Santander es un municipio de España, capital de la comunidad autónoma uniprovincial de Cantabria. Tiene una población de 175 425 habitantes (INE 2025), es el municipio más poblado de la comunidad autónoma. Es cabecera del área metropolitana de Santander, una conurbación de más de 400 000 habitantes que se extiende alrededor de la bahía de Santander y el valle del Besaya.
El actual escudo de Santander representa, al igual que el de otros muchos municipios de la costa de Cantabria, la reconquista de Sevilla por parte de marineros cántabros al mando del almirante Ramón de Bonifaz y Camargo en 1248 durante el reinado del rey Fernando III de Castilla. En él figuran la Torre del Oro sevillana y la nave en la que Bonifaz y sus hombres rompieron las cadenas que unían Sevilla con Triana el 3 de mayo de 1248.
También se pueden apreciar los rostros de los patronos de Santander, san Emeterio y san Celedonio, decapitados en Calahorra durante la persecución de Diocleciano o la de Valeriano, tras ser encarcelados y puestos ante la disyuntiva de renunciar a su fe o abandonar la profesión militar. Según la leyenda, sus cabezas fueron transportadas desde el Ebro en una barca de piedra para proteger las reliquias del avance musulmán, y finalmente atravesaron la isla de la Horadada, en la bahía de Santander.Cuando, el día 1 de febrero de 1982, entró en vigor el Estatuto de Autonomía de Cantabria, los símbolos del escudo de Santander fueron adoptados como parte del nuevo escudo de Cantabria, según lo dispuesto en el Título Preliminar de dicho Estatuto.
La bandera del municipio representa al escudo de Santander sobre un fondo de dos rayas, siendo la superior blanca y azul la inferior. Esta última representa al mar, característico de esta ciudad.
Actualmente Santander no cuenta con un himno oficial, pero existen dos propuestas principales: la habanera Santander la marinera, de Chema Puente y el bolero Santander, de Jorge Sepúlveda como posibles himnos.
El relieve del municipio de Santander está definido por una franja de costa cantábrica por el norte, la bahía de Santander por el este y por la llanura prelitoral en la que se alzan algunos montes. La franja cantábrica se extiende desde el límite con Santa Cruz de Bezana hasta el cabo Mayor, en la localidad de Cueto, e incluye pequeñas playas, salientes de tierra que se adentran en el mar, islotes y la ría de San Pedro del Mar. Entre el cabo Mayor y el cabo Menor se abre la ensenada de Mataleñas, antes de la playa de El Sardinero, ya en pleno casco urbano. La península de la Magdalena es la puerta de entrada de la bahía de Santander, donde se asienta el puerto de Santander, poco antes del límite con Camargo. Los montes más destacados del territorio son: su cota máxima, Peñacastillo (140 m) y las elevaciones en las que se extienden las localidades de Monte y Cueto. La altitud oscila entre los 140 m y el nivel del mar, situándose el centro histórico a 6 m sobre el nivel del mar.
El término municipal de Santander limita con los de Santa Cruz de Bezana y Camargo.
Santander cuenta con un clima suave durante todo el año, lejos de los extremos climáticos de otras zonas de España. De acuerdo con la clasificación climática de Köppen, Santander presenta un clima oceánico de tipo Cfb. La oscilación térmica anual de las temperaturas medias mensuales es baja y alcanza unos 8 °C. La ciudad se sitúa en una de las zonas más lluviosas de toda España; las precipitaciones se distribuyen durante todo el año, aunque son más abundantes en primavera y otoño. La humedad es bastante elevada durante todo el año y llega a superar el 90 % en algunas ocasiones. Las temperaturas son suaves durante todo el año y nunca se alcanzan episodios de frío extremo ni de calor extremo. Esta es la principal característica del clima oceánico del norte de España: los veranos son generalmente templados, con temperaturas agradables y normalmente sin los episodios de calor intenso presentes en la mayoría de España, y los inviernos no son muy fríos debido al efecto termorregulador del mar, con temperaturas que muy rara vez descienden por debajo de los 0 °C y con un promedio de un día de nieve al año. En términos generales, las temperaturas medias están entre los 24,5 °C de máxima en agosto y los 5,8 °C de mínima en febrero.
