Tal Día como Hoy

Rabia

Infección viral que afecta al sistema nervioso central

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La rabia es una enfermedad zoonótica viral, de tipo aguda e infecciosa, que afecta el sistema nervioso central, causando encefalitis aguda y severa en los seres humanos y otros mamíferos.​ Históricamente se le ha conocido como hidrofobia («miedo al agua») debido a que sus víctimas entran en pánico cuando se les ofrece líquidos para beber. Los síntomas tempranos pueden incluir fiebre y sensaciones anormales en el sitio de exposición, que son seguidos por náuseas, vómitos, movimientos violentos, agitación descontrolada, miedo al agua, una incapacidad de mover partes del cuerpo, confusión y/o pérdida de la conciencia.​​​ Una vez que aparecen los síntomas, el resultado es casi siempre la muerte, una letalidad cercana al 100 %.​ El período entre la contracción de la enfermedad y el comienzo de los síntomas es por lo general de uno a tres meses, pero puede variar entre menos de una semana y más de un año.​ El tiempo depende de la distancia que el virus deba viajar a lo largo de los nervios periféricos hasta llegar al sistema nervioso central.

Es causada por virus del género lyssavirus, pertenecientes a la familia Rhabdoviridae, incluyendo el virus de la rabia y el lysavirus australiano de murciélago.​ El virus de la rabia tiene forma de bala o bastoncillo y mide entre 130 y 240 por entre 65 y 80 nm. Este virus consta de una sola cadena de ARN. Su envoltura está constituida por una capa de lípidos cuya superficie contiene cinco proteínas estructurales: la G (glico proteína) que alterna con proteínas M1 y M2 (proteínas matriz); en la nucleocápside se encuentran las proteínas N (nucleoproteína), NS (nucleocápside) y L (transcriptasa). La glicoproteína es el mayor componente antigénico, responsable de la formación de anticuerpos neutralizantes que son los que confieren inmunidad. No obstante, es posible que participen otros mecanismos en la protección contra la enfermedad.

El virus de la rabia se encuentra difundido en todo el planeta y ataca a mamíferos, tanto domésticos como salvajes, incluyendo también al ser humano. Se encuentra en la saliva y en las secreciones de los animales infectados. La enfermedad se transmite cuando un animal infectado muerde o rasguña a un ser humano o a otros animales.​ La saliva de un animal infectado puede transmitir la rabia si entra en contacto con los ojos, boca o nariz, o cuando un individuo tiene algún corte en la piel (vía de entrada del virus). También puede transmitirse a través de lágrimas o tejidos nerviosos.​ La transmisión de la rabia por beber leche no pasteurizada de un animal infectado es posible teóricamente, si bien no existe sustento científico.​ A nivel global, los perros son los animales más comúnmente involucrados.​ En países donde los perros comúnmente tienen la enfermedad, más del 99% de casos de rabia en seres humanos son producto directo de mordeduras de perros.​ En el continente americano, las mordeduras de murciélago son la fuente más común de infecciones de rabia en seres humanos, mientras que menos del 5% provienen de perros.​​ Los roedores se infectan muy raramente de rabia.​ La enfermedad solo puede diagnosticarse tras el comienzo de los síntomas.

Los dos tipos de manifestaciones clínicas de la rabia se dividen en furiosa y paralítica. La furiosa es común en mamíferos carnívoros reservorios de la enfermedad.​ Se presenta agitación, hiperactividad, alucinaciones, confusión y otra serie de síntomas relacionados. La rabia paralítica es común en roedores y ganado bovino, pero el ganado equino, caprino, ovino y porcino también es vulnerable.​

