Raimundo Fernández-Cuesta Merelo (Madrid, 5 de octubre de 1896-Madrid, 9 de julio de 1992) fue un político, abogado y notario español que tuvo un destacado papel durante la Guerra Civil y, posteriormente, durante la dictadura franquista.
Amigo personal de José Antonio Primo de Rivera, Fernández-Cuesta comenzó militando en Falange Española desde su fundación, convirtiéndose en uno de sus primeros líderes y organizadores. Detenido por las autoridades republicanas poco antes del estallido de la Guerra Civil, fue canjeado en 1937 y logró pasar a la zona controlada por las fuerzas de Franco. Allí se hizo cargo de la dirección del partido único de la zona franquista, FET y de las JONS. Posteriormente participó en algunos de los gobiernos presididos por Francisco Franco, ocupando distintas carteras ministeriales: Agricultura, Justicia y ministro-secretario general del Movimiento. También desempeñó puestos como embajador o presidente del Consejo de Estado. Tras la muerte de Franco se opuso a las reformas políticas y durante algún tiempo fue uno de los principales líderes de la extrema derecha.
Nació en Madrid el 5 de octubre de 1896. Hijo de Nemesio Fernández-Cuesta Porta, médico de la Armada y periodista, y Aurelia Merelo Gómez-Talavera; su hermano Manuel, aunque estudió medicina, terminó por dedicarse al periodismo. Desde temprana edad fue amigo personal de José Antonio Primo de Rivera. Realizó estudios de derecho en la Universidad Central de Madrid y posteriormente aprobó las oposiciones al Cuerpo Jurídico de la Armada y al notariado. Después de la proclamación de la Segunda República, Fernández-Cuesta colaboró activamente con Primo de Rivera y otras personalidades en la fundación de Falange Española, que se fundó a finales de 1933. Tras la unión de Falange con las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS) en 1934, Fernández-Cuesta se convirtió en secretario general de la nueva formación política.
En estos años destacó como uno de los oradores más efectivos de Falange. De cara a las elecciones de febrero de 1936, Fernández-Cuesta presentó su candidatura como diputado por la circunscripción electoral de Jaén, sin embargo, en los comicios solo recibió 6930 votos y no obtuvo acta de diputado. Unas semanas más tarde, la detención de Primo de Rivera lo convirtió prácticamente en el principal líder de la Falange —por ser secretario general del partido—, pero era un político demasiado débil como para sustituir adecuadamente a su antecesor. Buena parte de la ejecutiva falangista había sido encarcelada durante la primavera de 1936. De hecho, él mismo sería detenido por las autoridades republicanas unos meses después, el 8 de julio, durante una nueva redada policial contra la estructura falangista.
A Fernández-Cuesta le sorprendió el inicio de la Guerra Civil mientras se encontraba en la prisión Modelo de Madrid. Durante los primeros meses de la contienda permaneció encarcelado en zona republicana. En la noche del 22 al 23 de agosto de 1936, tras producirse un asalto por parte de milicianos armados, tuvo lugar la denominada «Matanza de la prisión Modelo». A pesar de ser un destacado dirigente falangista, Fernández-Cuesta no llamó la atención de los asaltantes y con ello logró salvar la vida, a diferencia de lo que ocurrió con otros destacados falangistas como Ruiz de Alda o Fernando Primo de Rivera. Posteriormente se le trasladó a la cárcel de Alcalá de Henares, donde el 8 de diciembre de 1936 —por intervención del delegado especial de prisiones, el anarquista Melchor Rodríguez— se salvó de ser asesinado por una masa fanatizada. A lo largo de 1937 hubo negociaciones entre republicanos y nacionales para canjear a Fernández-Cuesta.
