Sara Rita de la Luz García (Orizaba, Veracruz, 3 de septiembre de 1892-Ciudad de México, 21 de noviembre de 1980), conocida como Sara García, fue una actriz y comediante mexicana. Sus caracterizaciones como abuela en varios de sus proyectos le otorgaron los apodos de la Abuelita de México y la Abuelita del cine nacional. Por su vasto legado filmográfico y sus contribuciones a la actuación, es considerada como un ícono de la cinematografía mexicana y de la Época de Oro del cine mexicano.
Comenzó su carrera como extra en el cine mudo de 1917, participando en las cintas En defensa propia, Alma de sacrificio y La soñadora. A partir de 1936, forjada y establecida actoralmente, se posicionó como una de las artistas principales de la Época de Oro del cine mexicano, destacando por películas como Ahí está el detalle (1940), Cuando los hijos se van (1941), El barchante Neguib (1946), Los tres García (1947), Vuelven los García (1947), Dos pesos dejada (1949), La reina del mambo (1951), Acá las tortas (1951), El papelerito (1951), El lunar de la familia (1953), Los Fernández de Peralvillo (1954) y El inocente (1956).
Concluido el cine de oro en 1956, su filmografía siguió su curso notorio con Pobres millonarios (1957), El analfabeto (1961), Ruletero a toda marcha (1962), Escuela para solteras (1965), La inocente (1972), Mecánica nacional (1971) y Fe, Esperanza y Caridad (1974). Sus trabajos también se extendieron internacionalmente en filmes como The Living Idol (1957) y Los dinamiteros (1964), así como en las telenovelas Lágrimas de madre (1968) y Mamá trompeta (1968).
En dupla con su contemporánea Prudencia Grifell, disfrutó de una buena recepción crítica en una serie de cintas trabajadas en conjunto, que incluyen La tercera palabra (1956), Las señoritas Vivanco (1959), El proceso de las señoritas Vivanco (1961), ¡Mis abuelitas... nomás! (1961) y ¿Por qué nací mujer? (1970). De 1974 a 1977, consiguió un resurgimiento profesional y ganó una nueva generación de fanáticos al participar en la telenovela Mundo de juguete, en la que interpretó a la nana Tomasita.
Su trayecto personal estuvo marcado por tragedias, como el quedarse huérfana desde que era una niña, ser engañada por su esposo, y perder a su única hija y a su futuro nieto, al mismo tiempo que se constituyó en situaciones que formaron su propia leyenda histriónica, como su presunto autoenvejecimiento prematuro, y su relación sentimental con Rosario González Cuenca. Con esta última vivió toda su vida y compartió trabajo y hogar, permaneciendo inseparables hasta su propia muerte, ocurrida el 21 de noviembre de 1980, por diversos problemas de salud.
Inmortalizada en la posteridad, primero por Chocolates la Azteca y luego por la compañía Nestlé, su imagen quedó plasmada como emblema y logo oficial del chocolate de mesa y sus diferentes variantes, «Chocolate Abuelita».
Sara Rita de la Luz García nació el 3 de septiembre de 1892, en Orizaba, Veracruz, siendo hija de los españoles Isidoro García Ruiz, originario de Córdoba, y Felipa Hidalgo Rodríguez, originaria de Andalucía. A principios de 1900, se contagió de tifus murino e infectó a su madre, quien falleció meses después.
A los nueve años de edad, ella y su papá se reinstalaron en Ciudad de México, donde por medio de una beca denominada como «lugar de gracia», fue aceptada en el Colegio de las Vizcaínas para cursar su formación académica. Al poco tiempo de su arribo a la ciudad, su padre sufrió un derrame cerebral y fue internado en la «Casa de Beneficencia Española», donde falleció en fecha desconocida. Quedándose huérfana, permaneció como interna de dicho colegio hasta cumplir la mayoría de edad, siendo «adoptada» por las monjas de la institución, que estaba cimentada bajo los principios de la religión católica. Ahí conoció a Rosario González Cuenca, una niña con la que formó un fuerte vínculo afectivo. Al graduarse de dicha escuela, en la que pasó una temporada impartiendo clases como maestra de dibujo, decidió perseguir una carrera como actriz en 1916, luego de observar la filmación de una película en los estudios de Azteca Films, los cuales descubrió mientras caminaba por la Alameda Central.
