Tal Día como Hoy

República de Weimar

Denominación historiografíca del régimen político en Alemania de 1918 a 1933

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La República de Weimar (en alemán: Weimarer Republik; (pronunciación en alemán: /ˈvaɪ̯maʁɐ ʁepuˈbliːk/ ())), nominalmente conservando el término oficial de Imperio alemán, fue el régimen político (Reich alemán) y, por extensión, el período de la historia de Alemania comprendido entre 1918 y 1933, tras la derrota del país en la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles. El nombre «República de Weimar» es un término historiográfico posterior puesto que el país conservó su nombre de Deutsches Reich.​ La denominación procede de la ciudad alemana de Weimar, donde se reunió la Asamblea Nacional constituyente y se proclamó la nueva Constitución, que fue aprobada el 31 de julio y entró en vigor el 11 de agosto de 1919. La república tenía un sistema semipresidencial.

Este primer período democrático de la historia de Alemania se caracterizó por la gran inestabilidad política y social, en el que se produjeron golpes de Estado, intentos revolucionarios y fuertes crisis económicas. El "crack de 1929" provocó el ascenso de Adolf Hitler y el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). Tras el acceso de Hitler a la Cancillería del Reich el 30 de enero de 1933, se celebraron nuevas elecciones el 5 de marzo en las que los nazis obtuvieron la mayoría relativa y sólo después de amedrentar al resto de diputados de la derecha y el centro consiguieron aprobar el 23 de marzo la Ley habilitante que, junto al Decreto del Incendio del Reichstag del 28 de febrero y al permitir la aprobación de leyes sin la participación del Parlamento, se considera que significó el final de la República de Weimar. Si bien la Constitución del 14 de agosto de 1919 formalmente no fue derogada hasta el fin de la II Guerra Mundial en 1945, el triunfo de Adolf Hitler y las reformas llevadas a cabo por los nacionalsocialistas (Gleichschaltung) la invalidaron mucho antes, instaurando el denominado Tercer Reich.

Hacia el final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Alemania estaba agotada y pidió la paz en circunstancias desesperadas. La conciencia de la inminente derrota desencadenó una revolución (la llamada Revolución de Noviembre), la abdicación del káiser Guillermo II, la proclamación de la República el 9 de noviembre de 1918 y el cese formal de las hostilidades con los Aliados mediante el Armisticio del 11 de noviembre de 1918.​ Friedrich Ebert, líder del Partido Socialdemócrata (SPD), fue nombrado canciller y su compañero socialdemócrata Philipp Scheidemann, fue quien, sin autorización superior, proclamó la república alemana desde el balcón del Reichstag. Los socialdemócratas de Ebert obtuvieron una contundente victoria en las elecciones generales del 19 de enero de 1919, las primeras elecciones alemanas en las que las mujeres tuvieron derecho al voto. La Asamblea Nacional Constituyente se reunió en Weimar el 6 de febrero de 1919. El 11 de febrero, la asamblea eligió a Ebert presidente del Reich, y el 12 de febrero, Scheidemann formó un gabinete con el Partido del Centro y el Partido Democrático Alemán (DDP). La nueva Constitución fue promulgada el 11 de agosto de 1919.

En sus primeros años, la República se vio aquejada de graves problemas, como la hiperinflación o el extremismo político, incluyendo asesinatos políticos y dos intentos de golpe de Estado por parte de paramilitares contendientes. En el ámbito internacional, sufrió aislamiento, una posición diplomática reducida y relaciones conflictivas con las grandes potencias. Para 1924, se restableció una gran estabilidad monetaria y política, y la república disfrutó de una relativa prosperidad durante los cinco años siguientes. Este período, a veces conocido como los Dorados Años Veinte (en alemán: Goldene Zwanziger), se caracterizó por un importante florecimiento cultural, progreso social y una mejora gradual de las relaciones exteriores. En virtud de los Tratados de Locarno de 1925, Alemania progresó hacia la normalización de las relaciones con sus vecinos, reconociendo la mayoría de los cambios territoriales establecidos en el Tratado de Versalles de 1919 y comprometiéndose a no entrar en guerra jamás. Al año siguiente, se unió a la Sociedad de las Naciones, lo que marcó su reintegración a la comunidad internacional.​ Sin embargo, especialmente en la derecha política, persistía un fuerte y generalizado resentimiento contra el tratado y contra quienes lo habían firmado y apoyado.

