El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda (en inglés: United Kingdom of Great Britain and Ireland) fue un Estado ubicado en Europa Occidental que existió entre 1801 y 1922. Fue formado por la unión de los reinos de Gran Bretaña (ya una unión de Escocia e Inglaterra en 1707) e Irlanda en 1800. La unión fue facilitada por la decisión del Parlamento Irlandés en College Green, Dublín, en agosto de 1800, de votar a favor de la unión aprobando el Acta de Unión de 1800.
Bajo los términos de la unión, Irlanda sería representada por más de 100 miembros del parlamento en el parlamento unido, el cual se reuniría en el Palacio de Westminster. Una parte del tratado sería la emancipación católica. No obstante, esta condición fue bloqueada por el rey Jorge III, quien sostuvo que la emancipación de los católicos traicionaría su juramento de coronación.
Varias generaciones de líderes irlandeses promovieron campañas para la formación de un gobierno local en Irlanda. Daniel O'Connell logró forzar al gobierno británico para garantizar finalmente la emancipación católica en 1829. Sin embargo, su campaña para 'repeler' el acto de unión fue un fracaso. Líderes posteriores, tales como Charles Stewart Parnell, realizaron campañas para la creación de un gobierno propio en Irlanda bajo el nombre de Home Rule (gobierno propio), el cual permanecería siendo miembro del Reino Unido.
En 1919, miembros del parlamento irlandés electos para Westminster formaron un parlamento independiente irlandés ilegal llamado Dáil Éireann, con el poder ejectutivo centrado en el presidente del Dáil Éireann, Éamon de Valera. Una guerra anglo-irlandesa tuvo lugar entre 1919 y 1921. Por último en diciembre de 1922, veintiséis de los condados irlandeses renunciaron al Reino Unido de Reino Unido e Irlanda y formaron la República Irlandesa. Seis condados, conocidos como Irlanda del Norte, permanecieron bajo el gobierno del Reino Unido, el cual fue rebautizado como Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en 1927, como parte de una rectificación fundamental de títulos de dominio, Estado y realeza. Como parte del cambio, el rey dejó de ser monarca en los diversos dominios (cada uno de los cuales era visto como inferior al Reino Unido) para convertirse en monarca de cada dominio en forma individual, convirtiéndose en rey de Australia, rey de Canadá, rey de Nueva Zelanda, etc., reemplazando así el concepto de una corona compartida por el de un monarca en común para coronas separadas.
Unión de Gran Bretaña e Irlanda
Un breve período de independencia limitada para el Reino de Irlanda llegó a su fin tras la rebelión irlandesa de 1798, ocurrida durante la guerra británica contra la Francia revolucionaria. El temor del Reino de Gran Bretaña a que una Irlanda independiente se aliara con la Francia revolucionaria resultó en la decisión de unir los dos países. Esto se logró mediante legislación en los parlamentos de ambos reinos y entró en vigor el 1 de enero de 1801. Los británicos habían hecho creer a los irlandeses que la pérdida de su independencia legislativa se compensaría con la emancipación católica, es decir, con la eliminación de las inhabilitaciones civiles impuestas a los católicos romanos tanto en Reino Unido como en Irlanda. A pesar de su simpatía personal por los católicos romanos, el rey Jorge III creía que aceptar la emancipación católica violaría su juramento de coronación de defender la fe protestante, y su falta de apoyo a la iniciativa llevó al primer ministro, William Pitt el Joven, a dimitir.
Durante la guerra de la Segunda Coalición (1799-1801), Reino Unido ocupó la mayor parte de las posesiones francesas y neerlandesas de ultramar. Los Países Bajos se convirtieron en un Estado satélite de Francia en 1796. Sin embargo, las enfermedades tropicales se cobraron la vida de más de 40.000 soldados. Cuando el Tratado de Amiens puso fin a la guerra, Reino Unido accedió a devolver la mayor parte de los territorios que había confiscado. El acuerdo de paz fue, en efecto, solo un alto el fuego, y Napoleón continuó provocando a los británicos al intentar imponer un embargo comercial al país y al ocupar la ciudad de Hannover, capital del Electorado de Brunswick-Luneburgo, un ducado germanoparlante del Sacro Imperio Romano Germánico que se encontraba en unión personal con el Reino Unido. En mayo de 1803, se declaró la guerra de nuevo. Los planes de Napoleón de invadir Reino Unido fracasaron, principalmente debido a la inferioridad de su armada, y en 1805 una flota de la Marina Real británica, liderada por Horatio Nelson, derrotó decisivamente a la Armada Imperial Francesa y a la Armada Real Española en Trafalgar, la última acción naval significativa de las guerras napoleónicas.