En 1917, debutó como actriz con En defensa propia, una película de cine mudo en la que se le dio un papel secundario, seguidas por Alma de sacrificio y La soñadora, ambas del mismo año. Posteriormente, se integró a la Compañía de Comedia Selecta del Teatro Virginia Fábregas, donde explotó su habilidad para imitar el acento español con puestas en escena cómicas al lado de figuras como Eduardo Arozamena y Sara Uthoff, y en giras nacionales con los ensambles de Mercedes Navarro, Prudencia Grifell y Anita e Isabel Blanch.
En 1918, contrajo matrimonio con el actor Fernando Ibáñez Carranza; durante su luna de miel se hospedaron en el hotel «Bola de Oro», en Tepic, Nayarit, donde el 15 de enero de 1920, dio a luz la que fue su única hija, María Fernanda Ibáñez. Luego de que Fernando le fuera infiel con la actriz y empresaria española, Elvira Morla, Sara lo abandonó y se llevó a su hija, optando por criarla sola. En ese punto, Rosario, que se había divorciado de su esposo, se reencontró con ella al atenderla en la corsetería «La Europea» de la calle República de Uruguay, sitio donde laboraba. Al enterarse de su situación, le brindo su ayuda para cuidar de su hija en una especie de crianza compartida, además de ofrecerle vivir en su pequeña casa localizada en la calle de Mesones, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde ella vivía con su madre, su hermana Blanca y su cuñado. De este modo, Sara ingresó al núcleo familiar de los González Cuenca. Ya restablecida, pudo ocuparse en retomar sus actividades actorales como histrionisa teatral cerca de 1922, aún cuando le era difícil ser contratada por ser madre soltera. Esta sería una de las razones por las que no volvió a desempeñarse en cine sino hasta 1927, colaborando en la cinta, Yo soy tu padre.
Años más tarde, su esposo volvió buscándola sumido en enfermedad, pidiéndole atenderlo, porque nunca se divorciaron formalmente, solo se habían separado; fue así como, con mucho esfuerzo, costeó sus gastos médicos y lo cuidó junto a Rosario, hasta que el 2 de julio de 1932, falleció a los 33 años de edad, a causa de un absceso pulmonar.
Unidas cariñosamente como una mujer divorciada y otra viuda, prosiguieron sus vidas en conjunto, con Sara incursionando de lleno como actriz de cine, y Rosario ocupándose de las labores del hogar que compartían juntas. A inicios de los años treinta, se introdujo el cine sonoro a México, realizando su primera película hablada en 1934 con La sangre manda, que asimismo marcó el debut actoral de su hija y su primera participación juntas. Poco tiempo después, comenzó a ser solicitada para más papeles, llevándola a actuar en diversos proyectos, como El vuelo de la muerte (1934), ¡Viva México! (1934), Marihuana: el monstruo verde (1936), y su primer protagónico con la comedia dramática, Así es la mujer (1936). Su trayectoria prosiguió retratando a mujeres maternales o de carácter fuerte con No basta ser madre (1937) y Dos cadetes (1938), en las que nuevamente trabajó al lado de su hija, Por mis pistolas (1938), El capitán aventurero (1939), Papacito lindo (1939), y En un burro tres baturros (1939).
Poco a poco, se fue abriendo paso en los medios de entretenimiento, lo que la llevaría a tener más roles principales en los siguientes años. De igual manera, sus constantes interpretaciones como abuela en obras de teatro, desde su primera representación en Mi abuelita la pobre de 1934, la llevaron a formar el mito de haberse envejecido tempranamente por cuenta propia para ser contemplada en más elaboraciones profesionales; esta historia refiere que se sacó catorce dientes y se hizo fracturar una rodilla para usar un bastón de forma más natural y aparentar ser una persona de la tercera edad.
1940-1956: Época de Oro del cine mexicano
Establecida como estrella de la Época de Oro del cine mexicano, en 1940 participó en la cinta, Allá en el trópico, donde aportó su primera versión como abuela en cine. El 11 de septiembre de ese año, se lanzó Ahí está el detalle, una fructífera comedia que le dio notoriedad al actuarla al lado del cómico Cantinflas. Lo que parecía ser un triunfo digno de celebrar, pasó a ser desplazado por una batalla personal, pues el 18 de octubre, su hija María Fernanda Ibáñez falleció a los 20 años por una hemorragia interna, en la que también murió el que sería su primer nieto.