El control animal y los programas de vacunación han disminuido el riesgo de infección de rabia por parte de los perros en varias regiones del mundo.​ Inmunizar a las personas antes de que sean expuestas es recomendado para personas en alto riesgo, incluyendo a quienes trabajan con murciélagos o quienes pasan períodos prolongados en áreas del mundo donde la rabia es común.​ En personas que han estado expuestas a la rabia, la vacuna antirrábica y en ocasiones la inmunoglobulina contra la rabia son efectivas a la hora de prevenir la enfermedad si la persona recibe el tratamiento antes del comienzo de los síntomas de rabia.​ Lavar las mordeduras o rasguños por 15 minutos con agua y jabón, iodopovidona o detergente puede reducir el número de partículas virales y ser efectivo en alguna medida en prevenir la transmisión.​​ A 2016, solo se sabía de catorce personas que hubieran sobrevivido una infección de rabia tras mostrar síntomas.​​ Sin embargo, una investigación llevada a cabo en 2010 en una población de personas en Perú que reportaban haber sido mordidos una o más veces por murciélagos vampiros (comúnmente infectados de rabia), encontró que de 73 personas que reportaban haber sido mordidos, siete tenían anticuerpos neutralizantes del virus de la rabia (rVNA).​ Puesto que solo un miembro de este grupo reportó haber sido vacunado previamente contra la rabia, los hallazgos sugieren casos previamente no documentados de infección y replicación viral seguidos por una infección abortiva. Esto podría indicar que estas personas pueden haber estado expuestas al virus sin tratamiento y haber desarrollado anticuerpos naturales como resultado.

La rabia causa unas 59 000 muertes al año globalmente, alrededor de 40% de las cuales corresponden a menores de 15 años de edad.​ Más del 95% de muertes humanas por la rabia ocurren en África y Asia.​ La rabia está presente en más de 150 países en todos los continentes con excepción de la Antártida. Más de 3000 millones de personas viven en regiones del mundo donde ocurre la rabia.​ Varios países, entre ellos Australia y Japón, así como gran parte de Europa Occidental, han erradicado la rabia entre los perros.​​ La rabia no existe en muchas islas del Pacífico.​ Se le clasifica como una enfermedad tropical desatendida.​

Se estima que el costo global de la rabia asciende alrededor de los $ 8 600 millones de dólares anuales incluyendo el costo en vidas y familiares, los gastos médicos y asociados, y el trauma psicológico no calculado.

La rabia es una zoonosis causada por un virus de la familia Rhabdoviridae. Esta enfermedad afecta a todos los mamíferos ubicados en dos grandes nichos ecológicos: aéreo (murciélagos) y terrestre (perros, gatos, mangostas, zorros, hurones, mapaches, lobos).

Los indicios para saber si un murciélago presenta rabia son:

Cuando vuelan suelen chocar unos con otros.

En general los demás animales presentan una secreción salival abundante, que actúa como cultivo del virus, y, en etapas avanzadas, sangrado de orificios.

La rabia se transmite a través de mordedura o contacto directo de mucosas o heridas con saliva del animal infectado. También se ha documentado su adquisición a través de trasplante corneal de donante muerto infectado por rabia y no diagnosticado, por aerosol en cuevas contaminadas con guano de murciélagos o en personal de laboratorio. Aunque no se ha documentado su transmisión por mordedura de humano a humano, el virus se ha aislado de la saliva de pacientes con rabia. Este virus también se ha identificado en sangre, leche y orina. No se ha documentado transmisión transplacentaria. En el 2009, se presentaron también datos de contagio por exposiciones atípicas por manejo de carne y vísceras de animales infectados en cocinas.​

El virus se excreta en el animal infectado desde cinco días antes de las manifestaciones clínicas, aunque en el modelo experimental este período puede extenderse hasta catorce días antes de la aparición de la enfermedad.

El período de incubación varía desde cinco días a un año, con un promedio de veinte días. Existe alguna evidencia de replicación local del virus en las células musculares en el sitio de la herida. Sin embargo, es posible que el virus se disemine al sistema nervioso central sin previa replicación viral, a través de los axones, hasta el encéfalo, a una velocidad de 3 mm/h (en modelos animales), con replicación exclusivamente en el tejido neuronal.

La rabia se manifiesta por un periodo prodrómico que dura de dos a diez días con signos y síntomas inespecíficos como cansancio, cefalea, fiebre, anorexia, náusea, vómito y parestesias en el sitio de la herida, seguidas de dificultad para la deglución, hidrofobia entre el 17 % y 50 % de los casos, desorientación, alucinaciones visuales u olfatorias, crisis convulsivas focales o generalizadas, periodos de excitabilidad y aerofobia. En el 20 % de los casos aproximadamente la rabia puede manifestarse como una parálisis flácida. Estas manifestaciones clínicas son seguidas por un período de coma que desencadena el fallecimiento del paciente en la gran mayoría de los casos.

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