Tal Día como Hoy

Santo Pipó

Localidad de la provincia de Misiones, Argentina

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Santo Pipó es una localidad y municipio argentino de la provincia de Misiones ubicado dentro del departamento San Ignacio. Se halla a una latitud de 27° 07' Sur y a una longitud de 55° 24' Oeste.

Se encuentra a 5 kilómetros del río Paraná, sobre la ruta Nacional N.º 12 (asfaltada), la cual es su principal vía de comunicación. Esta ruta la une al sudoeste con Gobernador Roca y Posadas, y al norte con Hipólito Yrigoyen y Puerto Iguazú.

Surge de la combinación del vocablo español "Santo" y de los términos guaraníes "Py" (en español, Pies) y "Po" (en español, Manos). Uniendo las tres palabras, su traducción aproximada es "Santo de pies y manos".

El motivo del enunciamiento de este término combinado, provino de una leyenda en la cual los indígenas guaraníes asentados en la zona, descubrieron en la desembocadura de un arroyo próximo al asentamiento, una roca que tenía grabados un pie y una mano, considerando a la misma como un objeto "sagrado" y atribuyendo las huellas encontradas en esa roca a un Santo desconocido. Por ende, la roca comenzó a ser llamada "Pui-po" (fonética en guaraní del término "Py-po", que en español se traduce como "pies y manos"). La llegada de los colonos a estas tierras, terminó por consolidar el término como nombre para el asentamiento, combinándolo con el español "Santo" y españolizando todo el topónimo como "Santo Pipó".​

El escudo de Santo Pipó fue oficializado el 10 de marzo de 1998. En él se pueden ver algunos elementos característicos de la idiosincrasia e historia piposeña, como el mate, que es sinónimo de amistad; un edificio que representa las industrias en sus diferentes rubros: yerbatera, maderera y aceitera; pie y mano que en el idioma guaraní es pipo, es decir, el santo de manos y pies las cuales expresan el origen de nombre del municipio; la cruz, que representa a los antiguos jesuitas que habitaron en la zona; el mapa de Misiones, que indica la posición geográfica de Santo Pipó en el marco de la provincia; las ramas de yerba mate, que simbolizan la mayor fuente de sustento económico de la comuna, y, finalmente, las imprescindibles enseñas de Argentina y de Misiones.

Aunque comúnmente se suele asociar el origen de Santo Pipó con el arribo de los colonos suizos a partir del año 1919, existe evidencia de actividades económicas y humanas mucho antes de este hecho. La colonización se llevó a cabo aprovechando como mano de obra a la población de origen criollo preexistente.

Con seguridad los primeros habitantes de la zona fueron los pueblos indígenas. Probablemente hayan sido guaraníes, de la parcialidad denominada “paráes” por los cronistas españoles, famosos por su belicosidad que hizo que una y otra vez las avanzadas militares de los conquistadores fueran rechazadas. Todos los grupos de la zona fueron “reducidos”, concentrados en el pueblo o misión de Corpus.

Pero los guaraníes no eran los únicos habitantes de la región. La zona se caracterizaba por ser una frontera étnica con otras parcialidades que no eran de origen tupí-guaraní sino kaingang. Se trataba de pueblos cazadores-recolectores, eran nómades, que los llevaba a trasladarse estacionalmente desde la zona de los pinares de San Pedro hasta las riberas del Tabay, llegando quizás también hasta la zona del Ñacanguazú.

El elemento geográfico más fácilmente identificable en la etapa jesuítica fue el arroyo Ñacanguazú; llamado según la época: Murará, Moricará, Caraguapé y Yacanguazú, lugar en el que terminaban las chacras de los indios de Corpus. Más allá solo había selva.

Hay evidencia de que en la desembocadura del Ñacanguazú existía en la época jesuítica un astillero donde se construían las embarcaciones.

La decadencia general de las Misiones, particularmente de Corpus, hicieron que las actividades económicas decayeran y la zona fuera ocupada solo por familias aisladas de guaraníes, criollos, mestizos e indígenas no reducidos.

Los primeros emprendimientos económicos de la zona

Un importante viajero de la época fue Juan Queirel, quien se desempeñó como agrimensor en misiones, en 1897 publicó una obra para conocer el territorio misionero. Gracias a él sabemos de uno de los pioneros de la colonización de Santo Pipo, un poblador de apellido Fuentes Ortiz, que logró instalar un establecimiento de fabricación de aguardiente a partir del cultivo de caña de azúcar. La mano de obra la obtuvo a partir de la colaboración de indígenas de las Altas Misiones. Sin embargo, el emprendimiento decayó cuando Fuentes Ortiz enfermó, y finalmente los cañaverales se secaron. En 1883 Fuentes Ortiz terminó vendiendo la propiedad.

Diez años después se desarrolló otro emprendimiento de importancia en la desembocadura del Ñacanguazú. Juan Bautista Ambrosetti cuenta que a su paso por la zona en 1892 se estaba organizando un establecimiento maderero; cuando volvió a pasar por la zona dos años después en 1894, ya se hallaba en pleno funcionamiento un moderno aserradero, con una moderna tecnología. Según el testimonio de Ambrosetti, “el aserradero se halla bien instalado, posee un motor a vapor que hace mover todas las maquinarias, una colección de sierras sin fin y circulares, que en ese momento producían un ruido estridente al cortar la madera”.

Para la segunda década del siglo XX aparentemente ya no existía, pues Elías Niklison, delegado del ministerio del interior de la nación, que paso por la zona a inspeccionar los yerbales, no hace referencia alguna de este maderero. Niklison menciona otro emprendimiento convencional identificado como Pto Santo Pipo, este contaba con una picada principal, actual avenida San Martín.

Según Niklison, el obraje era explotado por los hermanos Damus. Según su testimonio, el obraje estaba poblado por 130 hombres, “todos bien tratados y alimentados”, ya que la cercanía a Posadas hacía que las condiciones de explotación laboral sean menos duras que los obrajes del norte.

Como también pasó en otros pueblos del Alto Paraná, antes de desarrollarse la colonización en Santo Pipó se desarrolló una intensa actividad económica, se dio a llamar Frente Extractivo. Para ello se recurrió a la mano de obra de origen criollo y mestizo, la cual era sometida a condiciones de explotación laboral. Era la época de los mensúes que sigue en parte desdibujada en la historia misionera.

Este frente extractivo se concentró en dos tipos de explotaciones: los yerbales naturales y la extracción de madera. En el puerto de Santo Pipo la actividad principal era la extracción de madera.

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