Rafael Antonio Caldera Rodríguez (San Felipe, 24 de enero de 1916-Caracas, 24 de diciembre de 2009) fue un jurista, académico y político venezolano que fue presidente de Venezuela desde 1969 hasta 1974 y nuevamente desde 1994 hasta 1999, siendo el civil que por más tiempo ha gobernado a Venezuela, así como diputado, procurador y senador vitalicio en dos ocasiones (1974-1994 y 1999-2000).
Fue redactor de la Ley del Trabajo (1936) y de su reforma en 1989.
Tras el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, fue firmante del Pacto de Puntofijo para una coalición que dio inicio a la experiencia democrática en 1958. Caldera fue líder e ideólogo de la democracia cristiana, uno de los principales arquitectos de la Constitución de 1961 y fue perteneciente a la «segunda gran generación» de esta corriente a nivel mundial, fundando a lo largo de su vida los partidos Copei y Convergencia.
En su primer gobierno se nacionalizó la explotación de gas y se elevó el impuesto a las ganancias petroleras (estadounidenses mayoritariamente) hasta el 70 por ciento, se creó la DISIP y se llevó a cabo la «pacificación» de las guerrillas, legalizando a toda la izquierda política en el país nuevamente desde 1962, quienes participaron en las elecciones de 1973. Se dio por terminada parcialmente la doctrina Betancourt, reconociendo todos los gobiernos latinoamericanos, excepto el de Haití y Cuba, y mejorando las relaciones con las dictaduras militares latinoamericanas contemporáneas.
Rafael Caldera fue también presidente de la Unión Interparlamentaria (1979-1982).
Fue redactor de un proyecto de reforma constitucional en 1992. Su última campaña presidencial la ganó con la coalición del «Chiripero», prometiendo no hacer un ajuste. En su segundo periodo presidencial lidió con la recesión económica y alta inflación, fue promotor del plan de liberalización económica conocido como la Agenda Venezuela y dictó el sobreseimiento del militar Hugo Chávez y de los demás participantes de los intentos de golpes de Estado en Venezuela de 1992.
Rafael Caldera nació el 24 de enero de 1916 en San Felipe, Yaracuy. Fue el segundo hijo de Rafael Caldera Izaguirre, abogado, y Rosa Sofía Rodríguez Rivero, oriundos de esa ciudad. Al morir su madre, el 2 de mayo de 1918, fue criado por su tía materna María Eva, casada con Tomás Liscano Giménez, quien llegó a ser académico, parlamentario y magistrado. Sus hermanas, Rosa Elena y Lola, fueron acogidas por otro tío materno, Plácido Rodríguez.
Caldera realizó los estudios de primaria entre San Felipe en el Colegio Montesinos y Padre Delgado y Caracas en el Colegio San Ignacio de Loyola, para culminar en este último los estudios de bachillerato. Años después contará como anécdota que su primer discurso lo pronunció a los nueve años en la plaza Bolívar de San Felipe.[cita requerida] Educado por los jesuitas, entre los cuales destaca el padre Manuel Aguirre Elorriaga, S.J., fundador del Centro Gumilla y de la Revista SIC, se convierte en el secretario general de la Juventud Católica Venezolana.
En 1933 asistió junto a Jesús Pérez Machado y Alfonso Vidal al Congreso de Estudiantes Universitarios Católicos en Roma, el cual influiría en su participación futura en la política y en el cual conocería a figuras como la de Eduardo Frei Montalva y otros fundadores de los movimientos demócrata-cristianos en sus respectivos países.
Graduado de bachiller a los quince años de edad, comenzó los estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, que en esa época comenzaban cada dos años. [cita requerida]Allí conoció a Caracciolo Parra León, su profesor en Principios Generales del Derecho, quien lo orienta al estudio de la figura de Andrés Bello y a escribir una biografía sobre el sabio a los diecinueve años, que resulta premiada por la Academia Venezolana de la Lengua en 1935.Al respecto, el catedrático chileno Iván Jaksic, en su biografía sobre Andrés Bello, afirma que el libro de Caldera «mantiene aún su vigencia y frescor, y amerita su puesto como la monografía más importante sobre Bello del Siglo XX».
