Rosemary Sutcliff (East Clandon, 14 de diciembre de 1920-Walberton, 23 de julio de 1992) fue una escritora británica conocida por sus obras de literatura juvenil, principalmente novelas históricas.
Nacida en una pequeña población al sureste de Inglaterra, era hija de un oficial de la Armada británica sujeto a continuos cambios de destino que obligaron a la familia a vivir en diferentes lugares. Sufrió desde una temprana edad artritis juvenil idiopática, enfermedad que le hizo pasar una infancia y adolescencia solitarias.
Aunque sus estudios la enfocaron hacia una prometedora carrera como pintora de miniaturas, con poco más de veinte años se inició en la actividad literaria y comenzó a escribir algunas novelas para disfrute personal. Un conocido suyo envió uno de sus manuscritos a una editorial y consiguió que se interesasen por ella iniciando así su larga trayectoria literaria profesional.
Sus libros fueron mayoritariamente novelas históricas dirigidas al público juvenil, aunque su temática y estilo han hecho que sean apreciados por lectores de todas las edades. Las tramas de sus novelas se desarrollan principalmente en las islas británicas y de manera destacada, durante el periodo romano de las mismas. En esta época se enmarca su obra más conocida, El águila de la novena legión, basada en las leyendas sobre esta unidad militar romana. Dicha obra fue llevada al cine en 2011, con el título The Eagle; la película se estrenó en España y Argentina como «La legión del águila», mientras que en México lo fue como «El águila de la legión perdida».
Sutcliff publicó más de cincuenta obras a lo largo de su vida, de las cuales solo una pequeña parte ha sido traducida al español. Aparte de novelas históricas, también escribió algunas versiones actualizadas de conocidas leyendas clásicas, así como ensayos y cuentos ilustrados.
Varios de sus libros fueron reconocidos con premios relevantes, entre los que destaca la medalla Carnegie, con la que fue galardonada la novela The Lantern Bearers (publicada en español con los títulos Los guardianes de la luz y Aquila, el último romano). A título personal, fue reconocida en su país con el nombramiento de la Orden del Imperio Británico por sus aportaciones en el campo de la literatura juvenil.
Rosemary Sutcliff nació el 14 de diciembre de 1920. Vino al mundo en la pequeña localidad de East Clandon dentro del condado de Surrey al este de Inglaterra. Ya en edad adulta afirmaría que no le agradaba mucho la circunstancia de haber nacido en esta región y que se sentía más ligada al área oeste del país.
Fue hija única. Su padre, George Ernest Sutcliff, era un oficial de la Armada británica a pesar de proceder de una familia sin tradición militar. Su madre, Elizabeth Sutcliff —nacida Lawton— había permanecido en el Reino Unido mientras que su familia emigró a la India para trabajar en la construcción de ferrocarriles.
La profesión de su padre estaba sujeta a continuos cambios de destino que obligaron a la familia a mudar de residencia en varias ocasiones para vivir junto a diferentes bases navales británicas. El lugar donde Sutcliff pasó más tiempo durante este periodo de su vida fue en la isla de Malta. Finalmente, tras este periplo, la familia pudo recalar de una manera más permanente en el norte de Devon. Esta circunstancia de no poder permanecer mucho tiempo en el mismo lugar dificultó la escolarización de Rosemary, quien inicialmente fue educada en casa y no aprendió a leer hasta después de los nueve años.
A su madre le encantaban las novelas históricas así como las leyendas nórdicas, celtas y sajonas, lo que hizo que habitualmente leyese a su hija libros con esta temática. Esto no fue óbice para que también le inculcase una férrea disciplina y que Rosemary desarrollase una relación difícil con su progenitora. Con todo, ya mayor, reconoció haberse sentido muy querida por su padres y haberlos apreciado sinceramente a pesar de no poder hablar con ellos de una buena parte de sus problemas y sentimientos personales.
Educación e inicio de su etapa profesional
Inició su educación infantil reglada más tarde de lo habitual. Con nueve años ingresó en la escuela femenina de Chatham, localidad portuaria donde había sido trasladado su padre. Cuando entró en la escuela no sabía leer todavía y quedó al cargo de una amable profesora de avanzada edad llamada Amelia Beck. A pesar de su corto periodo de escolaridad, consiguió finalizar la educación obligatoria en 1934 con catorce años y de una manera meritoria. Posteriormente ingresó en la escuela de arte de la ciudad portuaria de Bideford en la que estudió tres años y donde le recomendaron especializarse en la pintura de miniaturas. Con dieciocho años vivió el estallido de la II Guerra Mundial, durante la que su padre sirvió como comandante de convoyes de transporte. Poco después de su inicio —en 1940— realizó su primera exposición en la Royal Academy y una vez finalizada la contienda fue elegida miembro de la Royal Society of Miniature Painters.
