Tal Día como Hoy

Revolución haitiana

Revuelta de esclavos en la colonia francesa de Saint-Domingue en 1791

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La Revolución haitiana fue un movimiento revolucionario surgido en las colonias francesas entre 1791 y 1803 que resultó en la abolición de la esclavitud en Saint-Domingue en 1793 y la proclamación del Primer Imperio de Haití en 1804.

El proceso fue precedido por la guerra de independencia de Estados Unidos y precedió a los movimientos independentistas de Hispanoamérica.​ La primera etapa inició con el estallido de los grandes levantamientos de esclavos negros en el norte de la colonia en 1791. La segunda está marcada por el intento de ocupación de los británicos entre 1793 y 1798, quienes fueron vencidos y debieron retirarse. La tercera por el dominio del caudillo negro Toussaint Louverture, quien venció a sus rivales del sur en 1800 y ocupó el Santo Domingo español en 1801, unificando La Española. Entre 1802 y 1803 se dio la última etapa, cuando el Primer Cónsul Napoleón Bonaparte intentó recuperar el dominio de la isla, enviando a su cuñado Charles Victoire Emmanuel Leclerc a cargo de una expedición que fracasó.

Como consecuencia de la pérdida de Saint-Domingue, Bonaparte decidió vender Luisiana a los Estados Unidos. Por su parte, el naciente Haití pasó de ser una colonia regida por un sistema de castas, donde la explotación de las manos esclavas la convirtió en la posesión francesa más rica de su tiempo,​ a ser el único lugar donde ocurrió una rebelión servil exitosa y una de las revoluciones más radicales.​ No obstante, a lo largo de su desarrollo histórico, Haití ha enfrentado profundas crisis políticas, económicas y sociales, lo que lo ha llevado a convertirse en el país más pobre de América Latina.

La riqueza de la caña de azúcar gracias a la esclavitud de los franceses en las Antillas produjo una mayor competencia entre las potencias europeas por la posesión de las islas. En 1605 y 1606 los españoles abandonan la mitad occidental de La Española, permitiendo que veinte años más tarde comenzara la colonización francesa en la Tortuga.​ La concentración en el lado occidental se debió a los constantes ataques de piratas en el noroeste. Los galos estaban dirigidos por François Levasseur, quien fue muerto por sus hombres, deseosos de no quedar bajo el control parisino, habría que esperar hasta la expedición de Bertrand d'Ogeron para que los forajidos se sometieran.​ Durante los años 1660 sus asentamientos se expanden por la costa occidental mientras los ingleses en 1655 conquistan Jamaica; el poderío español en el mar Caribe se reduce a Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo, todos territorios poco poblados y desarrollados.​ La colonia de boucaniers, «bucaneros», comenzó con una economía de subsistencia basada en la producción de café y añil a manos de los engagés, sirvientes blancos que seguían a sus patrones a la isla o presos que hacían trabajos forzados. Estos engagés quedaban libres a los tres años de servicio y convivieron cotidianamente con los primeros negros traídos por los économe, especialistas en la trata de esclavos. Sin embargo, en esas primeras etapas la principal razón de la existencia de la colonia eran los flibustier, «filibusteros», que atacaban el comercio español: su botín financió las primeras haciendas.​ El 1680 el ministro Jean-Baptiste Colbert elevó los aranceles al tabaco, principal producto de la isla. La mayoría de los propietarios quebraron y vendieron sus tierras, unos pocos las compraron y empezaron a producir azúcar, añil, algodón y café.​

Todo el siglo XVIII existió un próspero comercio transoceánico en todo el Caribe que ni las guerras, ni la piratería, ni los desastres naturales pudieron detener.​ Después del primer tercio de la centuria se expandió un sistema de riego desarrollado en Francia, permitiendo que las plantaciones en Jamaica y Saint-Domingue pasaran de la pequeña producción local (rara vez superior a los cincuenta esclavos, como en Brasil, Martinique o Barbados) a grandes haciendas con cientos de trabajadores.​ En consecuencia, tanto la riqueza de los amos como la población de esclavos aumentó.​

