Salvador Garmendia Graterón (Barquisimeto, Lara, Venezuela, 11 de junio de 1928 - Caracas, 13 de mayo de 2001) fue un escritor venezolano. Cuentista, novelista, cronista y guionista de radio, cine y televisión, es considerado una de las figuras más importantes de la narrativa venezolana del siglo XX y «uno de los más fieles y recursivos narradores latinoamericanos». Se le considera igualmente parte del Boom latinoamericano. Integró los grupos de vanguardia Sardio y, posteriormente, El Techo de la Ballena. Fue autor de novelas de temática urbana y existencial, como Los pequeños seres (1959) y Los habitantes (1961); así como de obras de marcado carácter memorial e imaginativo, entre ellas Memorias de Altagracia (1974) y El capitán Kid (1988). Además, desarrolló una extensa obra cuentística y una apreciable obra como cronista y articulista. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (1973) y el Premio Juan Rulfo (1989).
Hijo de Dolores Graterón y Ezequiel Garmendia, nació y creció en el barrio Altagracia de Barquisimeto, en el seno de una familia de recursos modestos. Fue uno de siete hermanos varones, entre ellos Hermann Garmendia, también escritor. Su infancia transcurrió en un ambiente que posteriormente tendría una presencia importante en su obra literaria. En 1934 inició sus estudios en una pequeña escuela dirigida por las hermanas García Sorondo y posteriormente cursó estudios en el colegio La Salle.
A los doce años, enfermó de tuberculosis pulmonar y ganglionar, lo que lo mantuvo durante cerca de tres años en reposo y alejado de la educación formal. Durante ese período desarrolló una intensa actividad como lector, orientado inicialmente por su hermano Hermann. Entre sus primeras lecturas estuvieron autores como Fiódor Dostoyevski, Honoré de Balzac, Antón Chéjov, Gustave Flaubert, Robert Louis Stevenson, Jack London, Alejandro Dumas, Eugène Sue, Emilio Salgari, Julio Verne y Thomas Mann. Tras recuperarse retomó brevemente sus estudios, aunque terminó por abandonar la educación formal y continuó su formación de manera autodidacta.
Hacia 1945 entabló amistad con el poeta Rafael Cadenas, con quien compartió lecturas e intereses literarios y filosóficos. En 1946 publicó su primera obra narrativa, El parque, una novela corta o cuento largo, y escribió el prólogo de Cantos iniciales, primer poemario de Cadenas. Durante estos años amplió su círculo de amistades literarias, entre ellas Elio Mujica, quien lo introdujo en la lectura de Pablo Neruda.
A los veinte años, se inscribió junto con Cadenas en el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Ese mismo año publicó en Barquisimeto la revista Tiempo Literario, junto con Alberto Anzola, Elio Mujica, Carmen Lucía Tamayo de Sequera e Isbelia Sequera Tamayo. Sus primeros trabajos como escritor aparecieron también en periódicos de su ciudad natal y comenzó a colaborar con El Nacional de Caracas. En 1948 se trasladó a la capital venezolana, donde trabajó en la radio y continuó su actividad periodística y literaria.
Novela urbana y grupos de vanguardia (1949-1969)
Al año siguiente, Salvador Garmendia obtuvo el título de locutor, oficio al cual se dedicó hasta 1967. En este período hizo adaptaciones para la radio de clásicos como Crimen y castigo, que realizó junto a Lolita Lázaro en Radio Tropical. A partir de 1958 integra el grupo literario Sardio, el cual edita una revista del mismo nombre como manifestación de libertad política, y escribió la radionovela titulada Marcela Campos, la guerrillera de los Llanos, que entrelíneas informaba a los oyentes sobre lo que estaba ocurriendo en la política y sociedad y con la actividad guerrillera. En 1959 publicó su segundo libro y primera novela, Los pequeños seres, en la editorial de Sardio. Con ella ganó el Premio Municipal de Prosa.