Durante los meses de otoño e invierno principalmente, pueden producirse episodios de viento fuerte del sur que provocan altas temperaturas y humedades muy bajas. Este fenómeno se debe a la cercanía de barreras montañesas elevadas, la Cordillera Cantábrica, que producen el llamado efecto Föhn.
Según estudios encargados por el ayuntamiento de la ciudad, se han inventariado 159 especies de vertebrados terrestres: 7 especies de anfibios, 10 especies de reptiles, 115 especies de aves (de las cuales 60 se reproducen en el municipio), y 27 especies de mamíferos entre roedores, insectívoros y carnívoros. El mayor número y diversidad se halla en las áreas no urbanizadas del norte y oeste del municipio, y en la franja costera cantábrica. Las zonas periféricas de la vaguada de las Llamas, la charca de La Remonta y la zona de Peñacastillo, son particularmente interesantes por su avifauna.
En los islotes y acantilados costeros, zonas de gran importancia ecológica, hay que mencionar al halcón peregrino, al paíño europeo, al cormorán grande, al cormorán moñudo, al correlimos oscuro, a la gaviota patiamarilla, y al cuervo, entre otros.
En la campiña, hábitat muy alterado por el hombre, destacan el sapo partero común y el sapillo pintojo ibérico entre los anfibios; la víbora de Seoane y la lagartija de turbera entre los reptiles; en el grupo de los mamíferos hay murciélago grande de herradura, murciélago ratonero grande, murciélago de ribera y murciélago enano, comadreja, armiño, garduña, zorro, musarañas, erizo y topos; y entre las aves del interior, entre otras muchas, destacan la garcilla bueyera, el aguilucho pálido, el gavilán, el águila calzada, el esmerejón, el avefría europea, la paloma torcaz, el cuco, la lechuza, y el autillo.
Establecer el origen de los primeros asentamientos humanos en la actual Santander resulta complejo dados los pocos datos escritos y arqueológicos. Sin embargo, parece un lugar bastante adecuado el lado norte de la bahía; al abrigo de la misma y a salvo de los temporales del Cantábrico y los vientos, en la ladera norte del promontorio de Somorrostro y a orillas de la antigua ría de Becedo. Por otra parte, las aguas de la bahía, a donde desembocan amplias rías desde el Sur, sirven de fuente de alimentación para los allí asentados y la buena visibilidad desde el cerro para avistar los posibles atacantes hacen de este lugar idóneo para la fundación de un poblado estable, donde en definitiva evolucionó a lo largo de toda la Edad Media.
Desde la época romana, donde aparecen los primeros datos, la antigua Portus Victoriae Iuliobrigensium de la que hablan las fuentes romanas, se han hallado restos arqueológicos en la península de la Magdalena (restos de una edificación con suelos de mosaico, un Hermes de bronce y diverso material monetario y cerámico); en el promontorio de San Martín (una villa del siglo I d. C. con restos de un hypocaustum de unas termas y diversas monedas de plata así como un ánfora de la misma época) y sobre todo en la zona del cerro de Somorrostro (del latín summum rostrum, «promontorio mayor») donde se realizaron excavaciones sistemáticas y aparecieron bajo la actual catedral restos de iglesias de época altomedieval y estructuras de época romana —hypocaustum perteneciente a unas estancias de finalidad termal, muros de contención y otros edificios, todo ello acompañado de importante material monetario, un sestercio de la época del emperador Trajano, otras monedas de Constantino I, etc.— que indican que los romanos llevaban a cabo actividades mineras y comerciales con el puerto como base. También se sabe que eran frecuentes las incursiones de los navegantes nórdicos y, según se desprende de la Crónica del obispo Hidacio (siglo V), entre los años 455 y 459 la población sufrió probablemente el saqueo de los hérulos.