Tal Día como Hoy

Salvador de Madariaga

Diplomático, escritor y político español

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Salvador de Madariaga y Rojo (La Coruña, España, 23 de julio de 1886-Locarno, Suiza, 14 de diciembre de 1978) fue un diplomático y escritor español, ministro en 1934 de Instrucción Pública y Bellas Artes y de Justicia de la Segunda República. Trabajó en la Sociedad de Naciones como jefe de personal de la Sección de Desarme (1922-1927) y más tarde representó a la Segunda República Española como embajador en Washington (1931), París (1932-1934) y como delegado español ante la Asamblea de la Sociedad de Naciones. De pensamiento liberal y europeísta, se exilió tras el inicio de la Guerra Civil en el Reino Unido. Durante la Guerra Fría fue activo militante contra el comunismo soviético, así como opositor de la dictadura franquista; solo retornó a España tras la muerte de Franco. Miembro de número de la Real Academia Española y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, como escritor cultivó diversos géneros: ensayo histórico y político, crítica literaria, novela, biografía y poesía. También fue el primer presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.

Nació el 23 de julio de 1886 en la ciudad gallega de La Coruña,​​ en el seno de una familia numerosa —pues tuvo diez hermanos— y de larga tradición militar,​ hijo del coronel Darío José de Madariaga​ y de María Ascensión Rojo;​ su padre le enviaría a Francia a estudiar ingeniería hacia 1900.​ Estudió en el Collège Chaptal, la École polytechnique y la École nationale supérieure des mines de París,​​ hasta conseguir su graduación en 1911.​ Ya durante su etapa de formación en Francia había sentido que su vocación se inclinaba hacia estudios literarios, pero la presión paterna hizo que siguiese estudiando hasta conseguir el título de ingeniero; llegó a considerar su trabajo y su vocación como «enemigos declarados».​

Tras graduarse, volvió a España, trabajando como ingeniero de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y como articulista en Madrid.​ En 1912 contrajo matrimonio con la escocesa Constance Archibald​ y en 1914 ingresó en la Liga de Educación Política, de la que también formaron parte Ortega y Gasset, Azaña, Fernando de los Ríos, Américo Castro, Araquistáin, Luis Bello o Ramiro de Maeztu.​ Hacia estas fechas empezó su correspondencia postal con Miguel de Unamuno, con quien mantuvo una relación de aprecio y respeto.​ Durante la Primera Guerra Mundial, residió en el Reino Unido, donde escribió propaganda aliadófila en castellano por encargo del Ministerio de Asuntos Exteriores británico, gracias a ser recomendado por Araquistáin.​

En marzo de 1920 falleció con sólo treinta y tres años de edad su hermano Emilio, escultor.​ Al finalizar la guerra, Madariaga trabajó como ingeniero de minas en España, además de escribir para el suplemento literario del Times y para el Manchester Guardian​ y, en 1921, conseguiría un puesto permanente en la Sociedad de Naciones —tras asistir a una conferencia organizada por esta en calidad de asesor temporal, en la que habría impresionado con sus capacidades—. En años posteriores siguió ascendiendo dentro de la organización, hasta abandonarla en 1927​​ para convertirse en 1928 en profesor de lengua española en la Universidad de Oxford, puesto que desempeñó durante tres años y que abandonó al descubrir que carecía de vocación para él.​

En mayo de 1931​ el gobierno provisional de la República lo designó, sin previo aviso, embajador de España en los Estados Unidos​ y en las elecciones generales de ese mismo año, en junio, fue elegido diputado por La Coruña, con la FRG/ORGA, de nuevo sin contar con su beneplácito;​ con un total de 68 783 votos.​ Durante el periodo republicano volvió además a la Sociedad de Naciones​ y ejerció como embajador en Francia (1932-1934)​ y como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes y ministro de Justicia en el tercer Gobierno de Alejandro Lerroux (1934).​En esos mismos años, formó junto con otros intelectuales europeos destacados el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, organización asesora de la Sociedad de Naciones, cuyo objetivo era promover el intercambio internacional entre científicos, investigadores, profesores, artistas e intelectuales.​

