Tal Día como Hoy

Ramiro II de Aragón

Rey de Aragón (1134-1157)

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Ramiro II de Aragón, apodado el Monje o el Rey Campana (24 de abril de 1086- 1147 o 16 de agosto de 1157),​ fue rey de Aragón entre 1134 y 1137. En la renuncia de Zaragoza, en 1137, cedió el reino al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, al ser este prometido a desposar a su única hija, Petronila. Estos esponsales se firmaron en Barbastro el 11 de agosto de 1137, teniendo Petronila un año de edad y Ramón Berenguer IV unos 23 o 24 años. Tras el compromiso, Ramiro abdicó y volvió a la vida eclesiástica que había llevado antes de su entronización, aunque mantuvo el título de rey de Aragón hasta su muerte en 1147 o 1157. Ramón Berenguer se intituló princeps de Aragón y sigue siendo objeto de un intenso debate historiográfico si gobernó Aragón como «administrador» de la herencia de Petronila, con la que efectivamente se casó en 1150, o lo hizo con plenos derechos como resultado de la «donación» del reino que le hizo Ramiro II.​

Conflicto sucesorio y acceso al trono

Tras morir su hermano Alfonso, rey de Aragón y de Pamplona, a principios de septiembre de 1134 sin descendencia Ramiro accedió al trono del reino de Aragón cuando ya rondaba la cincuentena. Hasta entonces había pasado su vida dedicado a la Iglesia, primero como monje en el monasterio francés de San Ponce de Tomeras, luego como abad de San Pedro el Viejo (Huesca) y, por último, como obispo de Roda-Barbastro.

En su testamento Alfonso había cedido sus reinos a partes iguales al Santo Sepulcro, al Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén y al Templo de Jerusalén, no a las órdenes que los regentaban. Solo en el suplemento se las mencionaba: la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, la Orden del Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén y la Orden del Templo.​​ Ante este hecho insólito que era contrario a la tradición y que no tenía precedentes, los estamentos del Reino de Pamplona (unido a Aragón desde 1076), proclamaron rey a García Ramírez (bisnieto por línea bastarda de García Sánchez III de Pamplona) y se separaron definitivamente de Aragón. La reacción de los nobles aragoneses​ fue rechazar también el testamento y reunidos en Jaca proclamaron rey a Ramiro —más adelante este declararía que había aceptado la sucesión por el bien del pueblo y por la paz de la Iglesia (sola populi necesitate et ecclesiae tranquilitate). Por su parte el rey Alfonso VII de León reclamó sus derechos al trono de Aragón, como hijastro de Alfonso el Batallador (era hijo de Urraca I con quien estuvo casado Alfonso hasta que su matrimonio fue declarado nulo) y tataranieto de Sancho III el Mayor. La crisis sucesoria se complicó aún más cuando el papa Inocencio II reclamó el cumplimiento del testamento del Batallador y negó el reconocimiento como rey a Ramiro.​​

El rey leonés Alfonso VII dejó claras sus intenciones cuando en diciembre de 1134 penetró con una expedición en Zaragoza y en sus diplomas comenzó a incluir el título de «rey de Zaragoza» (del Regnum Cesaragustanum).​ Según José María Lacarra, debido a la crisis política que se estaba viviendo en Aragón provocada por «la imposibilidad de cumplir el extraño testamento del monarca [Alfonso el Batallador]» Alfonso VII es recibido en Zaragoza «como libertador».​

Ramiro se enteró de la muerte de su hermano el rey Alfonso I al día siguiente cuando se encontraba celebrando la Natividad de la Virgen en Tierrantona (8 de septiembre).​ Su coronación tuvo lugar en Zaragoza el 29 de septiembre de 1134.​ Según el historiador Luis García de Valdeavellano «Ramiro II era indudablemente el legítimo heredero del Reino; conforme al derecho navarro-aragonés, a él correspondía heredar los territorios tradicionales de Aragón, y Alfonso I sólo podía, en realidad, haber dispuesto libremente de las tierras ganadas, o sea de los "acapetos" o conquistas, constituídas [sic] por el Regnum Caesaraugustanum (Zaragoza, Calatayud, Daroca, etc.)».​

A principios de 1135 Ramiro, quien a su título de rey de Aragón se unían los de conde de Sobrarbe y de Ribagorza,​​ intentó una solución que mantuviera la unión de los reinos de Aragón y de Pamplona: el «ahijamiento» de García Ramírez. Según el acuerdo firmado en Vadoluengo Ramiro se convertía en «padre» de García y mantenía el «principado» sobre los dos reinos —durante un breve tiempo se intitulará «rey de los aragoneses y de los pamploneses»— mientras que García Ramírez se convertía en su «hijo» y asumía el gobierno de la guerra. Y cuando muriera el «padre», el «hijo» lo sucedería en el conjunto de los dos reinos. Pero el acuerdo fracasó por la intervención de Alfonso VII —a quien se había dejado al margen de la negociación— que en mayo consiguió que García Ramírez le prestara vasallaje a cambio de la tenencia del Regnum Caesaragustanum.​

