Tal Día como Hoy

Rita de Casia

Religiosa agustina, mística y santa italiana de la Iglesia católica

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Santa Rita de Cascia (Roccaporena, c. 1381-Cascia, 22 de mayo de 1457), nacida como Margherita Lotti, fue una religiosa agustina italiana venerada como santa por la Iglesia católica. Viuda antes de ingresar en el monasterio de Santa María Magdalena de Cascia, su figura quedó vinculada a la reconciliación familiar, la vida penitente y la devoción a la Pasión de Cristo. Fue beatificada por Urbano VIII en 1626 y canonizada por León XIII el 24 de mayo de 1900.​

Su festividad se celebra el 22 de mayo. Es conocida popularmente como la «santa de las causas imposibles» y es considerada patrona de los casos difíciles, de los matrimonios en conflicto, de las viudas, de las madres y de las personas que sufren enfermedades o situaciones de violencia. Sus atributos iconográficos más frecuentes son la rosa, la herida en la frente, el crucifijo, la corona de espinas, las abejas y la vid. Sus restos se conservan en la Basílica de Santa Rita de Cascia, en Cascia, importante centro de peregrinación en la región italiana de Umbría.

Margherita Lotti nació hacia 1381 en la aldea de Roccaporena, cercana a Cascia, en la actual región italiana de Umbría. Según la tradición, era hija de Antonio Lotti y Amata Ferri, matrimonio conocido por ejercer labores de mediación y reconciliación entre familias enfrentadas.

Desde joven manifestó su deseo de ingresar en la vida religiosa, pero sus padres concertaron su matrimonio con Paolo Mancini, con quien tuvo dos hijos, Giangiacomo Antonio y Paolo Maria.​ La tradición hagiográfica describe a su esposo como un hombre violento y de carácter difícil, cuya actitud Rita soportó con paciencia y profunda religiosidad, influyendo progresivamente en su conversión.

Tras varios años de matrimonio, Paolo Mancini fue asesinado en el contexto de las disputas y venganzas entre familias características de la época. Rita perdonó públicamente a los responsables y trató de impedir que sus hijos buscaran venganza. Según la tradición, ambos murieron jóvenes a causa de una enfermedad antes de poder involucrarse en la disputa familiar.

Viuda y sin obligaciones familiares, Rita solicitó ingresar en el monasterio agustino de Santa María Magdalena de Cascia. Inicialmente fue rechazada, probablemente debido a las tensiones derivadas del asesinato de su marido y a su condición de viuda.​ Finalmente, tras lograr la reconciliación entre las familias enfrentadas, fue admitida en el monasterio alrededor de 1417, donde profesó como religiosa agustina.

Durante su vida conventual destacó por su dedicación a la oración, la penitencia y la atención a las personas pobres y enfermas. La tradición sostiene que recibió un estigma en la frente relacionado con una espina de la corona de Cristo, episodio que se convirtió en uno de los elementos más característicos de su iconografía.

Según la tradición hagiográfica, durante una oración ante un crucifijo en 1432, Rita recibió en la frente una herida producida por una espina de la corona de Cristo.​ Este episodio fue interpretado como un estigma asociado a la Pasión de Jesucristo y se convirtió en uno de los rasgos más característicos de su iconografía.

La herida permaneció abierta durante años y, según la tradición, le provocaba intensos dolores y un fuerte olor, motivo por el cual Rita evitaba aparecer en público.​ Algunas narraciones devocionales afirman que, en determinados momentos, la herida desprendía fragancia de rosas como signo de santidad.

En los últimos años de su vida sufrió una grave enfermedad que la mantuvo postrada en cama. Durante este período, la herida de la frente habría comenzado a cerrarse gradualmente, mientras Rita continuaba dedicada a la oración y asistida por las religiosas del monasterio.

La rosa es uno de los símbolos más asociados a santa Rita. Según la tradición, durante su matrimonio acostumbraba ayudar a las personas pobres de manera discreta. Una leyenda relata que, en cierta ocasión, mientras llevaba pan oculto entre sus ropas para repartirlo entre personas necesitadas, su esposo la interrogó sobre lo que transportaba. Al mostrar el contenido, el pan se habría transformado milagrosamente en rosas.​ Episodios similares aparecen también en las tradiciones hagiográficas de Isabel de Portugal y Diego de Alcalá.

Otra de las tradiciones más difundidas se sitúa en los últimos días de vida de Rita. Encontrándose enferma en el convento, recibió la visita de una familiar procedente de Roccaporena. Rita le pidió que le llevara una rosa del jardín de su antigua casa. A pesar de ser pleno invierno, la visitante encontró una rosa florecida y se la entregó a la religiosa.​ Este episodio pasó a simbolizar la esperanza, la gracia divina y la intercesión de la santa en las causas consideradas imposibles.

Por este motivo, santa Rita suele representarse iconográficamente con rosas en las manos o a sus pies. En numerosas iglesias dedicadas a la santa, especialmente las vinculadas a la Orden de San Agustín y a la Orden de Agustinos Recoletos, es tradicional bendecir rosas el 22 de mayo, día de su festividad.

La tradición hagiográfica de santa Rita incluye diversos relatos relacionados con abejas, convertidas con el tiempo en uno de sus principales símbolos iconográficos. Según la tradición, poco después de su bautismo, un enjambre de abejas blancas entraba y salía de la boca de la niña sin causarle daño alguno.​ El episodio fue interpretado posteriormente como signo de pureza y santidad.

Otra versión de la leyenda afirma que un campesino, al observar el enjambre sobre la niña, intentó apartar las abejas pese a tener una herida en el brazo. Según el relato tradicional, la lesión sanó milagrosamente en ese mismo instante.

La devoción popular también relacionó estas abejas con unas pequeñas abejas murarias que habitan en los muros del antiguo monasterio agustino de Cascia, donde vivió Rita. Estas abejas, conocidas popularmente como «abejas de Santa Rita», aparecen tradicionalmente durante el período comprendido entre la Semana Santa y la festividad de la santa, el 22 de mayo.​

En el siglo XX, la beata María Teresa Fasce impulsó en Cascia diversas obras benéficas inspiradas en la simbología de las abejas y la idea de comunidad y trabajo. Entre ellas destacó la denominada «Colmena de Santa Rita», fundada en 1938 para la atención y educación de menores en situación de vulnerabilidad.

Rita murió en el monasterio agustino de Cascia el 22 de mayo de 1457.​ Según la tradición, tras su fallecimiento su cuerpo desprendía una intensa fragancia y comenzaron a atribuirse milagros y curaciones a su intercesión, lo que contribuyó rápidamente a la expansión de su devoción popular en Umbría y posteriormente en el resto de Italia.

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