Tal Día como Hoy

Ramón Pérez de Ayala

Escritor, politico y embajador español

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Ramón Pérez de Ayala y Fernández del Portal (Oviedo, 7 de agosto de 1880-Madrid, 5 de agosto de 1962) fue un escritor, columnista, político y embajador español.

Nació en Oviedo y fue bautizado en la iglesia de San Isidoro.​ Su padre, Cirilo Pérez Ayala, oriundo de Tierra de Campos, de Valdenebro de los Valles, provincia de Valladolid —en sus novelas hace referencia a esta zona y el modo de vida que llevaban los lugareños en aquella época—, fue un comerciante de textiles que en su juventud se trasladó a vivir a Gijón y Oviedo y también residió una breve temporada en Cuba. ​

En su primera infancia perdió a su madre asturiana, Carmen Fernández Viña. Siempre se resintió de esta orfandad, padeciendo soledad y miserias afectivas derivadas, además, de estar la mayor parte de su mocedad interno en colegios de la Compañía de Jesús, San Zoilo en Carrión de los Condes e Inmaculada en Gijón. Así consiguió un gran caudal de conocimientos humanísticos, debidos en parte al único profesor con el que simpatizó, el erudito Julio Cejador y Frauca, a la sazón incómodo huésped en una orden que no tardaría en abandonar. El anticlericalismo que le inspiró la educación jesuítica está plasmado en su novela autobiográfica A.M.D.G., cuyo título hace alusión al lema Ad maiorem Dei gloriam, propio de la Compañía de Jesús.

Estudió el bachillerato en Oviedo y Logroño, y durante estos años se aficionó al dibujo y la lectura. En 1895 emprende su carrera universitaria, estudiando Derecho en la Universidad de Oviedo bajo la protección de Leopoldo Alas "Clarín", cuyo magisterio se dejará sentir profundamente en Pérez de Ayala.​ Allí entró en contacto con los pensadores del krausismo, entre ellos Rafael Altamira, Adolfo Posada y otros. Dispuso de la excelente biblioteca del marqués de Valero de Urría, hombre de gran cultura que le ayudó en su formación literaria y en el conocimiento de las lenguas clásicas. Por entonces se deja melenas y viste con chaleco y monóculo como un dandi y exhibe una personalidad volteriana y liberal. Le atrae tanto el regeneracionismo de sus mentores como el decadentismo estético de la Europa de preguerra. Aborrece el conservadurismo burgués de la ciudad de Oviedo, que en su obra aparece bajo el nombre de «Pilares». Otras denominaciones encubren en su obra literaria lugares y personajes reales: «Noreña» es Cenciella; «Novillo» es el presidente de la diputación Corbera en Belarmino y Apolonio y «Pía Octava Cioretti» en La pata de la raposa es Natalia Perotti, viuda de Martín Escalera.

En los últimos cursos de su carrera se refirma su vocación literaria; escribe algún artículo para la prensa local, se cartea con Valle Inclán y Azorín, y manda textos críticos y mordaces a El Porvenir de Asturias, criticando, entre otros, al obispo Martínez Vigil, lo que le acarrea numerosas respuestas ofensivas. En octubre de 1901 recibe su licenciatura en Derecho. ​Se traslada a Madrid para hacer el doctorado, animado también por sus inquietudes literarias y políticas. Asiste a las clases de Giner de los Ríos y de Gumersindo Azcárate y a través de ellos inicia su relación con la Institución Libre de Enseñanza. El ovetense Pedro González Blanco le puso en contacto con los modernistas de Madrid, como Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa, Mariano Miguel de Val, Gregorio Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán y José Martínez Ruiz «Azorín». Asiste a cursos, conferencias y tertulias y conoce a muchos escritores de primer nivel, como Pío Baroja, Antonio Machado y Miguel de Unamuno.

Conoce a José Ortega y Gasset, entonces estudiante de Filosofía y Letras, un poco más joven que Ramón y con quien entabla una profunda amistad que durará toda su vida. Por mediación de Ortega y Gasset publica en El Imparcial, dirigido por su padre, dos artículos en el suplemento literario del periódico.​

En 1902 El Progreso de Asturias imprimió por entregas su primera novela, Trece dioses. Fragmentos de las memorias de Florencio Flórez, muy en la órbita decadentista del Valle-Inclán de las Sonatas. En 1903 funda con los Martínez Sierra, Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga, Helios. Revista del Modernismo. A partir de 1904 empieza a colaborar también en El Imparcial y ABC. Conoce y trata a Rubén Darío, con el que visita Asturias, y al hispanista inglés Robert Cunninghame Graham, con quien mantuvo una gran amistad y que le animó a trasladarse a Gran Bretaña.

