El síndrome de Asperger (SA, o AS por su abreviación en inglés), también llamado simplemente aspérger o ásperger, fue durante mucho tiempo, considerado un trastorno del neurodesarrollo, caracterizado por dificultades significativas en la interacción social y la comunicación no verbal, junto con patrones de comportamiento e intereses restringidos y repetitivos. El síndrome ya no es reconocido como un diagnóstico en sí mismo, ya que ha sido fusionado con otros trastornos del espectro autista (TEA). Se consideró que se diferenciaba de otros diagnósticos que se fusionaron en el TEA por un lenguaje hablado y una inteligencia relativamente poco alterados.
El síndrome debe su nombre al pediatra austriaco Hans Asperger, quien, en 1944, describió a unos niños a su cargo que tenían dificultades para entablar amistad, no entendían los gestos ni los sentimientos de los demás, mantenían conversaciones unilaterales sobre sus intereses favoritos y eran torpes. En 1994, el diagnóstico de Asperger se incluyó en la cuarta edición (DSM-IV) del Manual diagnóstico y estadística de los trastornos mentales; con la publicación del DSM-5 en 2013 se eliminó el diagnóstico, y los síntomas se incluyen ahora dentro del trastorno del espectro autista, junto con el autismo clásico y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado (TGD-NE). Del mismo modo, se fusionó con el trastorno del espectro autista en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) a 2021.
La causa exacta del Asperger es poco conocida. Aunque tiene una alta heredabilidad, la genética subyacente no se ha determinado de forma concluyente. También se cree que influyen los factores ambientales. Las imágenes cerebrales no han identificado una afección subyacente común. No existe un tratamiento único, y las directrices del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) sugieren que el «tratamiento» de cualquier forma de autismo no debería ser un objetivo, ya que el autismo no es «una enfermedad que pueda extirparse o curarse». Según el Real Colegio de Psiquiatras, si bien las afecciones concurrentes pueden requerir tratamiento, «el tratamiento del autismo en sí consiste principalmente en proporcionar la educación, la formación y el apoyo/cuidado social necesarios para mejorar la capacidad de la persona para desenvolverse en el mundo cotidiano». La eficacia de determinadas intervenciones para el autismo sólo está respaldada por datos limitados. Las intervenciones pueden incluir formación en habilidades sociales, terapia cognitivo-conductual, fisioterapia, logopedia, formación de los padres y medicación para los problemas asociados, como el estado de ánimo o la ansiedad. Las características autistas tienden a hacerse menos evidentes en la edad adulta, pero suelen persistir las dificultades sociales y de comunicación.
En 2015, se estimó que el Asperger afectaba a 37,2 millones de personas en todo el mundo, es decir, alrededor del 0,5 % de la población. El porcentaje exacto de personas afectadas no está firmemente establecido. El trastorno del espectro autista se diagnostica con más frecuencia en varones que en mujeres, y las mujeres suelen ser diagnosticadas a una edad más tardía. La concepción moderna del síndrome de Asperger surgió en 1981 y pasó por un periodo de popularización. Se convirtió en un diagnóstico estandarizado en la década de 1990, y se retiró como diagnóstico en 2013. Sigue habiendo muchas preguntas y controversias sobre esta condición.
El término fue utilizado por primera vez por Lorna Wing en 1981 en una revista de psiquiatría y psicología, y lo denominó así en reconocimiento del trabajo previo de Hans Asperger, psiquiatra y pediatra austríaco que ya había descrito el síndrome en 1943 (en su trabajo para la habilitación como profesor y que publicó un año más tarde), es decir, casi simultáneamente con la descripción del autismo infantil realizada por Leo Kanner. No obstante, en 1925, la psiquiatra soviética Grunia Efímovna Sújareva ya había descrito el cuadro clínico del síndrome. Asperger utilizó la expresión «psicopatía autista», que se prestaba a confusiones por la asociación del término «psicopatía» con individuos de personalidad asocial. Según Wing, Asperger solo quiso usar la palabra «psicopatía» en el sentido técnico simple de «personalidad patológica». Sin embargo, los trabajos de Hans Asperger respecto del trastorno no se difundieron mucho a causa de la Segunda Guerra Mundial y finalmente se extraviaron durante el incendio de su clínica, de modo que sus investigaciones permanecieron ignoradas por la comunidad psiquiátrica, hasta que Lorna Wing las retomó. El reconocimiento internacional del síndrome de Asperger como una entidad clínica se dio en la década de 1990, y se incorporó por primera vez en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en su cuarta edición (DSM-IV, de 1994), es decir, cincuenta años después de que Asperger publicara por primera vez sus consideraciones acerca del trastorno.
El síndrome de Asperger es un diagnóstico relativamente nuevo en el campo del autismo. Según algunos autores, el propio Asperger, cuando era niño, podría haber presentado algunas de las características del síndrome que lleva su nombre como, por ejemplo, la lejanía y el talento en el lenguaje. La descripción que realizó Asperger en 1943 se basaba en cuatro casos clínicos de niños que fueron sus pacientes, los cuales tenían dificultades para integrarse socialmente. Estos niños carecían de habilidades de comunicación no verbal, no podían demostrar empatía con sus compañeros y eran, ciertamente, torpes físicamente. Asperger describió la «psicopatía autista» diciendo que se caracterizaba sobre todo por un aislamiento social. Cincuenta años más tarde, se han propuesto de manera tentativa variadas estandarizaciones del síndrome de Asperger como una entidad diagnóstica, muchas de las cuales difieren significativamente del trabajo original de Asperger.
A diferencia de la descripción que el mismo Asperger hizo en su tiempo de la psicopatía autista, en la que resaltaba su capacidad cognitiva superior, hoy se describe el síndrome de Asperger en personas que no presentan déficit de inteligencia, y se considera que esta puede hallarse en la media o por encima. En el contexto de la política de la eugenesia nazi, que tomó la medida de esterilizar y asesinar a aquellas personas que eran socialmente diferentes y a quienes presentaban una discapacidad mental, Asperger defendió apasionadamente el valor de las personas autistas al escribir textos como el siguiente:
Asperger también llamó a sus jóvenes pacientes «pequeños profesores», y creía que algunos serían capaces, años después, de alcanzar logros excepcionales y pensamientos originales. Su artículo se publicó durante la guerra y en alemán, de modo que aun antes del incendio de su consultorio no llegó a difundirse muy ampliamente en otros lugares del mundo hasta que Lorna Wing retomó el término. El año 2006 fue declarado como Año Internacional del Síndrome de Asperger, por cumplirse en ese año el centenario del nacimiento de Hans Asperger y el vigésimo quinto aniversario del momento en que la psiquiatra Lorna Wing lo dio a conocer internacionalmente. A partir del año 2007, el 18 de febrero se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger, en recuerdo del nacimiento del médico por el que es nombrado.
Las estimaciones realizadas acerca de la prevalencia del trastorno son muy variables. Una revisión de los estudios epidemiológicos infantiles efectuada en 2003 encontró que las tasas de prevalencia oscilaban entre los 0.03 y los 4.84 casos por cada 1000 individuos. La proporción de casos de autismo por cada caso de Asperger variaba desde 1.5:1 hasta 16:1. A partir de estos datos, se puede extraer una media geométrica de proporción autismo/Asperger de 5:1. Combinando este dato con una estimación conservadora de la prevalencia del autismo (1.3 casos por cada 1000 individuos), puede deducirse de forma indirecta que la prevalencia del SA puede oscilar en torno a los 0.26 casos por cada 1000 individuos. Se estima que más de la mitad de los casos alcanzan la edad adulta sin diagnóstico.