Robert Otto Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de 1878 - cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) fue un escritor suizo de expresión alemana.
Séptimo de ocho hermanos, Walser nació en el seno de una familia de clase media. Su padre, Adolf Walser (1833-1914), era encuadernador y regentaba una papelería; su madre, Elisabeth Marti (1839-1894), trabajaba en el negocio de su marido. El negocio familiar empieza a decaer y, en 1899, la familia se traslada al barrio industrial de Biel. El descenso social de los Walser agrava la enfermedad psíquica de la madre, que muere en 1894. Según la opinión de varios estudiosos, entre ellos Peter von Matt, la relación de Walser con su madre era tan «simbiótica» que su pronta desaparición lo marcaría para siempre.
De sus siete hermanos, Robert mantendrá siempre buena relación con Karl (1877-1943), pintor, ilustrador y escenógrafo de renombre, y con Lisa (1875-1944), que ejerce de maestra y es quien, después de la enfermedad de la madre, cuidará de ella y de sus hermanos. Obligado a abandonar los estudios ‒sus padres no pueden permitírselos‒, con catorce años Robert entra como aprendiz en la sede del Banco Cantonal de Berna en Biel, donde permanecerá de 1892 a 1895. Son los años en los que Walser acaricia todavía la idea de convertirse en actor. Ya por entonces su obra preferida es Los bandidos, de Friedrich Schiller. De 1894 data una acuarela de su hermano en la que Robert aparece disfrazado de Karl Moor.
En 1895, terminado el período de formación en el banco, Walser se marcha a Basilea, donde trabajará de abril a agosto en la empresa Speyer & Co., y asistirá a escondidas a clases de teatro. En septiembre de ese mismo año se traslada a Stuttgart, donde vive su hermano Karl. Allí se desempeña como escribiente en el departamento de publicidad y anuncios de la Union Deutsche Verlagsgesellschaft. En octubre de 1896, tras varios intentos frustrados de labrarse una carrera en el mundo del teatro, Walser regresa a Suiza a pie, en lo que puede considerarse uno de los viajes más significativos de su vida y que mayor reflejo encontrará en sus escritos. En esta ocasión se instala en Zúrich, donde permanecerá casi ininterrumpidamente hasta 1905. Allí trabajará en toda suerte de empleos ‒oficinista, ayudante de contable, escribiente‒, circunstancia que se reflejará en la querencia que su obra tiene por esta clase de personajes y trabajos subalternos. De 1897 data el primer poema suyo que se conserva, «Zukunft» [Futuro]. Ese mismo año emprende su primer viaje a Berlín.
Inicios literarios (1898-1905)
En 1898, gracias a la mediación del crítico y periodista Josef Victor Widmann –que sería una de sus mayores valedores–, publica seis poemas en el suplemento dominical del periódico Der Bund, que aparecen firmados solo con sus iniciales. Ese mismo año conoce al escritor, crítico y traductor austriaco Franz Blei, por entonces redactor de la influyente revista Die Insel, que había reparado en la obra de Walser. Blei lo introduce en los ambientes de la revista, donde conocerá a figuras como Frank Wedekind, Max Dauthendey u Otto Julius Bierbaum. Son los años de máximo apogeo del modernismo o Jugendstil en Alemania, con Múnich como principal centro de irradiación. En 1899, en el primer número de Die Insel, que se edita en la capital bávara, se publican cuatro poemas suyos. Es por esa época cuando Walser toma la determinación de dedicarse a la escritura.
Aunque sigue radicado en Zúrich, Walser inicia una existencia nómada y pasa largas temporadas en otras ciudades, como Thun, Múnich, Berlín, Winterthur, Berna o Täuffelen, en este último caso en casa de su hermana Lisa. En otoño de 1899 se instala en Solothurn, donde se quedará hasta la primavera del año siguiente. No deja de publicar poemas y prosas breves en revistas y periódicos, y se consagra a uno de sus géneros preferidos, el «Dramolett» o drama breve. En julio de 1901 se instala en Múnich, donde escribirá dos de sus «Dramolette» más conocidos, Aschenbrödel [Cenicienta] y Schneewittchen [Blancanieves], que se publicarán ese mismo año en Die Insel. En octubre regresa a Zúrich y se consagra a la escritura del que será su primer libro, Los cuadernos de Fritz Kocher, con cuyo manuscrito se trasladará a Berlín a finales de año en busca de un editor. Tras dos meses y varias tentativas fallidas, Walser deja la capital alemana y en febrero de 1902 se instala temporalmente en casa de su hermana Lisa en Täuffelen. Finalmente Los cuadernos de Fritz Kocher se publican, como sus primeros poemas, en el suplemento dominical de Der Bund, gracias de nuevo a la intercesión de Widmann. En mayo de 1902 vuelve a Zúrich, donde trabaja como escribiente en la Oficina para Desempleados, una organización benéfica creada para ocupar en tareas burocráticas y de copia a las personas en paro con formación comercial.