En el contexto de la invasión japonesa de Manchuria, Madariaga mantuvo una posición opuesta a los intereses nipones, lo que le hizo ganarse el apodo de «Don Quijote de la Manchuria», aunque los planes para establecer un arbitraje internacional terminarían fracasando;​ y cuando se produjo la invasión italiana de Etiopía se posicionó en contra de los intereses expansionistas de Mussolini.​ Durante el segundo bienio republicano, criticó tanto la insurrección obrera en Asturias de 1934 como el encarcelamiento de Azaña en Barcelona;​ su relación con este último fue ambivalente: Madariaga le profesaba admiración, pero esta no era correspondida por Azaña.​

El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Toledo,​ tras lo cual se exilió en el Reino Unido, previo paso por Ginebra.​ Ese año fue uno de los nominados al Premio Nobel de la Paz, propuesto por el historiador y político danés Peter Rochegune Munch.​ Durante el conflicto, Madariaga se carteó con el ministro de Exteriores británico Anthony Eden con el objetivo de buscar una intervención del Reino Unido en el conflicto que diera lugar a un acuerdo de paz, de forma infructuosa.​ Allí se convirtió en un opositor a la dictadura militar franquista.​En los años cuarenta y cincuenta, trabajó activamente para establecer contacto entre los grupos de la oposición franquista más moderados, en especial el sector monárquico representado por José María Gil-Robles y el socialista de Indalecio Prieto.​ En abril de 1947 participó en la reunión de Mont Pèlerin, Suiza, junto a Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwig von Mises, Walter Lippman y Michael Polanyi, entre otros, de la que surgiría la llamada Sociedad Mont Pelerin, agrupación que lucharía contra el keynesianismo y el Estado social.​ También fue primer presidente de la Internacional Liberal,​​ uno de los asistentes al Congreso de La Haya de 1948​ y cofundador del Colegio de Europa en la ciudad belga de Brujas.​ En 1952 fue nominado al Premio Nobel de Literatura​ y, de nuevo, al de la Paz.​​ Fue presidente de honor de la revista Ibérica, donde publicó numerosos artículos,​ y del Congreso por la Libertad de la Cultura,​ que editaba la revista Cuadernos.​En 1962 fue uno de los principales organizadores de la reunión de diferentes sectores antifranquistas en el marco del Congreso del Movimiento Europeo en Múnich, reunión que el régimen denominó «Contubernio de Múnich».​ En 1968 obtuvo el «Premio Mariano de Cavia» por el artículo «La espada y el espíritu»​​​ en noviembre de 1970,​ ya con ochenta y cuatro años, contrajo matrimonio en segundas nupcias​ con su secretaria Emilia Rauman Szeleky,​ de origen húngaro,​​ y en 1973 obtuvo el premio Carlomagno por «una vida dedicada a una labor y un pensar europeísta de excelente cuño».​ Residente en Suiza desde 1972 hasta su fallecimiento,​ tras la muerte de Franco volvió a España, en 1976, asumiendo formalmente su sillón en la Real Academia Española —con un discurso titulado De la belleza de la ciencia—​ pues había sido elegido en mayo de 1936,​ y en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.​ Después de recibir la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en julio de 1978;​ el 14 de diciembre de ese mismo año falleció en la ciudad suiza de Locarno.​ El 13 de octubre de 1991, sus cenizas fueron arrojadas, junto a las de su esposa, a las aguas del océano Atlántico frente a su ciudad natal, La Coruña.​

Salvador de Madariaga tuvo dos hijas con la escocesa Constance Archibald: Nieves​ e Isabel de Madariaga.​ Fue además tío de la historiadora María Rosa de Madariaga​ y tío abuelo de los políticos socialistas Luis y Javier Solana Madariaga.​

Perteneciente a la denominada «generación del 14»,​ Madariaga afirmó en A la orilla del río de los sucesos, que «como liberal que soy, doy importancia mínima a lo económico, la mediana a lo político y la máxima a lo humano»​​ y se describiría a sí mismo como «liberal organicista».​ Admirador de la Institución Libre de Enseñanza,​ fue inscrito por Gonzalo Fernández de la Mora en un «humanismo antiutilitario».​

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