El río Níger es un largo río de África Occidental que fluye en direcciones NE, SE y S a través de Guinea, Malí, Níger, Benín y Nigeria, hasta desaguar en el golfo de Guinea (océano Atlántico) formando el gran delta del Níger. Tiene una longitud de 4200 km, que lo sitúan como el tercer río más largo de África —tras el Nilo y el Congo— y el 13.º más largo del mundo. Drena también una gran cuenca de 2 262 000 km², la undécima del mundo y la cuarta de África (aventajada solo por la del Nilo, el Congo y el lago Chad).
Es un río navegable desde Bamako, lo que lo convierte en la principal vía de comunicación, transporte y comercio entre los países de la zona. Su principal afluente es el río Benue. En su confluencia con otro de sus afluentes, el Bani, en el centro de Malí, el Níger se bifurca y forma un delta interior, un área pantanosa de unos 400 km de longitud. En esta región se encuentran ciudades como Mopti, Sévaré y Djenné.
Conocido confusamente desde época romana, en junio de 1796 el explorador escocés Mungo Park fue el primer europeo en avistar el tramo medio del río desde la antigüedad (y quizás de la historia). Tras explorar en 1795-1797 la parte superior del Níger, escribió en 1799 Travels in the Interior Districts of Africaen el que propuso que el Níger y el río Congo se unían para convertirse en un solo río, aunque luego se demostraría que eran ríos diferentes. Park murió durante una segunda expedición, después de haber recorrido con éxito aproximadamente dos tercios de su curso. El misterio del Níger no se resolvería hasta 25 años después, en 1830, cuando Richard Lander y su hermano se convirtieron en los primeros europeos en seguir el curso del Níger hasta el océano.
El nombre de Níger, que es el nombre usado por los geógrafos europeos, probablemente proviene del término bereber usado por los tuaregs "ger-n-ger" que significa "río de ríos". Los songhai, en cambio, lo llaman 'Isa beri', o gran río.
Al final del período húmedo africano, unos 5500 años antes del presente, el actual desierto del Sahara, antaño una sabana, sufrió una desertificación. Ante la drástica disminución de las especies vegetales, los humanos migraron a la fértil región del meandro del río Níger, con abundantes recursos, como plantas de pastoreo y peces. Al igual que en el Creciente Fértil, se domesticaron muchos cultivos alimentarios en la región del río Níger, como el ñame, el arroz africano (Oryza glaberrima) y el mijo perla. La aridificación del Sahara pudo haber desencadenado, o al menos acelerado, estas domesticaciones. La agricultura, así como la pesca y la ganadería, propiciaron el surgimiento de asentamientos como Djenné-Djenno en el delta interior, ahora Patrimonio de la Humanidad.
La región del meandro del Níger, en el Sahel, fue un origen y destino clave para el comercio transahariano, impulsando la riqueza de grandes imperios como los de Ghana, Mali y Songhai. Los principales puertos comerciales a lo largo del río, como Tombuctú y Gao, se convirtieron en centros de aprendizaje y cultura. El comercio con la región de la curva del Níger también introdujo el islam en la región aproximadamente en el siglo XIV d. C. Gran parte de la cuenca norte del Níger sigue siendo musulmana en la actualidad, aunque los tramos meridionales del río tienden a ser cristianos.
Los escritos clásicos sobre el interior del Sahara comienzan con Ptolomeo, quien menciona dos ríos en el desierto: el «Gir» (Γειρ) y, más al sur, el «Nigir» (Νιγειρ). El primero se ha identificado desde entonces como el Wadi Ghir, en el extremo noroeste del Tuat, a lo largo de las fronteras de los actuales Marruecos y Argelia. Probablemente, Ptolomeo no tenía registros consistentes hasta aquí. El nombre Ni-Ger probablemente fuera una especulación, aunque el nombre se mantuvo como el de un río al sur del «mundo conocido» del Mediterráneo. Suetonio relata viajes romanos al «Ger», aunque al mencionar el nombre de cualquier río derivado de una lengua bereber, donde «gher» significa 'curso de agua', podía surgir fácilmente confusión. Plinio el Viejo conectó estos dos ríos como un largo curso de agua que fluía (a través de lagos y tramos subterráneos) hacia el Nilo, N.H. 5.44), una idea que persistió en los mundos árabe y europeo —y que además añadió el río Senegal como el «Ger»— hasta el siglo XIX.