La Gran Depresión de octubre de 1929 afectó gravemente el precario progreso de Alemania; el alto desempleo y la subsiguiente inestabilidad social y política provocaron el colapso de la gran coalición del canciller Hermann Müller y el inicio de los gabinetes presidenciales (en alemán: Präsidialkabinette), una sucesión de gobiernos cuya legitimidad provenía exclusivamente de decretos presidenciales de emergencia. A partir de marzo de 1930, el presidente Paul von Hindenburg utilizó poderes de emergencia para respaldar a los cancilleres Heinrich Brüning, Franz von Papen y el general Kurt von Schleicher. La Gran Depresión, exacerbada por la política deflacionaria de Brüning, provocó un aumento repentino del desempleo.​ El 30 de enero de 1933, Hindenburg nombró a Adolf Hitler canciller para liderar un gobierno de coalición; su Partido Nazi ocupaba dos de los diez ministerios del gabinete. Von Papen, como vicecanciller y confidente de Hindenburg, debía servir como la eminencia gris que mantendría a Hitler bajo control; estas intenciones subestimaron gravemente las habilidades políticas de Hitler. Para finales de marzo de 1933, el Decreto del Incendio del Reichstag y la Ley Habilitante de 1933 se utilizaron en el supuesto estado de emergencia para otorgar al nuevo Canciller amplios poderes para actuar al margen del control parlamentario. Hitler utilizó rápidamente estos poderes para boicotear el gobierno constitucional y suspender las libertades civiles, lo que provocó el rápido colapso de la democracia a nivel federal y estatal, y la instauración de una dictadura unipartidista bajo su liderazgo.

Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa en 1945, los nazis gobernaron Alemania bajo el pretexto de que todas las medidas y leyes extraordinarias que implementaron eran constitucionales; de hecho, nunca se intentó reemplazar ni modificar sustancialmente la Constitución de Weimar. Sin embargo, la toma del poder por parte de Hitler (Machtergreifung) puso fin a la república, reemplazando su marco constitucional por el Führerprinzip, el principio de que «la palabra del Führer está por encima de toda ley escrita».

Establecimiento de la República (1918-1919)

En los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba al borde del colapso militar y económico. Ante la ofensiva final de los Aliados, el 14 de agosto de 1918, el Alto Mando alemán se reunió en su cuartel general de Spa y reconoció la inutilidad de seguir la guerra. No quería que los aliados pudieran descubrir el estado real de sus fuerzas, y menos aún verse en la imposibilidad de detener su avance. Esperaban salvar al ejército, que no el régimen, negociando, cuando este se encontraba aún a cien kilómetros de París. El 27 de septiembre Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff informaron al gobierno imperial y pidieron el armisticio inmediato sobre la base de los famosos 14 puntos de Wilson. Los políticos comprendieron de inmediato que la guerra estaba perdida y que los militares habían intentado ocultarlo. En pocos días se organizó un nuevo gobierno parlamentario, y el recién nombrado canciller, el príncipe Maximiliano de Baden, conocido liberal y pacifista, procedió a negociar la paz. Woodrow Wilson, de espaldas a sus aliados, exigía ante todo la transformación de las instituciones políticas y militares del Reich. El ejército se opuso, y Ludendorff dimitió de manera estrepitosa, alimentando el mito de la «traición» de los civiles para ganarse a la opinión pública. Por su parte, los socialistas instalados en el poder esperaban la abdicación del káiser Guillermo II de Alemania para hacerse con el control, si bien sus líderes hicieron esfuerzos desesperados para conservar la forma imperial del Estado. La situación se vio entonces súbitamente interrumpida por los sucesos de Kiel.​​​

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