Tal Día como Hoy

Samarcanda

Ciudad de Uzbekistán

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Samarcanda​ (en uzbeko: Samarqand, en ruso: Самарканд) es la segunda ciudad más grande de Uzbekistán, después de Taskent, tanto en población, como área e importancia industrial.​​ Es a su vez capital de la región de Samarcanda. La Unesco declaró a esta ciudad de 2700 años de antigüedad como Patrimonio de la Humanidad en el año 2001, y fue inscrita como Samarcanda - Encrucijada de culturas.

Se han encontrado evidencias de actividad humana en el área de la ciudad desde el Paleolítico tardío, aunque no hay evidencia directa de cuándo fue exactamente fundada Samarcanda; algunas teorías señalan que fue fundada entre los siglos VIII y VII antes de Cristo. Prosperando desde su ubicación en la Ruta de la Seda entre China y el Mediterráneo, Samarcanda fue una de las más grandes ciudades de Asia Central.​

La ciudad es conocida por ser un centro islámico de estudio académico. En el siglo XIV se convirtió en la capital del imperio de Timur (Tamerlán) y es el sitio de su mausoleo (el Gur-e Amir). La mezquita Bibi-Khanym (una réplica moderna) sigue siendo uno de los monumentos más notables de la ciudad. El Registán fue el antiguo centro de la ciudad, la cual ha conservado cuidadosamente las tradiciones de los antiguos oficios: bordados, bordados de oro, tejidos de seda, grabado sobre cobre, cerámica, tallado y pintura sobre madera.​

Samarcanda es una de las ciudades más antiguas del mundo aún habitadas. Dada su ubicación, prosperó debido a estar localizada en la Ruta de la Seda entre China y Europa. Llegó a ser una de las ciudades más grandes de Asia Central.

Cerca de Samarcanda se encuentra el sitio arqueológico de Afrasiab, ciudad precursora de Samarcanda que fue fundada en el siglo VII a. C., Samarcanda fue capital de la satrapía de Sogdiana bajo la dinastía aqueménida de Persia, cuando Alejandro Magno la conquistó hacia el 329 a. C.. El historiador griego de la época imperial Arriano de Nicomedia describe que la ocupación de esta región no fue tarea fácil pues se opuso tenazmente a ser sometida, ya que tenía fácil defensa debido a su ciudadela como indica el historiador romano Quinto Curcio Rufo. Bajo el Imperio sasánida, Samarcanda floreció hasta volverse una de las ciudades más importantes del Imperio persa.

Aunque la región tenía lengua iraní, no estuvo políticamente unida con Persia entre los tiempos de Alejandro Magno y de la conquista musulmana de Persia. Los griegos se refirieren a ella como Maracanda. Durante la dinastía seleúcida pudo alcanzar los 40 000 habitantes.​ En el siglo VI fue parte de los dominios de un reino turco.

Al comienzo del siglo VIII Samarcanda fue sometida a control árabe. Bajo el poder de los abásidas, se obtiene el secreto de la fabricación de papel a partir de la confesión de dos prisioneros chinos capturados en la batalla del Talas en el año 751. Esto dio lugar a la primera fábrica de papel en el mundo islámico, que se fundó en Samarcanda. La invención luego se extendió al resto del mundo islámico, y de ahí a Europa. Del siglo VI al siglo XIII la ciudad creció y llegó a ser controlada por los köktürk, árabes abásidas, persas samaníes, turcos qarajánidas, turcos selyúcidas, karakitay, y jorezmitas.

Durante la Edad Media, las ciudades de Asia Central como Bujará, Samarcanda o Merv​ típicamente contaban con una ciudadela (kuhandiz) ubicada en terreno elevado y que servía como última línea de defensa.​ Luego tenían la zona intramuros (sharistán) donde vivía la mayoría de la población y se encontraban las principales edificaciones.​ Por último, tenían los suburbios (rabad) que se encontraban afuera de las murallas.​ Por entonces, Samarcanda se encontraba en el actual sitio arqueológico de Afrasiab, al norte del emplazamiento actual, donde un canal le suministraba agua desde el sur.​ Al norte tenía al río Siab y contaba con las puertas de Nowbahar (al oeste de su muralla), de Bujará (al norte), de Kesh (al sur) y de China (al este), apodadas así porque de ellas salían caminos que llevaban a esos lugares.​ Estas cuatro grandes puertas del sharistán eran al este Bab al Sin (hacia China), al oeste Bab al Nawbahar (que llevaba a un antiguo monasterio budista) y al sur Bab Kabir o Bab Kishsh.​