Si bien el verdadero curso del Níger era presumiblemente conocido por los lugareños, fue un misterio para el mundo exterior hasta finales del siglo XVIII. La conexión con el río Nilo se estableció no solo porque entonces se lo conocía como el gran río de «Aethiopia» (como los escritores clásicos llamaban a todas las tierras al sur del desierto), sino porque el Nilo, al igual que el Níger, se inundaba cada verano. Gracias a las descripciones de León el Africano e incluso de Ibn Batuta, a pesar de su visita al río, persistió el mito que conectaba el Níger con el Nilo.
Muchas expediciones europeas para trazar el río fracasaron. En 1788 se fundó la African Association (Asociación para la Promoción del Descubrimiento de Partes del Interior de África) en Inglaterra para promover la exploración de África con la esperanza de localizar el Níger. El mayor Daniel Houghton fue enviado en 1790 para descubrir el curso del Níger, aunque fue muerto en el desierto del Sáhara.
Apasionado por los viajes, Mungo Park se ofreció en septiembre de 1794 como voluntario a la African Association, que buscaba un sucesor para Houghton. Park partió el 22 de mayo de 1795 hacia Gambia. El 21 de junio de 1795 alcanzó la desembocadura de Gambia y remontó el río hasta el puesto comercial de Pisania (actual Karantaba). Aprendió el dialecto local gracias al médico del puesto y empezó su periplo por esas tierras en diciembre de 1795. Atravesó el lecho del Senegal, visitó Moullé, Bondou y Kaarta, y fue detenido y hecho prisionero por las tribus musulmanas durante cuatro meses, siendo tratado como esclavo por su líder Ali. Consiguió escapar por el desierto, sin casi nada para beber o comer y después de tres semanas de sufrimientos, llegó a la ciudad de Sego, donde al fin pudo ver el río Níger. Remontó 110 km de río, pero sintiéndose agotado y enfermo decidió volver a Segú. Informado por los indígenas, se enteró de que la ciudad había caído en manos de Ali, su antiguo carcelero. Decidió entonces dirigirse a la ciudad de Kamalia.
Había empezado la estación de las lluvias, y el viaje se hizo aún más penoso que en el desierto. Llegó agotado a Kamalia y se debatió varios días entre la vida y la muerte. Ya recuperado, se unió a una caravana de esclavos que reseguía la costa. Seis meses después, ya en el Reino Unido, publicó en 1799, con gran éxito, el relato de su viaje Travels in the Interior of Africa [Viajes por los distritos interiores de África] . Park propuso la teoría de que el Níger y el Congo eran el mismo río, teoría que se convirtió en la principal en Europa. Aunque el delta del Níger parecía un candidato obvio, era un laberinto de arroyos y pantanos que no parecía la cabecera de un gran río.
En 1803, a petición del gobierno británico, aceptó dirigir una nueva expedición al río Níger, que intentaba demostrar la conexión entre el Níger y el Congo. Partió el 30 de enero de 1805 hacia Gorea, y después hacia Bamako. Construyó un barco para remontar el Níger. La enfermedad y las emboscadas de los indígenas diezmaron la expedición (perdió a 33 de sus compañeros). A pesar de las dificultades, remontó 1600 km por el curso del Níger, antes de ser atacado por los Haussa. A punto de ser vencido, se retiró hacia el río donde se ahogó en 1806 junto con el resto de sus compañeros en Busa (Nigeria). Un guía y un porteador supervivientes informaron de su trágico final.
Siguieron varias expediciones fallidas; sin embargo, el misterio del Níger no se resolvería hasta 25 años después, en 1830, cuando Richard Lander y su hermano se convirtieron en los primeros europeos en seguir el curso del Níger hasta el océano.
En 1854, William Balfour Baikie asumió el mando de una nueva expedición al Níger. Tras remontar el río Benue unos cuatrocientos kilómetros más allá del punto alcanzado por los exploradores anteriores, el pequeño vapor Pleiad en el que viajaban regresó y llegó a la desembocadura del Níger, tras un viaje de 118 días, sin perder ni un solo hombre.