Tal Día como Hoy

Sam Harris

Filósofo estadounidense

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Sam Harris (9 de abril de 1967) es un filósofo, neurocientífico, cofundador y director del Proyecto Razón. Es autor del libro El fin de la fe (The end of faith, 2004), que estuvo durante treinta y tres semanas en la lista de best sellers según el New York Times, y ganó el premio PEN/Martha Albrand de ensayo en el año 2005​ y de Carta a una nación cristiana (Letter to a Christian Nation, 2006), una respuesta a la crítica que despertó su primer libro.

Harris es un crítico moderno de las religiones y un afamado representante del escepticismo científico, considerado uno de los portavoces del nuevo ateísmo. Apoya firmemente la separación entre Iglesia y Estado, la libertad de culto, así como la libertad para criticar a las religiones. Harris ha escrito numerosos artículos en The Huffington Post, Los Angeles Times, The Washington Post, The New York Times, Newsweek y algunos en revistas científicas como Nature. Sus artículos tocan diversos temas, entre los que se incluyen la religión, moralidad, neurociencia, libre albedrío, terrorismo así como artículos en los que trata la defensa propia ante las críticas.

En 2010 publicó el libro The moral landscape, en el que argumenta que la ciencia puede dar respuesta a los problemas éticos, ayudando a facilitar el bienestar de la humanidad. Regularmente da charlas por Estados Unidos y Gran Bretaña, que incluyen charlas en la Universidad de Oxford, Cambridge, Harvard, Caltech, Berkeley, Universidad de Stanford, Universidad de Tufts, así como en TED. Harris también ha realizado numerosas apariciones públicas en televisión, entrevistas y documentales.

Harris es desde 2020 miembro de Giving What We Can, una organización centrada en el altruismo eficaz cuyos miembros se comprometen a donar al menos el 10 % de sus ingresos a organizaciones benéficas efectivas.​

Después de ser objeto de intensas críticas por sus ataques a las creencias religiosas dogmáticas, Harris se muestra cauto acerca de revelar detalles de su biografía.​

Ha dicho que fue criado por una madre judía y un padre cristiano cuáquero,​​ y declaró en Newsweek que de niño «rechazó ser benei mitzvá».​

Asistió a la Universidad de Stanford, pero dejó los estudios después de una experiencia con el éxtasis que le cambió la vida.​ Durante este periodo viajó a oriente para estudiar budismo y meditación, y afirma haber leído cientos de libros de religión.[cita requerida]

Después de once años volvió a Stanford y completó una licenciatura en filosofía.

Completó un doctorado en neurociencia por la UCLA,​ usando imágenes de resonancia magnética funcional para llevar a cabo su investigación sobre las bases neuronales de las creencias, el escepticismo y la incertidumbre.​

El mensaje fundamental de Harris es que ha llegado el momento de hablar abierta y honestamente sobre religión, cosa que no se ha hecho hasta la fecha. El autor considera que está en peligro la supervivencia de la civilización por el tabú contra cualquier cuestionamiento de las creencias religiosas. Aunque destaca lo que reconoce como un problema particular del islam en este momento respecto al terrorismo internacional, Harris hace una crítica directa de la religión de todos los estilos y tendencias. Ve la religión como un obstáculo para progresar hacia enfoques más claros de la espiritualidad y la ética.