En 1903 trabaja unos meses en una fábrica de Winterthur. Después de pasar el período de instrucción militar, en junio empieza a trabajar como secretario y contable en casa del ingeniero e inventor Carl Dubler, en Wädenswil, cerca de Zúrich. Esta experiencia será la base de su segunda novela, El ayudante (1908), en la que verterá, vestidos de ficción, varios de los episodios allí vividos.
En 1904, la editorial Insel, asociada a la revista homónima, publica en forma de libro Los cuadernos de Fritz Kocher, de cuyo diseño de cubierta e ilustraciones se encarga su hermano Karl. La publicación, que consta de una serie de ejercicios de redacción o composición escolar, prefigura ya buena parte de los temas recurrentes en su obra: el gusto por la naturaleza y la espontaneidad, el mundo de los subordinados felices de serlo, el estupor, el carácter muchas veces absurdo de las convenciones sociales y la digresión, que es a un mismo tiempo física, mental y estilística.
En 1905 se traslada a Berlín, donde su hermano Karl, por entonces una figura reconocida e influyente en el mundo artístico de la capital –en una carta a su hermana Fanny, Robert escribe: «Karl se ha convertido en un perfecto hombre de éxito»–, lo introducirá en los círculos literarios. Antes, sin embargo, a finales del verano de 1905, Walser se inscribe en Berlín en un curso para convertirse en mayordomo, y en otoño de ese mismo año entra a trabajar como tal en el castillo de Dambrau, en la Alta Silesia. También esta experiencia, la de preferir servir a ser servido, se reflejará posteriormente en su obra, tanto en los textos breves –muchos de ellos redactados en forma de carta– como en el que quizá sea su libro más conocido: Jakob von Gunten (1909), novela escrita en forma de diario.
En Berlín vive casi por entero consagrado a la escritura. No solo escribe y publica sus tres grandes novelas –Los hermanos Tanner (1907), que completa en menos de seis semanas; El ayudante (1908), y la ya mencionada Jakob von Gunten (1909)–, sino que son también años en los que colabora asiduamente con periódicos de todo el mundo germano, en los que publica textos breves que le granjearán las simpatías del público en general y también de los especialistas o colegas. Su editor en la editorial Bruno Cassirer, en la que aparecen sus tres novelas, era nada menos que Christian Morgenstern. Sus textos reciben los elogios de Rainer Maria Rilke, Max Brod, Hermann Hesse o del mismísimo Franz Kafka, al que, según Brod, le gustaba leer sus textos «en voz alta con enorme regocijo, embelesado, exprimiendo cada gota. Estábamos los dos solos, pero él leía como si estuviera ante un público integrado por cientos de personas». Pese a la importancia de las tres novelas, Walser se dedicará cada vez más a las formas breves, bien en prosa, en verso o en forma de drama. Sus textos se publicarán, entre otras, en revistas como Schaubühne, Kunst und Künstler, Neue Rundschau, Zukunft o Simplicissimus, y se recogerán posteriormente en algunos volúmenes publicados en vida
Paralelamente a la labor literaria, que le reportaba algo de dinero pero no lo suficiente como para vivir en el meollo del mundo literario de la época, en el que por lo demás no se sentía muy cómodo, ejerce también otros empleos: de abril a septiembre de 1907, por ejemplo, trabaja para Paul Cassirer como secretario de la Berliner Secession, y a mediados de 1910, cada vez más apartado de la sociedad literaria de la capital alemana, se convierte en secretario, ayudante y hombre para todo de su casera berlinesa, propietaria de varios inmuebles y negocios. Al morir esta en septiembre de 1912, Walser se queda de la noche al día sin seguridad económica, hecho que, sumado a las negativas de Bruno Cassirer de seguir prestándole apoyo, lo lleva a marcharse de Berlín, no sin antes pasar unas semanas en casa de su hermano, que entretanto se había casado.