En 1806, Napoleón promulgó el Decreto de Berlín, que pusieron en vigor el Bloqueo Continental. Esta política pretendía eliminar la amenaza británica cerrando al comercio exterior el territorio controlado por Francia. El Ejército Británico siguió representando una amenaza mínima para Francia; mantuvo una fuerza permanente de tan solo 220.000 hombres en el apogeo de las guerras napoleónicas, mientras que el Ejército Imperial Francés superaba el millón de hombres, además de los ejércitos de numerosos aliados y varios cientos de miles de guardias nacionales que Napoleón podía reclutar en los ejércitos franceses cuando fuera necesario. Si bien la Marina Real interrumpió eficazmente el comercio extracontinental de Francia —tanto confiscando y amenazando la navegación francesa como apoderándose de las posesiones coloniales francesas—, no pudo hacer nada respecto al comercio de Francia con las principales economías continentales y representó una amenaza mínima para el territorio francés en Europa. La población y la capacidad agrícola de Francia superaban con creces las de las Islas Británicas, pero era menor en términos de industria, finanzas, marina mercante y fuerza naval.
Napoleón esperaba que aislar a Reino Unido de la Europa continental pondría fin a su hegemonía económica. Por el contrario, Reino Unido poseía la mayor capacidad industrial del mundo, y su dominio de los mares le permitió desarrollar una considerable fuerza económica mediante el comercio con sus posesiones y Estados Unidos. El levantamiento español de 1808 permitió por fin a Reino Unido afianzarse en el continente. El duque de Wellington expulsó gradualmente a los franceses de España y, a principios de 1814, mientras Napoleón era rechazado en el este por el Ejército Real Prusiano, el Ejército Imperial Austriaco y el Ejército Imperial Ruso, Wellington invadió el sur de Francia. Tras la rendición y el exilio de Napoleón al Principado de Elba, la paz parecía haber regresado. Napoleón reapareció repentinamente en 1815. Los aliados se unieron y los ejércitos de Wellington y Gebhard Leberecht von Blücher derrotaron a Napoleón definitivamente en la batalla de Waterloo.
Reacción de posguerra: 1815-1822
Reino Unido emergió de las guerras napoleónicas un país muy diferente de lo que había sido en 1793. A medida que la industrialización avanzaba, la sociedad cambia, cada vez más urbano y menos rural. La posguerra vio una depresión económica, las malas cosechas y la inflación causan malestar social generalizado. Europa después de 1815 estaba en guardia contra un retorno de jacobinismo, e incluso los liberales británicos vieron el pasaje de los Hechos de seis en 1819, que proscribe las actividades radicales. A finales de la década de 1820, junto con una recuperación económica general, muchas de estas leyes represivas fueron derogadas y en 1828 una nueva legislación garantiza los derechos civiles de los disidentes religiosos.
El rey Jorge IV dejó que sus ministros tomaran la carga completa de los asuntos de gobierno, jugando un papel mucho menor que su padre, Jorge III. Sus gobiernos, con poca ayuda del rey, presidieron la victoria en las guerras napoleónicas, negociaron el acuerdo de paz, y trataron de hacer frente al malestar social y económico que le siguió. fue sucedido por su hermano menor Guillermo IV (1830-1837) , pero fue poco involucrado en la política. Su reinado vio varias reformas: la ley de pobres se ha actualizado, el trabajo infantil restringido, la esclavitud abolida en casi todo el Imperio Británico, y, lo más importante, la Ley de Reforma de 1832. Remodeló el sistema electoral británico.