Pérez de Ayala marcha a Londres en 1907 para huir del escándalo provinciano que se monta al publicarse su novela Tinieblas en las cumbres, iniciada dos años antes con otro título, Eclipse de sol; allí se mantiene con la ayuda de su padre y la corresponsalía periodística de publicaciones como El Imparcial, ABC o La Nación. En 1908 se entera de la ruina y suicidio de su padre como consecuencia de una quiebra. Se traslada a Oviedo e intenta durante varios meses rehacer el negocio familiar. Cuando considera que vuelve a funcionar, deja todo en manos de sus hermanos y decide marchar de nuevo a Madrid para continuar con su carrera literaria.

Comparte ideas radicales con su amigo Azorín, al que sirvió de «negro», como López Pinillos, cuando este se sumió en una crisis depresiva. Viajó por Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos.

En 1911 se trasladó a Florencia con una beca del Estado para realizar estudios de arte. Allí conoció a la estadounidense Mabel Rick, estudiante de canto, Después de su estancia en Florencia, Pérez de Ayala vuelve a Madrid y viaja a Múnich para continuar sus estudios de arte y estética. Vuelve a España y viaja hasta Nueva York y Allentown, la ciudad de Pensilvania donde vive Mabel, con la que se casó en enero de 1914. Tuvieron dos hijos, Juan y Eduardo.​

Fue corresponsal de guerra durante la del 14 para La Prensa de Buenos Aires. En 1916 estuvo en el frente bélico en Italia, siguiendo el curso de la guerra. De su visita a los campos de batalla surgió su obra Hermann encadenado (1917), en la que ataca la política alemana. Se sumó a la Liga Antigermánica, que presidían Galdós y Unamuno, dejando clara su inclinación hacia el mundo anglosajón. Ya en 1915 despuntaron sus inquietudes políticas, pues participó activamente en la creación, junto a Ortega y Gasset, de la Liga de Educación Pública, que impulsan también destacados intelectuales de la época como Pérez de Ayala, Marañón, Pío Baroja, Fernando de los Ríos, Américo Castro y Salvador de Madariaga.

En 1927 obtiene el Premio Nacional de Literatura. En 1928 es elegido miembro de la Real Academia Española​y nunca llegó a pronunciar el discurso de ingreso, pese a la insistencia de Menéndez Pidal e incluso de sus amigos personales, ya que fue aplazando el asunto por otras preocupaciones de carácter más político.

En 1931, con José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón, firma el manifiesto «Al servicio de la República», manifiesto antimonárquico que tuvo extraordinaria influencia sobre la opinión pública y valió a los tres el apelativo de «padres espirituales de la República». El Gobierno de la República le nombró director del Museo del Prado y en 1932, embajador en Londres, por su conocimiento de la cultura británica. Convirtió la embajada española en un importante centro de reuniones de personalidades, intelectuales, artistas y científicos, como H. G. Wells, Bernard Shaw, Aldous Huxley o Albert Einstein.

Sobre este periodo de su vida, figuran numerosas alusiones, más bien burlonas, en las Memorias de Manuel Azaña. Descontento con el rumbo político prerrevolucionario que imponía en España el Frente Popular, dimitió de su cargo en junio de 1936 y al iniciarse la guerra civil española se exilió a Francia. Dos hijos suyos se alistaron como voluntarios en el Ejército Nacional y Pérez de Ayala explicó y defendió su toma de posición en una «carta abierta» publicada el 10 de junio de 1938 en el diario londinense The Times.

Pérez de Ayala culpó de la Guerra Civil en gran medida a Manuel Azaña, contra quien arremete de forma furibunda, como lo muestra el siguiente fragmento de uno de sus escritos, en el que califica de «memorias ruines y afeminadas» a lo que escribió Azaña cuando fue detenido en Barcelona y encarcelado en un barco de guerra por estar presuntamente implicado en la Revolución de 1934, acusación que finalmente fue desestimada por el Tribunal Supremo:

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