Sándor Ferenczi (Miskolc, Hungría, 7 de julio de 1873-Budapest, Hungría, 22 de mayo de 1933) fue un médico y psicoanalista húngaro. Fue uno de los terapeutas y clínicos más destacados de la historia del psicoanálisis. Miembro del «Comité Secreto», era el discípulo favorito y amigo personal de Sigmund Freud. Fue un prolífico autor de artículos sobre clínica, técnica analítica, estudios de casos y también de observaciones críticas de la teoría freudiana.
Desempeñó un papel clave en 1910 en la fundación, en conjunto con Freud, de la Asociación Psicoanalítica Internacional e hizo escuela en Hungría, fundando en 1912 en Budapest la primera Sociedad Psicoanalítica de ese país. La escuela húngara inspiró más tarde a destacados representantes del movimiento psicoanalítico, como Melanie Klein, Géza Róheim y Michael Balint.
Gran escritor de cartas: su epistolario, principalmente la correspondencia con Freud, pero también con otros colegas, alcanza la asombrosa suma de más de 2 500 cartas. En sus últimos años, resultó fuertemente cuestionado por sus atrevidas innovaciones a la técnica que no contaron con el respaldo de la ortodoxia.
Fue el octavo de doce hermanos (quinto de los varones), hijos de un padre que había participado activamente junto a los insurgentes luchando contra el imperio de los Habsburgo en la Revolución de 1848, librero y editor de literatura radical y propietario de una agencia que organizaba conciertos para artistas mundialmente famosos. Como consecuente militante de la causa del renacimiento húngaro, había cambiado su nombre, Baruch Fraenkel (nombre hebreo y apellido alemán), por Bernat Ferenczi. Sándor era el hijo preferido y recibió de su padre una educación que promovía el interés por la literatura y la filosofía, poniendo énfasis en los valores de la libertad. Su madre, Róza Eibenschütz, había nacido el 11 de diciembre de 1840 en Cracovia, Polonia (al igual que el padre), se encargaba de la familia, colaboraba con el padre en las actividades de la librería y presidía la Unión de las Mujeres Judías de la ciudad.
Su numerosa familia judía, de inmigrantes provenientes de Polonia, era muy culta e ilustrada, de modo que Sándor creció rodeado de estanterías de libros y desde niño entró en contacto con las lenguas extranjeras a través de la literatura universal. Su padre, a quien idealizó durante toda su vida, murió cuando Ferenczi tenía solo 15 años. La relación con su madre, en cambio, fue siempre conflictiva y ambivalente.
Estudios e inicio del ejercicio de la medicina
Tras finalizar sus estudios secundarios en la escuela protestante de Miskolc, ingresó en 1890 a estudiar medicina en Viena y se graduó en 1896. Regresó a Hungría en 1897 y tuvo su primer puesto de trabajo en Budapest, como psiquiatra, en el hospital Saint Roch, en un departamento dedicado a la atención de prostitutas, luego fue destinado al departamento neurológico y psiquiátrico del hogar para pobres «Elisabeth». En este período inicial de su carrera hizo sus primeras experiencias con pacientes que se encontraban en estados de intenso sufrimiento físico y psíquico, así como en situación social vulnerable: prostitutas, ancianos, homosexuales. En 1904 fue nombrado jefe del ambulatorio neurológico del Hospital General de Budapest.
Entre 1900 y 1910 mantuvo su propia consulta privada de psiquiatría y neurología en Budapest, donde también ejerció como médico general.
En 1900, siendo un joven médico, leyó La interpretación de los sueños de Sigmund Freud. Lo hizo animado por su amigo y colega Fülöp Stein, quien le encargó una recensión de esta obra. Su comentario crítico, que se publicó en una revista húngara, lo escribió sobre la base de una lectura bastante superficial y concluyó que las ideas psicoanalíticas acerca de los sueños carecían de valor científico y debían descartarse por completo. En su autoanálisis posterior interpretó esta experiencia descubriendo que su rechazo reflejaba sus propias resistencias, las que le impedían asimilar un material que incidía en sus propias heridas psicológicas y afectivas.
