Renato Portaluppi, conocido como Renato Gaúcho (Guaporé, Río Grande del Sur, 9 de septiembre de 1962), es un exfutbolista y entrenador brasileño, considerado uno de los mejores extremos por derecha del mundo durante las décadas de 1980 y 1990. Actualmente dirige a Grêmio.
Es considerado uno de los mejores jugadores de Grêmio en la historia, club del que también fue entrenador en múltiples etapas y fue campeón, entre otros títulos, de la Copa Libertadores 2017, que le permitió convertirse en el primer brasileño en ganarla como jugador y entrenador.
Comenzó su carrera en 1979, en las filas de Esportivo, donde apenas jugó dado que ese año se unió a las divisiones juveniles de Grêmio, club en el que continuó su formación y debutó en el primer equipo en 1982. En la siguiente temporada, tuvo una destacada participación en la obtención de la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, de la que fue elegido Mejor jugador. A finales de 1986, se desvinculó del club y meses después fichó por Flamengo, donde fue una de las figuras del campeonato nacional de ese año, que ganaron. Entre 1988 y 1989, jugó en la A. S. Roma, pero no pudo mantener el rendimiento mostrado en Brasil. Regresó a Flamengo, ganó la copa nacional y en 1991 fichó por Botafogo, donde pasó dos temporadas. En su siguiente equipo, Cruzeiro, jugó poco tiempo pero tuvo una buena actuación en la Supercopa Sudamericana. Posteriormente, jugó en Flamengo y Atlético Mineiro y, en 1995, firmó con Fluminense y fue determinante en ese Campeonato Carioca. Dos años después, volvió a Flamengo y, en 1999, fichó por tres meses por Bangu, donde se retiró.
Con la selección brasileña jugó 41 partidos, anotó cinco goles y estuvo convocado a la Copa Mundial de Fútbol de 1986, pero fue expulsado debido a problemas disciplinarios. Además, disputó tres Copa América, de las cuales fue campeón en una, y la Copa Mundial de Fútbol de 1990. Ganó una Bola de Ouro e integró cinco veces la Bola de Prata, premios entregados por la revista Placar, de los que es uno de los máximos ganadores. En su etapa como futbolista, jugó más de setecientos encuentros y obtuvo cuatro títulos regionales, dos nacionales y cuatro internacionales.
En su niñez, Portaluppi hizo una prueba en S. C. Internacional, pero como no le podían proporcionar un lugar donde quedarse y carecía de dinero para permanecer en Porto Alegre, debió desistir. A los dieciséis años, se unió al Clube Esportivo de Bento Gonçalves y coincidió con el entrenador Valdir Espinosa, quien se convertiría en una persona muy importante para él. El 12 de agosto de 1979, tras buenas actuaciones en las juveniles y dado que el equipo tenía muchos jugadores sancionados, realizó su debut en un encuentro contra Grêmio donde jugó 45 minutos. Ese año disputó diez partidos, cinco por Campeonato Gaúcho y cinco amistosos, y le marcó un gol a Lajeadense. El club llegó a la final y realizó la mejor presentación en el torneo estatal en su historia. El 1 de mayo de 1980, Espinosa, quien estaba trabajando en Grêmio, se presentó en la casa del jugador para pedirle que se uniera a las divisiones formativas del club portoalegrense. Como era menor de edad, y ante la negativa de su padre, fanático de Internacional, su hermano Adão debió firmar el correspondiente papeleo. Portaluppi pasó dos años en fútbol base y, en agosto de 1981, Ênio Andrade lo convocó a una gira por Europa, algo que el futbolista describió como «un gesto de apoyo» que lo alejó de su vida de juerguista.
Para comienzos de 1982, Andrade aún no le daba suficientes oportunidades, lo que le generó una abrumadora presión de los aficionados, quienes estaban en desacuerdo con la decisión. El entrenador prefería a Tarciso en esa posición y quería transferir a Portaluppi a Operário. A mediados de temporada, con la vuelta de Espinosa a la dirección técnica, tuvo más oportunidades y rápidamente se ganó un espacio debido a que combinó su habilidad y fuerte personalidad, con dedicación. El equipo no pudo defender el título del campeonato local y quedó segundo, en la Copa Libertadores cayó en primera ronda y jugó la final del Campeonato Gaúcho. Portaluppi, que «emergió hecho un tremendo delantero por derecha» y era comparado con Garrincha, se convirtió en una pieza fundamental de un plantel que posteriormente obtendría varios títulos. Entre sus características de juego se encontraban su velocidad y firmeza, y realizaba enganches y regates «en exceso, como es normal en los principiantes». Durante ese año intercaló minutos con Tarciso, pero eventualmente obtuvo el puesto de manera fija, ya que Espinosa comenzó a usar tres delanteros y Tarciso se adaptó para jugar por la izquierda.