Varios meses después Ramiro tuvo que hacer frente a una conjura nobiliaria para destronarle (en favor de García Ramírez, ahora aliado de Alfonso VII),​ pero, tras refugiarse en octubre de 1135 en Besalú (cabeza del condado del mismo nombre anexionado al condado de Barcelona por Ramón Berenguer III), logró desbaratarla («Leyenda de la Campana de Huesca») para lo que contó con el apoyo del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (con el que se había entrevistado durante su estancia en Besalú). Para asegurar su posición Ramiro —fracasado el «ahijamiento» de García Ramírez— renunció a su condición de eclesiástico para poder casarse con Inés de Poitou y tener un descendiente que heredara el trono («tomé esposa no por deseo de la carne, sino por la restauración de la sangre y de la estirpe», declaró en noviembre de 1137). La boda se celebró en Jaca el 13 de noviembre de 1135 y el 11 de agosto del año siguiente nacía una niña, Petronila. Al no ser un varón Ramiro tuvo que planear rápidamente su futuro matrimonio, eligiendo entre la dinastía leonesa o la barcelonesa.​​​​​​

Pocos días después de que hubiera nacido Petronila​ Ramiro se entrevistó en Alagón con Alfonso VII quien le convenció para que le rindiera vasallaje por el «Regnum Caesaraugustanum» y a cambio le restituyó la ciudad de Zaragoza (aunque manteniendo la soberanía sobre ella) y la parte oriental del «Regnum», aunque se reservó la parte occidental fronteriza con Castilla, que abarcaba Calatayud, Alagón y Soria.​​ En esa reunión se habló también del futuro de Petronila y de su posible matrimonio con el heredero leonés Sancho.​ «La idea de Alfonso era que Petronila fuese educada en la corte castellana y se prometiese más tarde con su heredero», ha señalado Percy Ernst Schramm.​ Según Jerónimo Zurita, citado por Josep-David Garrido Valls, Alfonso VII tomó a la niña Petronila (a la que rebautizó Urraca, el nombre de su madre) como garantía del pacto.​ La madre de Petronila Inés de Poitou volvió a Poitiers y acabó ingresando en la abadía de Fontevraud.​

Donación de su hija Petronila y del reino de Aragón a Ramón Berenguer IV

Véase también la sección: Debate historiográfico sobre las «capitulaciones matrimoniales» pactadas por Ramiro II y Ramon Berenguer IV en 1137: ¿fueron un «casamiento en casa»?

Frente a la candidatura de Sancho, heredero de Alfonso VII, una parte de la nobleza aragonesa y el propio rey Ramiro II apoyaron la opción del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV.​​ Según el acuerdo firmado en Barbastro el 11 de agosto de 1137 —«una declaración documental que por su poca habilidad no hace ningún favor a la cancillería aragonesa», según Percy Ernst Schramm, aunque quien la redactó fue el secretario de Ramón Berenguer, Ponç d'Osor—​​ el rey Ramiro «donaba» su «hija por mujer, con todo el reino aragonés íntegro» (tocius regni Aragonensis integritate) a Ramón Berenguer y le encomendaba a «todos los hombres del reino bajo homenaje y juramento, para que te sean fieles toda tu vida... y por todas las cosas que les pertenecen, salvada la fidelidad hacia mí y a mi hija». Ramiro decía también «que si mi hija muriese, y tu sobrevivieses, tengas la donación del predicho reino libre e inmutable, sin ningún impedimento después de mi muerte». Terminaba diciendo «que yo, el predicho rey Ramiro, sea rey, señor y padre en el predicho reino y en todos tus condados [rex, dominus et pater in prephato regno et in totis comitatibus tuis] mientras a mi me plazca».​​​​ Según el historiador alemán Percy Ernst Schramm, «la relación que nacía así entre Ramon Berenguer y los aragoneses quedaba sujeta a las condiciones consuetudinarias del juramento de fidelidad». De hecho los nobles presentes en Barbastro juraron fidelidad a Ramón Berenguer y después lo harían los del resto del reino y los habitantes de las ciudades —los de Huesca lo hicieron uno por uno ante el altar de su iglesia—.​​ A partir de entonces Ramón Berenguer ostentaría el título de princeps de Aragón, al que en ocasiones añadiría el de dominador de Aragón, pero nunca se titularía rey.​

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