La parte norte de la ciudad estaba sobre una meseta​ y contaba con el gran palacio de los abásidas y dos más pequeños de época omeya, una mezquita del siglo VIII​ y una ciudadela levantada sobre una plataforma artificial.​ Las capitales persas tenían un palacio intramuros (andarun) y otro extramuros (birun) conectados por pasadizos secretos.​ La ciudadela contenía las oficinas administrativas (dar-al-imara) y la prisión (habs). La ciudad interior también se ubicaba en terreno elevado y contaba con casas de arcilla y madera y una zanja (jandak) formada con la tierra extraída para construir su muro. También disponía de una plaza central (Ra'sal tak) por un acueducto subterráneo entubado en plomo que permitía regar un extenso sistema de jardines urbanos atendidos por zoroastrianos.​ Al sur crecieron suburbios donde vivían las clases populares.​ Un muro exterior rodeaba los suburbios y tenía ocho puertas; en esa zona estaban la mayoría de los bazares, almacenes y caravasares.​

La época dorada de esta urbe fue durante los samánidas, que gracias al desarrollo de los sistemas de irrigación y convertirse en el centro económico de ese reino,​​ pudo alcanzar el medio millón de habitantes.​​​ Sin embargo, dicha estimación ha sido considerada una exageración.​ Lo seguro es que entre los años 800 y 1000, Samarcanda fue la mayor ciudad de Transoxiana.​ Según R. W. Bulliet, Isfahán, Ray, Nishapur, Merv, Bujará, Samarcanda, Balj y posiblemente otras urbes superaban los cien mil habitantes.​ El historiador Aiyub Palmer estimaba que pudo alcanzar los 120 000 en su época de esplendor, en el siglo IX, basándose en el área que ocupaba su shahristán,​ mientras que su colega canadiense Maria Subtelny creía que pudo tener 100 000 a 110 000 habitantes en el siglo XII.​ El orientalista ruso Aleksandr Yakubovski creía que durante el esplendor de los karajánidas, las ciudades de Asia Central eran mucho mayores que las de Europa, y algunas como Samarcanda superaron los 200 000 habitantes en el siglo X.​ Su colega y compatriota, Vasili Shishkin, reconocía que no hay forma de saber la población de la Samarcanda medieval, pero considerando el grado de edificación y extensión de la ciudad, podían ser 100 000 a 150 000 personas durante los siglos XI y XII.​

El historiador ruso Oleg Bolshakov calculó la densidad demográfica promedio de una ciudad de Asia Central del siglo VIII, equivalente a su área central (sharistán) en los siglos IX y XII.​ El arqueólogo ruso Alfred Jalikov estimaba que la ciudad tenía un área urbana de 219 hectáreas, pero si se incluían sus arrabales crecía hasta las 1500.​ Su colega, Aleksandr Kudriávtsev, estimaba que la ciudad sólo abarcaba 350 a 400 hectáreas.​ En cambio, la arqueóloga rusa Svetlana Lunina creía que el sharistán abarcaba 65 hectáreas.​ Veronika Voronina, otra historiadora, creía que el sharistán tenía 65 hectáreas y un rabad de 200 más un perímetro amurallado de 6 kilómetros.​ En esa época, la mayoría de las ciudades no tenía un sharistán mayor a 15 hectáreas,​ como la fortaleza de Kafir-Kala, «Castillo de los Infieles», al sur de Samarcanda y que tenía 16 hectáreas.​

El historiador ruso Oleg Bolshakov calculó la densidad demográfica media de las ciudades de la región durante la Edad Media, aunque teniendo en cuenta los distintos niveles de desarrollo urbano que podían existir en cada urbe.​ Señalaba que las familias típicas de la Europa y Medio Oriente medievales tenían unos 6 integrantes según Leopoldo Torres Balbas, quien estudió el tamaño de una familia típica de la época y lo comparó al espacio de sus viviendas,​ aunque reconocía que sus resultados son cuestionables.​ Bolshakov procedió a calcular la densidad de construcciones por hectárea, variable que considera la más importante para calcular la población. Para ello se basaba en excavaciones arqueológicas realizadas en Panjakent, donde se detectaron cuatro tipos de casas: palacios de dehqan, casas muy adineradas, casas adineradas y pobres, siendo estas últimas similares en área a las viviendas estudiadas por Torres Balbas, lo que lo lleva a aceptar su estimación.​

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