Durante los años sesenta trabaja en el Departamento de Publicaciones de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela; forma parte del Comité de Redacción de la revista Papeles del Ateneo de Caracas y se traslada a Mérida como encargado de las publicaciones de la Universidad de Los Andes. Tras la disolución de Sardio en 1961, Garmendia se vinculó a El Techo de la Ballena, movimiento que reunió a escritores y artistas en torno a una propuesta de ruptura estética estrechamente relacionada con el clima político de la época. Según el crítico uruguayo Ángel Rama, el grupo planteó una «revisión drástica de los valores culturales vigentes» y una transformación de la literatura y el arte al servicio de un proyecto militante vinculado con la insurgencia revolucionaria. Rama situó además al movimiento dentro de las experiencias de vanguardia urbana latinoamericanas de esa década, surgidas principalmente de sectores universitarios y de la clase media.
En estos años publicó las novelas: Los habitantes (1961), Día de ceniza (1963) y La mala vida (1968). Así como su primer libro de cuentos: Doble fondo (1965) y la monografía: La novela en Venezuela (1966). A mediados de la década se edita Los pequeños seres en Montevideo y La Habana, además de Doble fondo en la ciudad de Buenos Aires.
Difusión internacional y reconocimiento (1970-1979)
A partir de la década de los setenta Garmendia va privilegiando el relato corto y la publicación de libros de relatos, como Difuntos, extraños y volátiles (1970). En estos aparece una opción metafísica en la que la diversidad de fenómenos, «apuntan a una crítica tanto del sujeto como de la filosofía, la literatura o las instituciones». También escribió el guion para el cortometraje Salvador Valero Corredor, un artista del común, realizando también su locución. Salvador Garmendia participa como asesor de la Biblioteca Popular El dorado en Monte Ávila Editores y forma parte de la primera junta directiva del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. En 1972 publica el libro de cuentos Los escondites, obteniendo el Premio Nacional de Literatura y una beca para estudios y trabajo en Barcelona, España, otorgada por la Universidad de los Andes. En 1973 aparece su novela Los pies de barro, y prologa el libro de cuentos de Arturo Uslar Pietri: Moscas, árboles y hombres. En 1974 publica Memorias de Altagracia, la que se convertirá en una de sus obras más importantes. En 1975 realiza para la televisión la adaptación de Pobre negro, de Rómulo Gallegos. Se desempeña como guionista del cortometraje Los Chimbangueles dirigido por Mauricio Walerstein.
Al año siguiente publica: El Inquieto Anacobero en el diario El Nacional. Por este cuento –que desató polémica por el uso de «malas palabras»– Salvador Garmendia fue objeto de una denuncia del Bloque de Prensa Venezolano ante el Juzgado Segundo de Primera Instancia en lo Penal, por el delito de ultraje al pudor público, lesionador de los principios morales de la sociedad venezolana. Va a conseguir apoyo para su causa en la comunidad intelectual venezolana, entre los que se encontraban el historiador y médico Isaac J. Pardo. Entre 1976 y 1978 escribe el guion de la película Fiebre, adaptación de la novela de Miguel Otero Silva, dirigido por Juan Santana; el libreto de la telenovela La hija de Juana Crespo; la versión para cine de Juan Topocho, cuento de Rafael Zárraga, dirigido por César Bolívar, y para la televisión La piel de zapa, adaptación de la novela de Honoré de Balzac. A mediados de la década, colabora periódicamente con artículos humorísticos en la revista El Sádico Ilustrado.
Durante su estadía en España, Salvador Garmendia presenta Memorias de Altagracia. Sobre su proceso creativo el autor comentaría:
«Una vez en España encontré que esa zona que yo apenas había entrevisto y en la cual no me había atrevido a penetrar totalmente se me iluminaba de golpe, y me vi con los recursos y los instrumentos en la mano para acometerla enseguida en forma total».Memorias de Altagracia servirá de transición tanto en el estilo como en la temática de sus novelas y relatos. Recuerdos de su infancia, como aquel personaje del Moncho Marinferínfero, el cual habría conocido en su ciudad natal en 1936; así como la unión de relatos cortos para la formación de la novela. Sobre esta obra el investigador Alberto Márquez apunta: