Tal Día como Hoy

Samantha Smith

Pacifista estadounidense

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Samantha Reed Smith (Houlton, estado de Maine, 29 de junio de 1972-25 de agosto de 1985) fue una niña pacifista estadounidense que alcanzó fama mundial después de escribir una carta en plena Guerra Fría al entonces secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Yuri Andrópov,​ y que este le respondiera invitándola a visitar su país, lo que Smith aceptó. Seguida de cerca por medios de comunicación de ambos países, se involucró después de su visita a la URSS en actividades de mantenimiento de la paz, escribió un libro y participó en una serie de televisión antes de morir en un accidente de avión.

Samantha tuvo una infancia normal junto a sus padres, Arthur, profesor de literatura en la Universidad de Maine, y su madre Jane, asistente social. A los cinco años, le escribió una carta a la reina Isabel II del Reino Unido, le contaba que le caía simpática. En 1980, cuando Smith había terminado el segundo grado, su familia se mudó a Manchester (Maine), donde concurrió a la Escuela Elemental de Manchester.

Su madre describiría los acontecimientos que llevaron a que Samantha escribiera la histórica carta. Al asumir Andropov el liderazgo de la Unión Soviética, los principales diarios y revistas estadounidenses dedicaron portadas y artículos destacados sobre el nuevo Presidente del Presidium del Sóviet Supremo, prevaleciendo las opiniones negativas sobre su llegada al poder y las repercusiones que tendría. Durante esta época se realizaban a menudo en América del Norte y Europa masivas marchas contra el uso de armas nucleares, y en Estados Unidos había expectativa por el inminente estreno de la película El día después.

El presidente estadounidense, Ronald Reagan, había dejado de lado la política de la coexistencia pacífica para instalar misiles de crucero y misiles balísticos Pershing en Europa. La URSS había estado involucrada en Afganistán por más de tres años, lo que también contribuyó a elevar la tensión entre las superpotencias. En particular, fue un ejemplar de la revista TIME la que llegó a manos de Samantha, quien después de verla preguntó a su madre: "Si la gente le tiene tanto miedo, ¿por qué no le escribe alguien una carta preguntándole si quiere o no hacer una guerra?". "¿Por qué no lo haces tú?", fue la respuesta.​

En noviembre de 1982, cuando estaba en quinto grado, escribió una carta a Andropov en su intento de comprender por qué eran tan tirantes las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética:

Me llamo Samantha Smith. Tengo diez años de edad. Felicitaciones por su nuevo trabajo. Estuve preocupada pensando en la posibilidad de que Rusia y los Estados Unidos se involucren en una guerra nuclear. ¿Votará por la guerra o no? Si no, por favor cuénteme cómo ayudará a evitar una guerra. Esta pregunta no la tiene que responder, pero me gustaría saber por qué quieren conquistar el mundo o al menos nuestro país. Dios hizo el mundo para que viviéramos juntos en paz y no para pelear.

El diario soviético Pravda publicó su carta y el 25 de abril de 1983 recibió una respuesta de Andropov:​​

Recibí tu carta, que es como tantas otras que me llegaron en este tiempo de tu país y otros países del mundo.

Me parece —lo infiero por tu carta— que eres una niña valiente y honesta, parecida a Becky, la amiga de Tom Sawyer en el famoso libro de tu compatriota Mark Twain. Este libro es muy conocido y querido por todos los niños en nuestro país.

Dices que estás ansiosa por saber si habrá una guerra nuclear entre nuestros países. Preguntas si estamos haciendo algo para evitar la guerra.

Tu pregunta es la más importante de las que se puede hacer cualquier persona inteligente. Te responderé seria y honestamente.

Sí, Samantha, nosotros en la Unión Soviética tratamos de hacer todo lo posible para que no haya guerras en la Tierra. Esto es lo que quieren todos los soviéticos. Esto es lo que nos enseñó el gran fundador de nuestro Estado, Vladimir Lenin.

El pueblo soviético sabe muy bien cuan terrible es la guerra. Hace cuarenta y dos años, la Alemania nazi, que buscaba dominar el mundo entero, atacó a nuestro país, quemó y destruyó miles de nuestros pueblos y villas, mató a millones de hombres, mujeres y niños soviéticos.

En esa guerra, que terminó con nuestra victoria, fuimos aliados de los Estados Unidos: juntos peleamos por la liberación de mucha gente de los invasores nazis. Supongo que sabrás esto por tus clases de Historia en la escuela. Hoy ansiamos vivir en paz, comerciar y cooperar con nuestros vecinos de esta Tierra —con los cercanos y los lejanos—. Y por supuesto con un gran país como son los Estados Unidos.

En los Estados Unidos y en nuestro país hay armas nucleares —armas terribles que pueden matar millones de personas en un instante—. Pero no queremos que sean jamás usadas. Por eso precisamente es que la Unión Soviética declaró en forma solemne por todo el mundo que nunca —nunca— será la primera en usar armas nucleares contra ningún país. En general nos proponemos detener su producción futura y proceder a la destrucción de todos los arsenales existentes.

Me parece que esta es suficiente respuesta a tu segunda pregunta: "¿Por qué quieren hacerle la guerra al mundo o al menos nuestro país?". No queremos nada parecido. Nadie en nuestro país —ni trabajadores, ni campesinos, ni escritores ni doctores, ni grandes ni chicos, ni miembros del gobierno— quiere una guerra grande o "pequeña".

Queremos la paz —hay cosas que nos mantienen ocupados: sembrar trigo, construir e inventar, escribir libros y volar al espacio—. Queremos la paz para nosotros y para todos los pueblos del planeta. Para nuestros niños y para ti, Samantha.

Te invito, si tus padres te lo permiten, a que vengas a nuestro país; el mejor momento es este verano. Podrás conocer nuestro país, encontrarte con otros de tu edad, visitar un centro internacional de la juventud —"Artek"— a orillas del mar. Y verlo con tus propios ojos: en la Unión Soviética, todos quieren la paz y la amistad de los pueblos.

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