Los pueblos indígenas de Argentina, también denominados aborígenes u originarios, comprenden a las comunidades, familias e individuos que se reconocen descendientes —en todo o en parte— de los pueblos nativos que habitaban el actual territorio argentino al momento del primer contacto con los europeos en el siglo XVI.
Por extensión, la denominación incluye también a personas y comunidades de origen indígena que migraron al país desde Bolivia, Paraguay, Perú o Chile, y a sus descendientes, en especial de etnia quechua, aimara o mapuche.
Actualmente el gobierno de Argentina realiza una encuesta en los censos étnicos para poder contar el número de "indígenas" que hay en el país. Las cifras del Censo de 2022 indicaron que 1.306.730 personas en Argentina se reconocían de origen mayormente indígena, lo que representa el 2,83% de la población total.
Según la lista en línea actualizada a 23 de febrero de 2024 que el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas publica en su sitio web, ese organismo público reconoce la existencia de 1878 comunidades indígenas en Argentina, pertenecientes a los 39 pueblos indígenas que a su vez reconoce. Esos números, sin embargo, no cuentan a otras comunidades indígenas que por distintos motivos no están aun registradas o en contacto con los organismos nacionales o provinciales, por lo que a cada actualización trimestral de los datos los números han ido en aumento, e incluso se han producido en los últimos años nuevos autorreconocimientos y organización de pueblos indígenas.
La definición de a qué refiere la palabra indígena es motivo de discusión y existen definiciones como la realizada por el relator especial de Naciones Unidas, José Martínez Cobo, en su Estudio del problema de la discriminación contra las poblaciones indígenas:
El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) —ratificado por Argentina en 1992— en su artículo 1.1.b realizó la siguiente definición respecto de su aplicación:
Estos pueblos, comunidades, familias o individuos son identificados en Argentina como indígenas, aborígenes u originarios, términos que progresivamente van desplazado al de "indios", que, aunque de uso coloquial generalizado, va adquiriendo un sentido peyorativo o discriminativo.
La ley nacional n.º 23302 sobre Política Indígena y apoyo a las Comunidades Aborígenes fue promulgada el 8 de noviembre de 1985 y creó para su aplicación el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) como entidad descentralizada con participación indígena en el ámbito del Poder Ejecutivo Nacional. Esta ley definió el concepto legal de comunidad indígena:
De esta forma, el autorreconocimiento es el criterio fundamental para la definición de indígena en Argentina, es decir, la conciencia que los mismos tienen de su identidad y su exteriorización de la misma ante la sociedad. Sobre esta base el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 relevó la existencia de 955 032 personas que se autorreconocieron como indígenas, constituyendo alrededor del 2.38 % de la población total del país. Aunque la definición legal restringió el reconocimiento a los descendientes de quienes habitaban el actual territorio argentino al momento de su conquista o colonización, en la práctica se extiende de hecho también a los pueblos que migraron posteriormente al territorio desde países vecinos.
El poblamiento humano del actual territorio de Argentina tiene una antigüedad de al menos 12 890 ± 90 A.P. de acuerdo a los hallazgos de Piedra Museo, en la región patagónica. Con posterioridad se formaron tres ecorregiones indígenas con diferencias muy marcadas: en el cuadrante del noroeste andino se establecieron culturas agroalfareras emparentadas con la civilización andina y una parte de ellas llegó a formar parte del Imperio incaico; en el cuadrante nordeste se establecieron culturas agroalfareras relacionadas con la familia lingüística tupí-guaraní; en la pampeana centro y la Patagonia se establecieron culturas nómadas que no tenían una etnogénesis común, ya que pertenecían y pertenecen a familias lingüísticas diversas.
Durante la conquista europea las culturas indígenas que habitaban el actual territorio argentino experimentaron destinos diversos. Por un lado las mayoría de las culturas pampeanas, patagónicas y chaqueñas resistieron la conquista española y posterior aculturación y nunca estuvieron bajo su dominación directa aun. Distinta fue la situación que se dio en el cuadrante noroeste, centro, partes de la Pampa húmeda, y litoral ya que la colonización española estableció sus principales centros de población y producción sobre la base de trabajo encomendado de los indígenas, en tanto que algunas naciones indígenas protagonizaron guerras e insurrecciones contra los españoles. El cuadrante noreste se caracterizó por el establecimiento de las misiones jesuíticas guaraníes que conformaron un tipo completamente original de sociedades indígenas-cristianas autónomas de la Monarquía Hispánica que se enfrentaron incluso a las tropas conjuntas de España y de Portugal en la llamada guerra guaranítica, y que fueron finalmente disueltas por la Corona Española en 1768.
Todas las naciones indígenas de Argentina sufrieron también el colapso demográfico que afectó a todos los pueblos indígenas americanos, y que fue en gran medida consecuencia de ciertas enfermedades portadas por los europeos. Se estima que a la llegada de los españoles, había entre 400 000 y 2 000 000 de aborígenes en Argentina, asentados y agrupados en los valles más fértiles del noroeste argentino y, en menor grado, en los valles de los grandes ríos del litoral argentino. El resto del extenso territorio tuvo una densidad demográfica inferior a menos de un habitante por kilómetro cuadrado.
Las fuentes más alcistas llegan a 1,5 millones y las más bajas a 0,3 millones de personas.
Una vez que las Provincias Unidas del Río de la Plata se constituyeron como estado formalmente independiente en 1816, y como República Argentina en 1826, se inició un proceso de conquista de los territorios ocupados por los pueblos indígenas que no habían sido dominados por el Imperio español, especialmente en la región pampeana, la Patagonia y el Gran Chaco. Estas "guerras contra el indio" tuvieron su punto más alto en la llamada Conquista del Desierto de 1880 en la que fueron derrotados los pueblos pehuenche, querandí, gününa këna, ranquel, tehuelche, selknam y teushen, y le permitieron al Estado argentino controlar efectivamente amplios territorios.
Los datos definitivos de la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) realizada en 2004-2005 destacaron la entonces existencia de 30 pueblos indígenas en Argentina, integrados por 955 032 individuos (940 363 que se autorreconocieron pertenecientes a algún pueblo aborigen más el resto que no pertenecen pero son descendientes en primera generación de un pueblo aborigen) equivalente a aproximadamente el 2.38% de la población total. El número exacto de pueblos depende de si se consideran como tales o no, a parcialidades integrantes de algunas culturas con características propias y a los grupos mestizados resultantes del renacimiento de su identidad cultural autóctona. Ello sin perjuicio que se ha estimado que casi el 40% de la población argentina tiene al menos un antepasado indígena, aunque en la mayoría de los casos se ha perdido la memoria familiar de esa pertenencia. Todas las culturas indígenas han sido afectadas por un proceso deliberado de invisibilización, promovido desde el Estado, desde la segunda mitad del siglo XIX.
Los indígenas en la región pampeana y la Patagonia
La Patagonia posee los registros más antiguos de la presencia humana en el territorio argentino, en la localidad de Piedra Museo en la provincia de Santa Cruz, 13 000 años a. C., aparentemente relacionada también con la posible presencia humana mucho más antigua aún detectada en el sur de Chile, en el área de Monte Verde, 33 000 años a. C. Estos descubrimientos no solo han puesto en crisis la teoría del poblamiento tardío y la llegada por Beringia, sino que sugieren una corriente pobladora de entrada al actual territorio argentino a través de la Patagonia y del extremo sur chileno.