A los veinte años fue designado subdirector de la recién creada Oficina Nacional del Trabajo y participa activamente en la redacción de la Ley del Trabajo, que tendría vigencia por más de cincuenta años (1936-1990). En 1937 fue designado como el primer corresponsal de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) en Venezuela.Se graduó de abogado y doctor en Ciencias Políticas con las máximas calificaciones. y presenta como tesis su libro Derecho del Trabajo (1939).En 1943, ingresó como profesor de Sociología Jurídica en la Universidad Central de Venezuela, para luego hacerlo como profesor de Derecho del Trabajo y, en ambas materias también en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), hasta 1968, cuando fue electo presidente de la República. Su nombramiento produjo conmoción en su alma mater, entre estudiantes comunistas y del partido Acción Democrática, quienes protestaron contra su elección, invocando dos argumentos: uno, su posición doctrinaria; y otro, su obligación de ir al Congreso, puesto que todavía no había concluido su periodo de diputado. Caldera respondió que su ideología era conocida, pero que sería respetuoso de las demás corrientes de pensamiento; y en cuanto a su labor legislativa, que no habría inconveniente en ir al Congreso y mantener la cátedra, pero que en todo caso estaba dispuesto a sacrificar su asistencia a las sesiones parlamentarias. En 1943, cuando se discutió la reforma petrolera, no pudo asistir al Congreso, porque perdería su cátedra universitaria.[cita requerida]
En 1951 le fue conferido el título de catedrático honorario de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima, Perú; en 1958, profesor honorario de la Universidad de Los Andes y de la Universidad del Zulia y, a partir de allí, profesorados y doctorados honorarios de un número mayor de cuarenta instituciones universitarias en el mundo, entre ellos, la Universidad de Lovaina, en Bélgica (1979); Perugia (1973) y Sassari (1992), en Italia; Deusto (1980) y La Laguna (1976), en España; Hebrea de Jerusalén (1981), en Israel; Católica de Washington (1980), Católica de Puerto Rico (1991), Connecticut (1986), Notre Dame (1964), Nebraska (1981) y Florida (1979), en los Estados Unidos; Universidad del Pueblo (1993), en China; y La Sorbona (1998), en Francia. En 1996 ingresó como «académico de honor» a la Real Academia Europea de Doctores, con el discurso «El Derecho en el siglo XXI».
Entre las distinciones de las universidades latinoamericanas y venezolanas, destaca la de su alma mater, la Universidad Central de Venezuela, que lo galardonó por unanimidad como profesor honorario en 1976, a pesar de las críticas que se le hicieron por haber allanado esta casa de estudios durante su primera presidencia (1969-1971).
En 1953 se incorporó a la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, ocupando el «sillón 2» de su padre adoptivo, Tomás Liscano, con un discurso que tituló: «Idea de una sociología venezolana», que contestó el académico Edgar Sanabria. El 22 de septiembre de 1955, en la contestación al discurso de incorporación de Arturo Uslar Pietri a esta academia, expone su tesis «Dominar el petróleo»:
En 1961 fue presidente del comité organizador del VI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología. En el llamado «Congreso de Caracas», Caldera propone tomar en consideración a los partidos políticos en el debate sobre el cambio social latinoamericano. Fue presidente de esta asociación en el periodo 1961-1963. El 29 de noviembre de 1967, se incorpora a la Academia de la Lengua, ocupando el sillón que dejara José Manuel Núñez Ponte, con el discurso: «El lenguaje como vínculo social y la integración latinoamericana», que contestó el poeta Fernando Paz Castillo. Fue presidente de la Asociación Venezolana de Sociología, del Instituto Venezolano de Derecho del Trabajo y director de la «Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello».
Formó parte de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), liderada por la generación del 28 –bastante mayor en edad que este– pero termina separándose, con un grupo de estudiantes, por la posición que la federación adopta frente a la libertad de educación y, particularmente, a la educación católica, al pedir la expulsión de los jesuitas y de las otras órdenes religiosas del país, y funda la Unión Nacional Estudiantil (UNE), que viene a constituir el movimiento socialcristiano venezolano (1936). Caldera la definirá como una organización que se «mueve hacia un ideal inconfundible: el de una patria auténticamente libre, en una recta democracia…».