Naturalmente, algunos esclavos huyeron a las selvas y montañas y se volvieron marron, «cimarrones». Cerca de un quinto eran mujeres, podían vivir solos, en pequeños grupos y hasta en grandes poblados. Algunos huían para evitar un castigo y volvían cuando se les prometía el perdón, otros lo hacían conscientemente para ser libres. Usualmente se llevaban poca ropa y comida para ir ligeros, llevándose armas blancas y si podían una mula, caballo o canoa.​ Desconocían cómo les iría pero trataban de buscar a los pueblos de esclavos en zonas montañosas y selváticas aisladas. La mayoría huían al lado español, en las montañas meridionales de Bahoruco, zona donde se habían establecido los taínos que huyeron de las encomiendas españolas, específicamente Plymouth y Maniel.​ Organizados en pequeñas bandas atacaban pueblos y haciendas, motivando expediciones de castigo y recaptura, las que se mostraron inútiles y en 1785 las autoridades decretaron una amnistía a los cimarrones y reconocieron su independencia.​ Por esa época el cimarronaje descendió en número.​ Este fenómeno tiene sus símiles con lo sucedido en las montañas Blue de Jamaica, en la Guayana Neerlandesa, los palenques de Nueva Granada, América Central, Nueva España y Cuba, los cumbe de Venezuela y los quilombos de Brasil.​

Su primer líder de peso fue François Mackandal, nacido hacia 1728 en África Occidental, fue capturado, importado y vendido al plantador Lenormand de Mezy a los doce años. En 1752 se fugó​ y gracias a su condición de houngan, «sacerdote vudú», se volvió un gran cabecilla.​ Fue capturado y quemado en la hoguera en Le Cap el 20 de enero de 1758.​ Los hougan dirigían las ceremonias de sacrificios de animales para obtener sangre asistidos por sus hounsi, sirvientes. Aunque por ley todos los esclavos debían ser bautizados, la nula formación llevaba a un fuerte sincretismo religioso.​ Aunque las leyes también mandaban a los amos a dar cristiana sepultura a los africanos, la mala vigilancia o complacencia de los amos permitía a los negros realizar ceremonias animistas.​ El vudú era una forma de resistencia, con redes por toda la colonia y con cientos de sacerdotes.​

Otras formas de resistir a la esclavitud (y perjudicar a sus amos) eran el suicidio y el infanticidio, pero solo reforzaban la visión negativa que los blancos tenía de los negros, seres destinados a la autodestrucción si carecían de amos.​

A finales de siglo dos tercios de los ingresos galos estaban vinculados de alguna directa o indirectamente a lo que producía Saint-Domingue.​ La colonia era la más rica y próspera de Francia, produciendo el 60% del café y el 40% del azúcar que importaban Francia e Inglaterra.​ El viajero inglés Marcus Rainsford menciona que en la colonia habían 793 plantaciones de azúcar, 3117 de café, 789 de algodón, 3100 de índigo, 54 de cacao y 623 asentamientos menores para la producción de cereales, ñame y otros alimentos vegetales.​​

Su población estaba clasificada en castas: en la cúspide estaban los blancs, «blancos» europeos y criollos; más abajo los gens de couleur, «gentes de color» (también llamados affranchis o «libertos», blanchet o «muletón», y faux blanc, «falsos blancos»), es decir, los noirs, «negros», y mulâtres, «mulatos», manumisos; en último lugar estaban los esclaves, «esclavos». Los primeros se dividían en grands blancs o blancs-blancs, «grandes blancos» o «blancos-blancos», nobles terratenientes y ricos burgueses, y los petits blancs, «pequeños blancos», propietarios medianos y pequeños y trabajadores. Los segundos eran artesanos, capataces o empleados domésticos de los grandes blancos.​​ La mayoría de los burócratas, ricos burgueses y pequeños blancos vivían en las ciudades costeras, mientras que los administradores de plantaciones en el campo. Sin embargo, las diferencias sociales no eran tan importantes como las raciales, los blancos actuaban en bloque para enfrentar a los libres de color.​ Los libertos gozaban de leyes que les permitían vestir algunas prendas, habitar ciertos lugares o acceder a cargos públicos que estaban prohibidos a los esclavos,​ además, competían con los pequeños blancos por las posibilidades de ascenso social.​ Muchas de las milicias se constituían de libres de color entre 15 y 55 años deseosos de trabajo estable y respeto en la sociedad. Eran los blanc-soldat o négre-blanc. También se constituyeron en 1707 los maréchaussée, cuerpos militares de libertos con la única misión de perseguir a los cimarrones.​ A finales del siglo de las Luces la mayoría de los dueños de las grandes plantaciones no vivían en la isla, aunque viajaban constantemente a inspeccionarlas, en su lugar las dirigían los procureur, que asumían todos sus poderes y deberes a cambio de un alto salario y estaban dispuestos a todo por mantener alta la producción.​ Solamente los criollos vivían en el campo de Saint-Domingue.​ Cada vez más franceses viajaban a la colonia para conseguir algún buen empleo, hacer fortuna y volver a Francia.​ Estos grandes blancos sumaban 20 000 personas y eran dueños de tres cuartos de las plantaciones y esclavos. Los pequeños blancos eran unos 10 000. Cerca de un cuarto de las propiedades estaban concentradas en manos de libertos, algunos especialmente ricos, pero en desventaja por el sistema de castas.​

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