Tras varios intentos fallidos, a finales de 1937 las autoridades republicanas acordaron canjearlo por Justino de Azcárate, diplomático republicano que se encontraba preso en la zona sublevada desde el estallido de la contienda. El gobierno republicano se mostró favorable al intercambio por considerar que Fernández-Cuesta, al ser un «camisa vieja», podría crear problemas en la zona sublevada y en el seno de la Falange. Después de 18 meses de reclusión fue canjeado y pasó a la zona sublevada, donde hizo su primera aparición pública el 29 de octubre de 1937. Franco lo nombró secretario general del nuevo partido único, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS). Desde la primavera de aquel año Franco consiguió domesticar a la Falange y, tras decretar la unificación de carlistas y falangistas, había creado un partido único que constituía el brazo político de su nuevo régimen. En contra de lo que esperaban algunos dirigentes republicanos, Fernández-Cuesta se mostró completamente dócil ante el liderazgo ejercido por Franco, así como por Ramón Serrano Suñer, y no manifestó ningún amago de rebeldía frente a estos, ni tampoco discutió el nuevo régimen. Además, fue nombrado miembro del Consejo Nacional de FET y de las JONS, constituido en diciembre de 1937.
En enero de 1938 pasó a formar parte del primer Gobierno franquista desempeñando la cartera de Agricultura, con sede en la ciudad de Burgos. Este ministerio comprendía los servicios de agricultura, montes, pesca fluvial, ganadería y reforma económica y social de la tierra. Fernández-Cuesta se hizo cargo de esta cartera después de que Serrano Suñer la rechazara. Y aunque era un «camisa vieja», en realidad constituyó el único ministro falangista del gobierno del cual Franco no desconfiaba. A pesar de ocupar la jefatura del partido único y la cartera de Agricultura, Fernández-Cuesta tenía mucho menos poder que personajes como Serrano Suñer, ministro del Interior y auténtico líder del partido único. Como secretario general de FET y de las JONS, una de sus principales medidas en esta época fue la aprobación del Fuero del Trabajo, en cuya redacción llegó a colaborar junto a otras personalidades. En la cartera de Agricultura destacó por la creación del Servicio Nacional para la Reforma Económica y Social de la Tierra (SNREST). Este organismo, a pesar de haber nacido con unos objetivos teóricos muy ambiciosos y revolucionarios respecto al mundo del campo, en la práctica se dedicó casi exclusivamente a emprender una contrarreforma agraria. En junio de 1938 encargó a los ingenieros de montes Luis Ceballos y Fernández de Córdoba y Joaquín Ximenez Embún el Plan General de Repoblación de España, que supuso la restauración forestal de más de 4 millones de hectáreas.
Al terminar la guerra civil, en agosto de 1939, se formó un nuevo gobierno. Fernández-Cuesta cesó tanto en el Ministerio de Agricultura como en la jefatura del partido único, donde fue sustituido en el cargo por el general Agustín Muñoz Grandes. Pasó a desempeñar diversos cargos en la administración franquista, entre ellos embajador: primero en Brasil (1940-1942) y posteriormente en Italia (1942-1945), donde fue testigo de la caída de Benito Mussolini. No obstante, la reputación de Fernández-Cuesta quedó muy dañada tras su paso por la cartera de Agricultura: la crisis agrícola y la consecuente hambruna que sufrió España durante la década de 1940, estuvieron influidas por algunas de las medidas que tomó Fernández-Cuesta mientras fue ministro.
Sin embargo, su lealtad personal hacia Franco continuó siendo inquebrantable, lo que le garantizó no quedar excluido del reparto de poder. A partir de enero de 1945 pasó a dirigir el Consejo de Estado, organismo que había sido nuevamente instituido en 1944. Unos meses después, en julio de 1945, fue nombrado ministro de Justicia. Mientras estuvo al frente de esta cartera emprendió una limitada reforma penitenciaria encaminada hacia los presos políticos —una medida que iba dirigida a ganarse el apoyo de los países de la OTAN—. En aquel contexto, el régimen tenía muy mala imagen en el exterior por la mala situación existente en las prisiones y los campos de concentración todavía existentes. Para justificarse en su política penitenciaria, Fernández-Cuesta no dudó en utilizar el discurso de la guerra civil y en revivir los fantasmas de las «checas» republicanas. En diciembre de 1949 se anunció la puesta en libertad de 13 000 presos políticos, aunque finalmente solo 3000 serían liberados.