El rey de España es el jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, a quien corresponde arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones y ejercer la más alta representación de la Nación, además de ejercer las funciones que le atribuyan expresamente la Constitución y las leyes. Ostenta el mando supremo de las Fuerzas Armadas —siendo capitán general de los Ejércitos— como también el Alto Patronazgo de las Reales Academias.
La Constitución de 1978 trata la institución de la Corona, la persona del rey y sus funciones en su Título II, que comprende los artículos 56 a 65. El actual rey de España es Felipe de Borbón y Grecia, que reina con el nombre de Felipe VI.
La Constitución reconoce a la persona del rey inviolabilidad absoluta y proscribe toda responsabilidad por su parte, sea política o jurídica; pero la Constitución establece la invalidez de todos los actos del titular de la Corona que carezcan del refrendo regulado en ella, que corresponde al presidente del Gobierno, a los ministros o al presidente del Congreso de los Diputados, según los casos.
El título de rey de España viene avalado por la Constitución, que recupera e incorpora en su texto todas las normas expresas y tácitas que tradicionalmente han regido la monarquía en España. La Constitución, además, reconoce al rey el derecho de usar todos los demás títulos que correspondan a La Corona.
Los títulos históricos que corresponde al rey de España son los siguientes, si bien cuando se trate de Estados de los que actualmente no es soberano se usan bajo la fórmula non præjudicando:
Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Granada, de Jerusalén, de Toledo, de las Dos Sicilias, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano.
Archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y de Neopatria.
Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, del Rosellón, de Gocéano, de Cerdaña y de Barcelona.
Si bien ciertos contemporáneos se referían a los Reyes Católicos como reyes de España, lo cierto es que ni ellos ni sus herederos posteriores asumieron ese título ni lo pretendieron en ningún momento. De hecho, hasta Fernando VII prestó juramento a la Constitución de Cádiz en su rol de rey de las Españas, y no como rey de España. Esta fórmula tradicional de rey de las Españas también se observa en las monedas, en su variante latina Hispaniarum Rex, que se adoptaba por la dificultad de inscribir todos los territorios en ellas. El primer monarca en usar el título de rey de España fue Amadeo I de Saboya en el siglo XIX.
El último titular de la Corona del Imperio bizantino, Andrés Paleólogo, vendió su título imperial a Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla antes de su muerte en 1502. Sin embargo, no se tiene constancia de que ningún monarca español haya usado los títulos imperiales bizantinos.
Es, asimismo, gran maestre de la Insigne Orden del Toisón de Oro, así como de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, de la Real Orden de Isabel la Católica y de las principales órdenes civiles, como la Orden del Mérito Civil, la Orden de Alfonso X el Sabio o la Orden de San Raimundo de Peñafort.
También puede utilizar el título de rey católico y, además, es canónigo honorífico y hereditario de la catedral de León y de la basílica de Santa María la Mayor en Roma.
La parte de la asignación destinada a la partida salario consignada en el presupuesto de la Casa del Rey, ascendía en 2015 a un total de 234 204 € brutos. Esta cantidad fue la establecida después de que Felipe VI decidiera rebajar dicha partida, establecida por su padre Juan Carlos en 292 752 €, en un 20 %. En la actualidad, para el año 2022 el monarca tiene un salario anual de 258.927 euros.
La Corona es la institución constitucional en que se configura en España la jefatura del Estado, con unas características propias de la Monarquía Española, que son:
La sucesión hereditaria de su titular a través de las sucesivas generaciones de la familia real.
La inviolabilidad absoluta de su titular.
La ausencia de iniciativa política y de poder efectivo (potestas).
El disfrute de un grado elevado de autoridad (auctoritas).