Santiago (Pérez de) Arroyo y Valencia (Popayán, 28 de julio de 1773-Popayán, 30 de mayo de 1845) fue un político, abogado, historiador y educador colombiano.
Tuvo una destacada figuración en la vida pública de la Nueva Granada y pasó a la historia como el Prócer Civil de la Independencia.
Nació en Popayán, Virreinato de la Nueva Granada, el 28 de julio de 1773, en el seno de una familia aristocrática. Al nacer se le impusieron los nombres de Jacobo Inocencio María Santiago y a partir de 1825 optó por utilizar el apellido abreviado de su abuela paterna, la española Rafaela Arroyo y Márquez, pues tanto a él como a todos sus hermanos los conocían sus contemporáneos como "los Arroyo" y no como "los Pérez de Arroyo".
Fue alumno de José Félix de Restrepo, maestro de varios miembros de la generación de patriotas en Popayán. Adelantó estudios de latinidad en el Real Seminario de San Francisco de Asís de su ciudad natal, donde también cursó filosofía y parte de la jurisprudencia, que concluiría posteriormente en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Bogotá, en donde obtuvo su título de abogado expedido por el rey Carlos IV el 16 de diciembre de 1803, luego de solicitar las respectivas licencias.
En el claustro del Rosario fue colegial de derecho canónico y civil (1794-1795), pasante de gramática (1795-1796), pasante de derecho canónico (1797-1798), pasante de derecho civil (1798-1799) y consiliario primero (1799). Allí mismo se desempeñó como vicerrector, cargo del cual tomó posesión el 12 de abril de 1804. En la capital también obtuvo los grados de bachiller en filosofía, y bachiller, licenciado y doctor en cánones por la Universidad de Santo Tomás.
Sus primeros años como abogado los ejerció en el bufete del prócer Camilo Torres Tenorio, quien junto con el Sabio Caldas fueron dos de sus más cercanos amigos y corresponsales, de lo cual da fe la abundante correspondencia entre ellos que se conserva hasta nuestros días. Se desempeñó en 1803 como abogado de la Real Audiencia y magistrado de la Corte Suprema de la Nueva Granada e hizo parte del Cabildo entre 1808 y 1810, en que ocupó asiento como regidor.
Ocupó numerosos cargos en la administración pública del virreinato, entre ellos, alcalde de Popayán, diputado y presidente de la Cámara Provincial, ministro de la Corte de Apelaciones, síndico procurador general, gobernador encargado de la provincia de Popayán, juez letrado de hacienda y senador por el departamento del Cauca. Se desempeñó también como vicepresidente de la Sociedad Elemental Primaria, constituida en 1833. Cuando tuvo lugar la creación e instalación de la Universidad del Cauca, Arroyo se desempeñaba como subdirector de instrucción pública y en esa capacidad presidió la Junta, convirtiéndose en uno de los firmantes del acto constitutivo de dicho claustro junto con Joaquín Mosquera, Manuel Mariano Urrutia, Lino de Pombo, Marcelino Hurtado, Manuel José de Cayzedo y Rufino Cuervo, entre otros. El Congreso Constituyente de la Nueva Granada lo eligió ministro de la Corte Suprema junto con otros tres jurisconsultos, entre ellos José Félix de Restrepo. En 1833 fue nombrado ministro interino del Tribunal de Santafé, cargo que declinó.
Arroyo fue una autoridad en asuntos educativos y sus buenos oficios fueron requeridos por el General Francisco de Paula Santander para dar forma a la política de fundación de universidades en Cartagena de Indias, Santa Marta, Popayán, Tunja, Medellín y Santafé. Sus conocimientos quedaron plasmados en una de sus obras, el Plan general para el establecimiento y organización de las universidades y la instrucción pública en Colombia, elaborado en 1822.
El Vicepresidente Santander se propuso reorganizar la Academia Nacional, creada mediante una ley orgánica de la instrucción pública el 18 de mayo de 1826, y para ello designó a los veintiún miembros que debían conformarla, entre quienes se contaron Arroyo, Vicente Azuero, José María del Castillo y Rada, José Manuel Restrepo, Manuel Benito Revollo, José Fernández Madrid, José Rafael Revenga, Pedro Gual y Andrés Bello.
