la propia soledad ontológica, el sentimiento de la singularidad del propio ser". Por tanto, las diversas formas de soledad derivan en diferentes modos de saudade: la que el hombre aprecia en sus circunstancias (transcendente), y la que vive en su intimidad (subjetiva). La frecuente identificación entre saudade y morriña nace de la confusión de términos cercanos, pero lo que caracteriza a la morriña es la tristeza depresiva, mientras que la soledad está caracterizada por la carencia de significación psicológica. La identificación de la saudade con la sehnsucht de los alemanes, propuesta en su día por José Luis Varela, la aleja de su acepción de nostalgia de un bien perdido para considerarla la búsqueda de un objeto desconocido que se siente necesario. Celestino Fernández de la Vega, por su parte, identifica la saudade con la angustia como la entendía Heidegger, sin reparar en que la saudade carece de la dimensión temporal de la angustia.​

En continuidad con el pensamiento de Piñeiro, el Padre Antonio Pereira Dias de Magalhâes se centra más en una saudade «positiva», la de la esperanza y del sentimiento de presencia de Dios. Otros autores han formulado teorías como la de la «interpretación panteísta» de Daniel Cortezón o las de Paul Tillich y Hans Urs von Balthasar sobre el coraje y la angustia, respectivamente.​

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