En 1983, ganó la Copa Libertadores, donde derrotaron a Peñarol en la final. En la ida, empataron 1-1 en Montevideo, con gol de Tita. En la vuelta, ganaron 2-1, con Portaluppi de artífice del gol de la victoria marcado por César. En los últimos minutos, hubo muchas infracciones y el jugador fue expulsado junto con Venancio Ramos. Disputó los doce encuentros y anotó dos goles, a Blooming en fase de grupos y a Estudiantes de La Plata en la semifinal. También ganó la Copa Intercontinental realizada en Tokio, donde le convirtió dos goles al Hamburgo S. V. y lo eligieron Mejor jugador. En el campeonato brasileño jugó diez partidos y marcó tres goles. En la votación a Craque do ano —Crack del año— de la revista Placar, la crítica especializada lo ubicó en la quinta posición, junto con Serginho Chulapa, mientras que quedó octavo en la lista hecha por los lectores. En cuanto al campeonato regional, compartieron la segunda plaza con Brasil de Pelotas, ambos quedaron a tres puntos de Internacional. Ese año, fue convocado para jugar la Copa América, en la que le anotó un gol a Ecuador en la primera fase. Debutó justamente en ese partido, que se jugó el 1 de septiembre y terminó con un marcador de 5-0. La selección brasileña llegó hasta la final, en la que se enfrentó a Uruguay en el estadio Centenario, donde perdió por 2-0, y en el Arena Fonte Nova, en un empate. De ocho encuentros, Portaluppi solo se perdió los dos primeros.
Para la siguiente temporada, el club realizó grandes inversiones con el objetivo de formar un equipo competitivo que estuviera encabezado por Portaluppi. También hubo un cambio en la dirección técnica: no renovaron a Valdir Espinosa, por quien el jugador sentía mucho afecto, y contrataron a Carlos Froner. Alcanzaron su segunda final de Copa Libertadores consecutiva, donde perdieron por 1-0 con Independiente en condición de local, en un encuentro en el que el jugador tuvo una discreta intervención debido al eficiente marcaje de Carlos Enrique, y empataron sin goles en Avellaneda. El equipo salió segundo en el Campeonato Gaúcho, a tres puntos de Internacional. En el torneo local, quedaron terceros y Portaluppi disputó dieciocho partidos, convirtió dos goles e integró la Bola de Prata, un premio anual entregado por Placar que elige el once ideal del Brasileirão. En esa temporada jugó temporalmente de centrodelantero; Froner fue el primero en ubicarlo en esa posición, pero debido a la «indisciplina táctica» del jugador, volvió a colocarlo de extremo. Chiquinho y Rubens Minelli continuaron la iniciativa, aunque tampoco obtuvieron resultados favorables. En vista del alto rendimiento de Portaluppi, los dirigentes se mostraron flexibles ante los actos de indisciplina de este, puesto que lo consideraban un «símbolo internacional». El presidente Alberto Galia argumentaba que si bien no era sencillo tratar con el futbolista, eso era algo común en las «estrellas» que habían pasado por el club. En la selección jugó, el 10 de junio, un amistoso con Inglaterra que terminó en derrota por 2-0. Una semana después, disputó en São Paulo un amistoso con Argentina que terminó sin goles y donde fue expulsado.
En 1985, Grêmio ganó su primer Campeonato Gaúcho en cinco años. El jugador se perdió parte de este torneo como consecuencia de un desgarro y su puesto lo ocupó el juvenil Valdo Filho, quien ofreció un rendimiento muy alto. Cuando se recuperó, Valdo se trasladó a la punta izquierda. En la última fecha, donde vencieron a Internacional, tanto Portaluppi como el colectivo expusieron un buen rendimiento. Rubens Minelli, conocido por sus críticas hacia los futbolistas irreverentes, dijo tiempo después que «Grêmio ganó ese torneo porque a Renato Gaúcho lo operaron y estuvo dos meses sin jugar. Él era una mierda para el grupo». Disputó ocho encuentros y anotó cuatro tantos en el torneo nacional, donde su equipo terminó en la vigesimotercera posición. Por otro lado, en la selección no jugó los primeros cinco enfrentamientos del año y su vuelta se produjo el 2 de junio ante Bolivia, en eliminatorias a la Copa Mundial de Fútbol de 1986. Concluyó esa temporada con cinco participaciones internacionales y tuvo un papel fundamental en los partidos clasificatorios.