Al tiempo que se define como ateo, Harris asevera que este término no es necesario. Su postura es que el ateísmo no es una visión del mundo o una filosofía, sino la «destrucción de malas ideas». Afirma que la religión es especialmente fecunda en malas ideas, llamándola «uno de los más perversos desaprovechamientos de la inteligencia jamás desarrollados».​ Harris compara las creencias religiosas de la actualidad con los mitos de la Grecia Clásica, que fueron aceptados una vez como reales, pero están hoy día desfasados. En una entrevista en enero de 2007 a la PBS, Harris apuntó que: «No tenemos una palabra para los no creyentes en Zeus, lo cual es cómo decir que somos todos ateos respecto a Zeus, y tampoco tenemos una palabra para designar a los que no son astrólogos». Continúa diciendo que el término ateo será abolido solo cuando «alcancemos un nivel de honestidad intelectual donde nunca más pretendamos tener razón sobre las cosas sobre las que no tenemos certeza».​

Harris también rechaza que la Biblia fuera inspirada por un Dios omnisciente. Establece que si ese fuera el caso, el Libro podría «hacer predicciones específicas y constatables sobre los acontecimientos humanos». En su lugar, la Biblia «no contiene ni una frase que no pueda haber sido escrita por un hombre o mujer del siglo I».​

En El fin de la fe, Harris dedica un capítulo a «La naturaleza de las creencias». Su principal argumento es que todas nuestras creencias, excepto aquellas relacionadas con un dogma religioso, están basadas en la evidencia y la experiencia. Dice que la religión permite puntos de vista que incluso son venerados como «sagrados», que en otros ámbitos podrían ser tachados como «locuras». El autor presta una atención específica a enseñanzas tales como la transubstanciación de la doctrina católica, según la cual, durante la misa, en la eucaristía, el pan y el vino se transforman en toda su esencia en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Harris discute que si un individuo desarrollara esta creencia por su cuenta, sería tachado sin duda de «loco». En el contexto de la religión, no obstante, tales enseñanzas no se cuestionan —y además no pueden cuestionarse—. Harris escribe que es un mero accidente histórico que sean consideradas como normales en nuestra sociedad «creencias como que el Creador del Universo puede oír tus pensamientos, mientras que pueda ser un signo de enfermedad mental la creencia en que Él se comunica contigo mediante el código morse mientras la lluvia cae sobre los cristales de tu habitación».​

El pensamiento de Harris aboca a una benigna y correctiva forma de intolerancia, distinguiéndola de la histórica persecución religiosa. Él promueve una intolerancia conversacional en la cual las convicciones personales se enfrentan a las evidencias y donde se exige una honestidad intelectual por igual, tanto en posturas religiosas como en las no religiosas. Harris aboga por la necesidad de contrarrestar la tendencia general a impedir una crítica abierta de las ideas religiosas, creencias y prácticas.​

Harris arguye que tal conversación e investigación es esencial para el progreso en cualquier otro campo del conocimiento. Pone como ejemplo a quienes piden «respeto» por determinadas posturas en física o historia; en lugar de ello, exigimos razones y esperamos evidencias, mientras que quienes se dedican a lo contrario, son rápidamente marginados en estos campos. Así, Harris aduce que la costumbre de deferencia con las ideologías religiosas constituye un doble rasero que, seguido de eventos como los ataques del 11 de septiembre, ha llegado a ser un riesgo demasiado grande.​

En la entrevista a la PBS de 2007 Harris dice:

Harris centra gran parte de su crítica en la situación actual de los asuntos religiosos en Estados Unidos. Le preocupa que muchas áreas de la cultura americana se vean perjudicadas por creencias sostenidas por dogmas religiosos. Por ejemplo, cita encuestas que muestran que el 44% de los norteamericanos creen que es «cierto» o bastante «probable» que Jesús vuelva a la Tierra en los próximos cincuenta años. El mismo porcentaje cree que el creacionismo debería ser enseñado en las escuelas públicas y que Dios ha prometido, literalmente, la tierra de Israel a los modernos judíos.​​

Tales creencias impiden la planificación de un futuro sostenible, afirma Harris. Señala que a la luz de las profecías bíblicas, el Apocalipsis se considera un precursor necesario de la segunda venida o el Arrebatamiento de la Iglesia como algunos lo llaman. Harris observa que una proporción significativa de la población norteamericana podría ver una guerra nuclear en Oriente Medio como un augurio del final de los días.

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