La Revolución inglesa (en inglés: English Revolution), conocida también como guerra civil inglesa (en inglés: English Civil War), es el periodo de la historia del Reino de Inglaterra que abarca desde 1642 hasta 1688. Se extiende desde el fin del reinado de Carlos I, pasando por un período republicano y El Protectorado de Oliver Cromwell, la restauración de los Estuardo y finaliza con la Revolución Gloriosa, que destituye a Jacobo II.
En este contexto se incluye una serie de conflictos armados que se libraron entre realistas y parlamentarios entre 1642 y 1651, con una gran victoria de Cromwell y la derrota de Carlos I de Inglaterra al término del tercer y último de los enfrentamientos.
Hasta la revolución, Inglaterra era una monarquía absoluta. El Parlamento inglés era tan solo un comité consultivo temporal convocado y disuelto a discreción por el monarca.
A pesar de estas restricciones, a lo largo de los siglos, el Parlamento había ido ganando significativos poderes de hecho, y el monarca ya no podía ignorar al Parlamento. En particular, el monarca necesitaba la aprobación parlamentaria para imponer nuevos impuestos. Este era el único poder de negociación del Parlamento, ya que no podía anular las acciones del monarca, pero sí impedir la financiación de medidas a las que se oponía. Enrique VIII ordenó ejecuciones arbitrarias sin resistencia pública significativa, mientras que su tentativa de implementar un nuevo impuesto sin Parlamento estuvo contrariada por una rebelión.
El Parlamento tenía dos cámaras. La Cámara de los Lores reunía a los miembros más importantes de la nobleza y del clero. La Cámara de los Comunes acogía a diputados elegidos. El sufragio estaba limitado a los ciudadanos más adinerados, aunque unas circunscripciones (potwalloper boroughs) elegían sus diputados con sufragio universal masculino. La Cámara de los Comunes representaba la gentry, la nobleza baja y la burguesía alta. Los poderes de hecho del Parlamento derivaban de la importancia de la gentry inglesa. Nuevos impuestos eran imposibles sin su cooperación. Escocia e Irlanda tenían parlamentos, pero con menos poderes.
En 1603 murió Isabel I de Inglaterra sin descendientes. Jacobo I, hijo de María I de Escocia, subió al trono como el primer rey Estuardo de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Jacobo I fue un defensor del derecho divino de los reyes y al asumir el trono inglés ya estaba reinando en Escocia con un Parlamento débil. Con el Parlamento inglés, en cambio, tuvo malas relaciones en varias ocasiones. No obstante, Jacobo I procuró moderar sus ambiciones de absolutismo a fin de sostener relaciones buenas con sus súbditos.
Durante el siglo XVI, la Reforma protestante penetró en Inglaterra y en Escocia de maneras distintas, mientras que la mayoría de los irlandeses se mantenían católicos. Después de la turbulencia de la Reforma inglesa, Isabel I recreó la Iglesia de Inglaterra como un equilibrio precario entre catolicismo y calvinismo. Había un movimiento de puritanismo, que deseaba una iglesia sin obispos y sin otros elementos del catolicismo. Mientras tanto, los movimientos de Caroline Divines, anglocatolicismo e iglesia alta deseaban, por el contrario, restablecer elementos del catolicismo. La Iglesia de Escocia era también protestante, pero tenía tradiciones presbiterianas separadas. Jacobo I y Carlos I procuraron uniformar las Iglesias de Inglaterra y de Escocia. De hecho, Jacobo restableció exitosamente la figura de los obispos en Escocia.
Reinado de Carlos I de Inglaterra (1625-1649)
Los conflictos entre el rey y el Parlamento se agudizaron con la sucesión en el trono del hijo de Jacobo, Carlos I, cuyo absolutismo hizo que mantuviera relaciones muy tensas durante su reinado con el Parlamento inglés, que pretendía controlar sus arbitrarias creaciones de impuestos y su reformismo religioso.
Durante este reinado se sucedieron dos guerras civiles entre los partidarios del rey y los del Parlamento. Carlos I fue sentenciado a pena de muerte por alta traición al Estado en 1649.
Ya desde el comienzo del reinado, en 1625, la boda del rey Carlos con Enriqueta María de Francia provocó la ira de sus súbditos protestantes porque la reina era católica. Carlos creía en el derecho divino de los reyes y en su autoridad sobre la Iglesia de Inglaterra.
Estas creencias lo enfrentaron con el Parlamento, que luego disolvió reiteradamente unas tres veces, gobernando aproximadamente once años sin él, en el periodo llamado «Once años de tiranía».
Cuando las arcas del gobierno empezaron a vaciarse, y las necesidades tanto internas como externas (conflictos bélicos con Escocia, al tratar de imponer la liturgia católica) se incrementaban cada vez más, Carlos se vio forzado a reunir lo que se denominó el «Parlamento largo» con el fin de recaudar fondos, pero a cambio los parlamentarios le exigían ciertas garantías políticas. Tras ciertas disputas políticas, el Parlamento se dividió entre los que estaban a favor del rey y los que no lo estaban, estallando de esta manera una guerra civil en 1642.
Primera guerra civil inglesa (1642-1646)
El enfrentamiento entre el poder legislativo y el poder real se saldó a favor del primero, moderando el rey su política absolutista y viéndose controlado por el Parlamento. Fue entonces cuando este aprobó numerosas leyes antiabsolutistas. Por ejemplo, se eliminó la Corte de la Cámara estrellada, se retiró el poder al rey de disolver el parlamento y se condenó a muerte a William Laud, arzobispo de Canterbury y al conde de Strafford, gran aliado del rey.
Dos años antes, Oliver Cromwell había vuelto al Parlamento tras su retiro en 1628. Cuando estalló la guerra civil en 1642, reunió un regimiento de caballería para combatir en favor de la causa parlamentaria. Con este contingente logró un enorme prestigio como militar durante la primera fase de la revolución.
Segunda guerra civil inglesa (1648-1649)
Las disputas entre los partidarios del rey Carlos I, que se encontraba encarcelado por las fuerzas parlamentarias, y los del «Parlamento largo» persistieron. Sin embargo, los escasos apoyos monárquicos entre los propios parlamentarios cesaron cuando el rey escapó, se alió con los escoceses y desencadenó de nuevo la guerra civil en 1648.