Tal Día como Hoy

Rubén López Sabariego

(1917-1961), busero cubano asesinado

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Rubén López Sabariego (Guamá, 11 de junio de 1917 - Base Naval de Guantánamo, 15 de octubre de 1961) fue un conductor de autobús cubano que trabajaba en la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, donde fue torturado durante una semana y asesinado.​​

Miembros de la Inteligencia Naval estadounidense sospechaban que López podría ser un agente cubano, pero lo dejaron mantener su trabajo en la base.​

Su cuerpo fue dejado más de una semana a la intemperie (en esta época, en Guantánamo las temperaturas máximas promedio ascienden a más de 30 °C), antes de ser devuelto a Cuba en estado de putrefacción.​​​​

Estados Unidos comunicó que López había sido ejecutado por el Gobierno cubano con un tiro de pistola. Cinco años más tarde afirmó que había sido ejecutado por un capitán de marina con un solo tiro de pistola. Sin embargo, cuando su cuerpo fue devuelto (en octubre de 1961), los forenses cubanos descubrieron que López tenía varios huesos quebrados (múltiples fracturas en el cráneo, el pómulo derecho y la costilla izquierda) y signos de tortura (como lesiones de arma blanca ―posiblemente una bayoneta― en el abdomen y en las piernas y lesiones en los genitales).​

López nació en una aldea llamada Fenton, cerca del poblado de Cojímar (que no se debe confundir con la ciudad de Cojímar, en Habana del Este), en el municipio Guamá, situado en la provincia de Santiago de Cuba.

Quedó huérfano a una edad temprana, y fue criado por sus abuelos.​

En 1939, López empezó a trabajar como carpintero en la base militar de Guantánamo.​

En 1940, López se casó con una tal Georgina González. Tuvieron nueve niños.​

En 1945, López dejó de trabajar en la base.

En 1948 o 1949 comenzó a trabajar nuevamente en la base, esta vez como busero (conductor de bus).

El Gobierno de Estados Unidos empleaba a miles de trabajadores cubanos desde su instalación en 1903. Después de la Revolución cubana (enero de 1959), como esta no se declaró inmediatamente socialista, el Gobierno de Estados Unidos ―en plena Guerra Fría contra la Unión Soviética―, permitió que los cubanos viajaran diariamente a la base para seguir trabajando allí.​

La esposa de López, Georgina González, lo vio por última vez vivo cuando el busero salió a trabajar el 30 de septiembre de 1961.​

Cuando esa noche no regresó a su casa, le preguntó a otros viajeros, que trabajaban en la base, que le dijeron que pensaban que los estadounidenses lo habían arrestado. El 4 de octubre de 1961, González recibió permiso de las autoridades cubanas para visitar la base estadounidense para investigar acerca de su marido. Oficiales estadounidenses le dijeron que esa noche habían oído un disparo, y le sugirieron que López había sido fusilado por las autoridades cubanas.

En su última visita a la base, el capellán de la base (estadounidense) llevó a Georgina González hasta un lugar despoblado cerca de la costa, y le mostró el cuerpo completamente podrido de López, tirado en una zanja. Tomó una semana adicional para que los funcionarios de la base estadounidense acordaran devolver el cuerpo.​

En 1963 el teniente William Szili ofreció su versión de la muerte de López.​​​​​​​​

Él había trabajado como oficial ejecutivo de una compañía de infantes de marina que cuidaban el límite occidental de la base. Según Szili, la noche del 30 de septiembre de 1961, él y su comandante de compañía, el capitán Arthur J. Jackson ―quien había obtenido una medalla de honor durante la Segunda Guerra Mundial―, habían consumido aproximadamente seis cócteles martini en el club de oficiales de la base. Él dijo que dejó a Jackson en el club de oficiales, y se fue a su casa a dormir, y fue despertado por una llamada de uno de los oficiales de la base, que le dijo que Jackson había encontrado a Rubén López en un área restringida, y que Jackson necesitaba su ayuda.

La policía del campamento le ordenó a Jackson que escoltara a López hasta la puerta noreste, la única salida oficialmente utilizada después de la Revolución cubana.​

Como esto no era posible ―porque requería tomar un viaje en ferry al lado este de la bahía de Guantánamo, y el transbordador solo funcionaba hasta la medianoche―, Jackson decidió usar una puerta más pequeña que había sido abandonada después de la Revolución cubana.

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