En 1908 conoció a Freud, y el primer encuentro fue una visita que realizó a Viena en conjunto con Fulop Stein, quien le había enseñado los experimentos de Carl G. Jung en relación con la asociación de palabras. Fue justamente Jung, por aquella época muy cercano a Freud, quien gestionó el contacto para esta primera reunión en Viena. Rápidamente trabó amistad con Freud, relación que cubría varios aspectos de la vida privada y comunidad de intereses. También fue psiconalizado por Freud durante algún tiempo, y a poco de conocerlo ingresó a la Asociación Psicoanalítica Vienesa. Compartieron vacaciones y vida familiar de manera muy estrecha, tanto así, que Freud se refería a él como mi hijo querido e incluso confesó su deseo de un enganche sentimental con alguna de sus hijas (Matilde o Anna) para tenerlo como yerno.
En 1914, en su artículo sobre la historia del movimiento psicoanalítico, escribía Freud: «Hungría, tan próxima a Austria en lo geográfico y tan distanciada en lo científico, hasta ahora no ha brindado al psicoanálisis sino un solo colaborador, S. Ferenczi; pero tal que vale por toda una sociedad». Sándor Ferenczi fue también miembro del Comité Secreto, el círculo al que pertenecían los discípulos más cercanos y fieles a Freud.
A partir de 1908, casi inmediatamente después de conocer a Freud, Ferenczi asumió abiertamente la defensa de los homosexuales. Pedía a sus colegas que tomaran posición «en contra de las injustas sanciones penales a las que son sometidos los homosexuales en muchos países, especialmente en Alemania, pero también en nuestro país» y los animaba a que se unieran al Comité Científico Humanitario de Berlín (Ferenczi se convirtió en el corresponsal húngaro de este comité).
Durante muchos años, Sándor estuvo enamorado de una mujer mayor que él, Gizella Palos, que había conocido cuando tenía 15 y ella 23 años. Gizella estaba casada con Géza Palos y tenía dos hijas, Elma y Magda. Estas circunstancias hacían que tuviera pocas esperanzas en el futuro de la relación. En 1904, cuando Ferenczi tenía 31 y ella 39, inició una relación clandestina de amantes. Siete años más tarde, Elma Palos, que ya tenía 24 años y se encontraba atravesando por una depresión motivada por el suicidio de su pareja, concurrió a la consulta de Sándor Ferenczi para ser tratada por él y este la aceptó en terapia, pero se enamoró profundamente de ella, de modo que el trabajo analítico se descontroló totalmente. Ferenczi informó a Freud lo que ocurría y le pidió que continuara él el tratamiento de Elma. Aunque inicialmente algo contrariado, finalmente accedió a recibirla en análisis en 1911. Este escenario complejo y bochornoso fue ocultado a los ojos de la opinión pública durante muchos años, hasta que, en época relativamente reciente, se revelara en el contexto de la publicación en 1992 de la correspondencia Freud-Ferenczi.
El trabajo con Freud y la interrupción por la guerra
Freud encomendó a Ferenczi la tarea de crear la Asociación Psicoanalítica Internacional, en ocasión del Congreso de Núremberg. Dicha asociación debía poseer, según Ferenczi, las ventajas de la organización familiar con un máximo de libertad individual, para evitar la megalomanía pueril, la vanidad, el respeto a las fórmulas huecas, la obediencia ciega y el interés personal. El tiempo se ocuparía de demostrarle que sus temores y reticencias a encargarse de dicha tarea no eran infundados. Ernest Jones, que fuera paciente suyo, más tarde se volvería en su contra, provocando una clara censura de su obra, e influiría negativamente en Freud y la comunidad psicoanalítica en general.
En julio de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial. Un par de meses después, Ferenczi inicia su primer ciclo de psicoanálisis con Freud, el que se verá interrumpido a las pocas semanas. Lo destinan como médico militar a Pápá, Hungría, donde debe permanecer acuartelado hasta 1916. En este período recibe una visita de Freud, en 1915. En 1916 lo envían a la retaguardia y comienza a trabajar como director del servicio de neurología en el Hospital Militar María-Valeria de Budapest. Entre junio y julio de este año, y entre septiembre y octubre retoma de manera fragmentada su análisis con Freud.