Fue durante la contienda —en el ecuador de la misma— cuando Rosemary se inició en la escritura de libros algo cansada de la pintura de miniaturas. Su primera obra —Wild Sunrise— versó sobre un líder britano durante la invasión romana de Britania. El texto, perdido en la actualidad, no fue de su agrado porque consideró que había quedado muy mal escrito. A este trabajo inicial siguió una novela ambientada en el siglo XIX así como una recopilación de leyendas celtas y sajonas. Estos primeros escritos los realizó para sí misma, sin buscar su publicación. Envió copias a un amigo para recabar su opinión y este —un coronel del ejército— se las entregó, sin decirle nada a ella, a un conocido cuya esposa trabajaba en Oxford University Press. Así, para sorpresa de Rosemary, un día recibió una carta de esta editorial informándole que rechazaban su publicación pero le pedían que escribiese una versión para niños de la historia de Robin Hood la cual, con el título de The Chronicles of Robin Hood, consiguió en 1950 ser su primer libro publicado.
Mientras escribía esta obra, trabajó a la vez en una historia sobre la reina Isabel que también fue del agrado de los editores y consiguió ser publicada igualmente. Sutcliff todavía no había desarrollado su particular estilo y ambas publicaciones pasaron relativamente desapercibidas en su momento. Lo mismo sucedió con los dos libros que publicó en los años siguientes —1951 y 1952—. No fue hasta 1953 en que su obra Simon, ambientada en la guerra civil inglesa, consiguió tener una buena acogida por parte de la crítica. En el año siguiente apareció el que sería su trabajo más conocido: The Eagle of the Ninth (El águila de la novena legión), libro sobre la búsqueda de una legión romana desaparecida al norte del muro de Adriano con una trama basada en la amistad y las lealtades en conflicto. Esta obra fue la que le lanzó a la fama y la primera de una serie ambientada en la Britania romana de la que un título posterior, The Lantern Bearers, consiguió ganar en 1959 la medalla Carnegie.
Poco después del final de la guerra conoció a un antiguo oficial de la RAF llamado Ruphert que estaba afectado por la fatiga de combate y con quien mantuvo una relación de dos años. Esta persona estaba casada y Sutcliff finalizó la relación al descubrir que aquel había iniciado un romance con otra mujer con la que finalmente contrajo matrimonio tras divorciarse de su primera esposa. Con todo, durante los años 1970 cuando Rosemary Sutcliff ya era una reconocida escritora, volvió a encontrarse con él. En una entrevista a la BBC afirmó que su propia familia no estaba a favor de que contrajese matrimonio y que ni ella ni su posible prometido se vieron con capacidad para hacer frente a este rechazo.
Su madre falleció en la década de 1960, tras lo que Rosemary y su padre se trasladaron para vivir en la campiña cerca de Sussex, en un área donde también se encontraba Bateman’s, la casa de campo donde Rudyard Kipling vivió gran parte de su vida. Permaneció en ese lugar durante varios años, hasta que, tras la muerte de su progenitor a principios de los años 1980, recaló finalmente en la pequeña localidad de Walberton, cerca de Arundel. En esta, su última residencia, vivió acompañada de un ama de llaves y dos perros chihuahuas. En ella recibió visitas de familiares y amigos, así como de grupos de niños de la escuela local con los que le gustaba conversar. Igualmente, se implicó en la vida de este pequeño pueblo y fue ayudada por sus vecinos cuando lo necesitó. Con motivo de la muerte de uno de sus perros, Sutcliff reveló una cierta creencia en la reencarnación, ya que se negó a tener otro hasta pasados unos años con la esperanza de que el nuevo can fuese una reencarnación del fallecido. En este sentido, se le atribuyen declaraciones afirmando que una de las causas por la que algunos autores se sentían especialmente atraídos por una determinada época histórica era que habían vivido otra vida anterior en ella y por eso les resultaba familiar.