Arroyo también mostró interés por las ciencias y, en particular, por el análisis de los fenómenos naturales. Es célebre el registro de movimientos telúricos que consignó con minuciosidad en una tabla que refleja todos los sismos de diferente intensidad que el propio prócer experimentó en su ciudad natal por espacio de 56 años, desde 1785 hasta 1841, incluido el terremoto de Pasto del 20 de enero de 1834, que se sintió con particular intensidad en Popayán. El estudio fue publicado posteriormente por Joaquín Acosta en su traducción de los Viajes de Boussingault.
La independencia: prócer y corresponsal
Durante la gesta independentista de la Nueva Granada, Arroyo contribuyó a la causa sosteniendo reuniones, apoyando el movimiento y manteniendo un nutrido intercambio epistolar con otros patriotas como Francisco José de Caldas, Camilo Torres Tenorio, Antonio Arboleda y Arrachea y Miguel de Pombo, entre otros. Se consagró a la propagación de las ideas de independencia y libertad y en 1810, junto con sus hermanos Andrés Marcelino y Domingo, participó en la junta revolucionaria establecida en la provincia de Popayán. La familia sufrió la persecución y el hostigamiento de las autoridades españolas. Fue uno de los pocos héroes de la independencia colombiana que no tomaron las armas, razón por la cual se le conoce en la historiografía de su país como El Prócer Civil de la Independencia.
La abundante correspondencia recibida por Arroyo y su familia de parte de las figuras más destacadas de la época colonial y la independencia colombiana fue conservada por el prócer y clasificada por él y sus descendientes con un criterio historiográfico, sumando cerca de 12 000 manuscritos y documentos impresos que conforman el Archivo Arroyo, uno de los archivos privados más voluminosos y con mayor valor histórico en Colombia. Particularmente numerosas e importantes son las cartas que Caldas le dirigió a Arroyo, muchas de las cuales tratan temas científicos y fueron compiladas y publicadas en el siglo XX.
Arroyo había heredado el gusto por los asuntos de la educación. Era un interlocutor y corresponsal que sabía medir alturas, triangular y calcular temperaturas; además, se hallaba bien equipado en astronomía. Él y Caldas aprendieron los métodos de la geografía durante las vacaciones universitarias de 1796. En consecuencia, el intercambio escrito y oral entre ambos payaneses llenó el vacío de una academia de ciencias que en Colombia solo vería la luz hasta 1936, tras múltiples ensayos fallidos durante el siglo XIX. Las cartas de Caldas a Arroyo constituyen un patrimonio inagotable para aproximarse al movimiento de la Ilustración en el Virreinato de Santafé. Aquella amistad fue el germen a partir del cual se expandió el movimiento en pro de la geografía civil liderado por Caldas.
Caldas había comenzado sus investigaciones desde finales del siglo XVIII y le escribe a Arroyo para informarle sobre sus lecturas, sus observaciones, sus ideas y además para anunciarle el inicio de un escrito que pensaba publicar. Caldas hace de Arroyo el primer público de sus trabajos que, cada vez más, van precisando sus objetos de estudio en el plano de la ciencia y la teoría, y avanzan guiados por ideales como la utilidad pública y la virtud individual. No resultaría posible estudiar la figura de El Sabio sin aproximarse a ella en conjunto con la de su íntimo amigo Arroyo, pues «las cartas a Arroyo son los textos más sinceros que Caldas escribió nunca».
La entrañable amistad entre Arroyo y Caldas queda patente en las constantes muestras de afecto que se prodigan a lo largo de su intercambio epistolar:
El Archivo Arroyo fue subdividido durante la segunda mitad del siglo XX en diversos fondos documentales que reposan en universidades de Colombia y Estados Unidos, así como en poder de los descendientes del prócer en Bogotá, Popayán, Pasto y Cali.
En 1807, Arroyo dirigió la realización de un censo de Popayán, que constituye un minucioso estudio sobre la composición demográfica de esa ciudad, con la indicación del porcentaje de habitantes según su identificación étnica, ocupación, estado civil y lugar de habitación, así como un trazado gráfico de la ciudad en planos. El título original del censo es Plan General de la Población de Popayán en el año de 1807 y fue solicitado por Arroyo cuando se desempeñaba como síndico procurador general, solicitud que tuvo eco, siendo comisionado el estudio por el gobierno de la ciudad. La labor de empadronamiento la encabezó Arroyo al frente de un equipo de notables de la ciudad, entre quienes se contaron Antonio Arboleda y Arrachea, José Antonio Pérez de Arroyo y Valencia, Jerónimo de Torres, José de Lemos y Hurtado y Manuel Lora Hurtado, entre otros.